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Coahuila

Vivían de la puntada

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 años

¡Trajes para niños bien hechos!

Decía con su peculiar voz  aquel  locutor yucateco Humberto G. Tamayo, el erróneo anuncio de Almacenes Canavati, de Saltillo, allá por los años 60 del siglo pasado, cuando ya comenzaba la fabricación de trajes en serie. (Trajes bien hechos, para niños, sería lo correcto).

Ya comenzaba la fabricación de estas prendas de vestir en serie. Las fábricas nacionales e internacionales de trajes para caballero ya invadieron a la ciudad y al país.

Así la sastrería en Saltillo tiende a desaparecer y los pocos artífices que quedan se resisten ante el fuerte embate de las fábricas. El problema de las factorías, es que a veces el saco no concuerda con la talla del pantalón o viceversa, contrario a lo que acontece con una sastrería que elabora trajes a la medida, sin importar la talla o la estructura del individuo.

Sastre proviene de la palabra inglesa “sartorial”, alguien que confeccionaba y arreglaba prendas masculinas. Hombres de gran talento para cortar telas y confeccionar trajes de forma perfecta. Lo mismo visten a un niño de meses de edad, hasta un obeso o un tipo de 2.20 metros de altura.

A mediados del siglo pasado era tanta la competencia de los constructores de trajes a la medida para caballero en Saltillo, que sastres como don Zeferino Rendón, vecino del barrio Ojo de Agua, se instalaban en plena vía pública en el primer cuadro de la ciudad para ofrecer sus servicios. Llevaban todo lo indispensable: cinta para medir, lápiz, cuaderno y sobre todo el folleto donde venían los figurines o modelos para que el cliente escogiera el estilo de traje que quería que le fabricaran. Los sastres se instalaban muy cerca de donde se vendían las telas para estas prendas de vestir, la Casa Valdés de la calle Zaragoza, por ejemplo.

Roberto Alvarado Quiroz, quien se inició en la hechura de trajes en los años 50 del siglo pasado, afirmaba que sólo los obesos y los atletas son los que ocurren con los pocos sastres en los nuevos tiempos.

Pues para su conocimiento, hay sólo cuatro sastrerías en Saltillo, de ellas sólo dos hacen trajes, las otras dos sólo composturas. Estas cuando les llega un cliente, envían el trabajo a las dos principalmente: Sastrería Garza y Víctor y Victoria. La primera propiedad de Felipe Chávez Garza, heredero de su tío Antonio Garza, el maestro fundador, y el segundo negocio está a cargo de un simpático personaje José Cabral y su esposa Ana María Lara, los dos extraordinarios sastres. En 15 días elaboraron los atuendos de la Rondalla de la Narro, con motivo del 50 aniversario de este grupo musical.

Don José Cabral dice que gracias a Dios siguen teniendo clientela. Pueden hacer un traje a una persona de uno hasta 120 kilos de peso.

La  historia de este oficio se remonta en Europa, desde finales de la Edad Media pues ya se practicaba sin la denominación como la llamamos ahora. La sastrería tuvo un fuerte impacto en la moda en la época renacentista. Donde los ahora llamados sastres empezaban a desarrollar técnicas más avanzadas para la confección de prendas a la medida a importantes personajes de la época del Renacimiento, que enlaza la época de la antigüedad clásica con una más moderna en el aspecto filosófico y cultural.

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