Nacional

Publicado el domingo, 26 de noviembre del 2023 a las 08:37
Ciudad de México.- Alex, de 4 años, se emociona al escuchar el tintineo de llaves cerca de la puerta de su casa.
Cree que es su abuela Isabel que por fin volverá. Sin embargo, desde 2021 no ha ocurrido esto.
La mujer, de 64 años y quien era persona sorda, desapareció luego de que salió de su hogar en Chalco, Estado de México, para reunirse con un tianguista con el que trabajaba. Su familia no logró localizarla después de esto.
Ayer, su hermana, Emilia; su sobrina y el pequeño Alex llegaron al Ángel de la Independencia para visibilizar el caso durante las acciones por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.
Cuando se agruparon las madres de las víctimas de feminicidio, ellas decidieron sumarse; el pequeño Alex cargó entonces una silueta morada con la foto de su abuelita.
De los cuatro posibles testigos del caso, ninguno ha aportado información que permita ubicar a la mujer.
“ Hay una persona que está escondiendo a un testigo que es muy importante, que posiblemente nos puede ayudar a identificar a Isabel ya sea viva o muerta”, comentó Emilia.
Madres con sus hijas menores de edad, estudiantes y activistas se congregaron ayer por el 25N, algunas de ellas acudían por primera vez. Todas reclamaban una sola causa: el fin de las violencias que viven día a día.
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Las colectivas se reunieron en el Ángel de la Independencia y en la Glorieta de las Mujeres que Luchan, esta última fue cubierta con un tejido de hilo rojo.
La intervención, llevada a cabo por la Colectiva Hilos, de Jalisco, y llamada “Sangre de mi sangre”, fue una exigencia para que las autoridades actúen ante las agresiones, desapariciones y feminicidios.
Teresa Almonte también es abuela, ella se hizo cargo de su nieta desde 2020, cuando su hija, Alejandra, fue asesinada en Ixtapaluca, Estado de México, por conocidos de su pareja, quien actualmente sigue prófugo y ha sido relacionado con el crimen organizado.
A ella la amenazaron para que no exigiera justicia y, mientras tanto, las autoridades dejaron de hacer su trabajo.
“ Me amenazaron dos veces, me dijeron que me mandaban decir que me quedara quieta”, narró.
A pesar de ello, ayer acudió a la marcha.
A unos pasos de Teresa, se encontraba otra mujer que tuvo que hacerse cargo de la crianza de su único nieto: María Hernández, quien vestía una playera blanca con la foto de su hija Celene, asesinada cuando se encontraba en su trabajo, en Reforma 222, cuando fue atacada con arma de fuego por el padre de su hijo.
Ella ya obtuvo justicia, al menos penalmente, pues el agresor recibió una condena de 65 años y seis meses, la cual, asegura, fue un logro de su abogado y no de la Fiscalía General de Justicia.
Aún vive con el dolor, pero también con la responsabilidad de cuidar de Ray, su nieto, quien tiene 9 años.
Desde 2018, se ha sometido a varios tratamientos contra el cáncer, una lucha que mantiene por el menor.
“ Aquí sigo luchando, por algo que ella me dejó, que es su hijo y yo le prometí que yo iba a ver por él. Por eso estoy aquí”, sentenció.
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