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Coahuila

¡Fuera máscaras!

Por Cholyn Garza

Hace 2 años

Que nadie se haga el sorprendido. Lo que actualmente está viviendo nuestro país en política, ya se veía venir, estaba más que anunciado. 

Aquellos que creyeron en una oferta de “transformación” para el país -tan cacareada en campaña- creo que nunca entendieron el verdadero significado de esa palabra. 

Nunca se imaginaron que la transformación que se ofrecía en realidad se convertiría en destrucción.  Destrucción, sí, de instituciones, de fideicomisos, de hospitales, de proyectos que nos elevarían en el plano internacional -un nuevo aeropuerto- por ejemplo.

Lo inaceptable, es la descalificación que ha hecho el presidente, un día sí y otro también de sus adversarios, dándoles un trato de enemigos.

Quienes se consideran diferentes, resultaron ser un verdadero fiasco para el país.  Ignorantes, insensibles, además de mentirosos, hipócritas y falsos.

La ignorancia la mostraron desde el principio.  Sin preparación para desempeñar el cargo asignado -y si le agregamos la falta de interés para aprender- el resultado ha sido fatal.  

La mañanera, espacio que utiliza el presidente diariamente, nada tiene que ver con una conferencia de prensa para informar cómo marcha el país.  

Ese espacio, en realidad ha sido un distractor para desviar la atención de las cosas importantes y convertir una ocurrencia más del inquilino de palacio – no dueño del edificio- en un sitio que le permite insultar, difamar a quienes no comparten su ideología ni forma de actuar.  

Desde ahí engaña, pone cara de víctima y manipula a quienes lo permiten, por supuesto. 

La pandemia, según el presidente, le cayó “como anillo al dedo”.  ¡Vaya expresión! de un gobernante en un momento de incertidumbre para la humanidad debido a la falta de medicamentos contra el virus.

Gracias a Dios, tuvimos la oportunidad de salir de un problema grave de salud, que dejó cientos de muertos; seres que quizás no debieron morir si se hubiera contado con la debida atención.Los que llegaron haciendo alarde de ser diferentes nos han demostrado que son peores a los que se fueron.  Porque, aunque duela aceptarlo, México estaba en mejores condiciones de cómo se encuentra ahora.

Fue el hartazgo y el oportunismo político de un grupo que anhelaba el poder, lo que hizo posible que una sociedad expresara su inconformidad en las urnas.

Se trataba de emitir el voto de castigo por décadas de corrupción, pero no imaginaron que el castigo sería para un país y sus habitantes, o sea, para todos nosotros, incluyendo a nuestros hijos y nietos.   

La estrategia fue llegar al poder de manera democrática, pero ya como gobierno, había que destruir las instituciones y darle el poder a un solo hombre.  Sin equilibrio en los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, México se encamina hacia la dictadura.

¿Nadie se ha dado cuenta? ¡Por favor!

Me pregunto ¿de qué tamaño será el expediente del ministro Arturo Saldívar? ¿el de Omar Fayad? Y el de tantos otros que casualmente han cambiado sus “convicciones” y se han dado cuenta de que quieren ser parte de la llamada destrucción…..digo….transformación de nuestro país.

Llegó el momento de decir ¡fuera máscaras! Quítense ya el disfraz de la simulación para dejar al descubierto el rostro de la hipocresía, de la falsedad, de la ambición y por supuesto, de la traición.

Si los que anteriormente gobernaron -décadas- se fueron con su muy buena compensación, bastaron menos de cinco años del actual gobierno para descapitalizar al país. ¿Dónde está el dinero de los fideicomisos? ¿Dónde está el dinero del FONDEN? ¿Dónde quedó el dinero de la rifa, de la venta y reventa del avión? ¿Por qué no hay dinero para tratamientos para los niños con cáncer? ¿Por qué no hay dinero para ayudar al Estado de Guerrero? 

Por cierto, no es solo Acapulco ni su zona hotelera, son más comunidades cuyos habitantes la están pasando muy mal, aunque por decreto se declare el fin de la emergencia.

¡Cuánta insensibilidad, por Dios! Y cuánta irresponsabilidad.

“Nunca prives a nadie de la esperanza; puede ser lo único que una persona posea”, bien decía la Madre Teresa de Calcuta.  Y es muy cierto, porque las necesidades existen hoy en muchas familias. Hay hambre, hay sed.  No claudiquemos, sigamos ayudando. “Hay que dar hasta que duela”, es decir, hay que ponerse en el lugar de quien sufre para tratar de entender su pesar, su dolor, su necesidad; sin olvidar que hay niños en las familias hoy en el desamparo.

Que nadie diga “yo ya di”, aportemos de nuevo, aunque sea un poco. Quien está dispuesto a ayudar, bendiciones siempre recibirá.

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