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Coahuila

Amistad…

Por Irene Spigno

Hace 2 años

Hace algunas semanas, el inicio con el que comencé las líneas de este espacio era: “Somos una sociedad que apuesta por la abundancia. Siempre deseamos más de lo que tenemos y nos comparamos constantemente con los demás, muchas veces anhelando y codiciando lo que otras personas poseen y nosotros no”.

Las relaciones humanas son uno de los elementos fundamentales en nuestras vidas. Siempre buscamos recibir más amor y mayor reconocimiento de los demás, especialmente cuando, por diversas circunstancias de la vida, enfrentamos algún trauma o herida no sanada de nuestra infancia, adolescencia, o de otro momento. También aspiramos a tener más amistades. Considero que una parte de esta necesidad es muy saludable. Vivimos en sociedades donde el pilar de la vida son las relaciones interpersonales.

Sin embargo, existe una parte que no es saludable. Tomemos, por ejemplo, las redes sociales. Hay muchas personas que sienten la necesidad de “aparecer”, aunque esto no sea parte esencial de su trabajo. Es cierto que todos publicamos fotos en las que nos vemos bien, deseando mostrar nuestra mejor imagen. El problema surge cuando comenzamos a valorar nuestro propio mérito en función del número de “amigos” que tenemos en Facebook, de seguidores en Instagram, X o Tik Tok, por mencionar algunas de las redes sociales más populares y utilizadas.

Podemos tener miles de “amistades” en esas plataformas, pero ese número es más un bálsamo para el ego que para el alma. Entonces, ¿qué significa para ti la amistad?

Para mí, es uno de los lazos más hermosos que pueden existir entre dos personas, dos almas que se eligen libremente, sin ningún tipo de presión o compromiso familiar o sexual. Esto no implica que no puedan existir amistades dentro de los vínculos familiares o de pareja. Es posible ser amigos de nuestros familiares, siempre respetando las “jerarquías” dentro de la familia, y nuestras amistades pueden llegar a ser esa familia que elegimos.

Creo que una de las cosas más hermosas que pueden sucedernos en la vida es que exista también una amistad dentro de nuestra relación de pareja, algo que, desafortunadamente, a menudo falta y se convierte en la causa de rupturas. Asimismo, es cierto que una amistad puede transformarse en amor y, de igual manera, un amor puede evolucionar hacia la amistad.

Para mí, la amistad debe ser libre, empática, respetuosa, equilibrada y recíproca. Considero a mis amigos y amigas como aquellas personas que te quieren incondicionalmente, que te hablan desde el cariño que te tienen, señalándote tus posibles errores y ayudándote a ver lo que podrías mejorar para estar bien. Las amistades también deberían ser nuestro refugio seguro y un santuario para nuestra alma.

En la vida, y dependiendo también de la etapa en la que nos encontremos, podemos cruzarnos con muchas personas. Cada amigo o amiga, según su personalidad (y la nuestra), desempeña un papel distinto en nuestra vida: puede haber alguien con quien nos encanta viajar, otra persona con la que vamos al gimnasio, al cine, a cenar, a charlar, o incluso a compartir departamento. También está ese amigo o amiga que siempre nos escucha cuando estamos mal, sea por problemas con nuestra pareja o dificultades en el trabajo.

La dinámica de una amistad, al igual que todas las dinámicas relacionales, depende de muchos factores. No obstante, hay ciertos aspectos esenciales que, para mí, son fundamentales e innegociables. En primer lugar, las amistades no son propiedades. Muchas personas mantienen relaciones de amistad basadas en la dependencia afectiva y tienden a considerar a los demás como si fueran de su propiedad, molestándose si estos tienen otras amistades y no respetando su libertad. Es crucial entender que las personas no nos pertenecen. Nunca. En ningún tipo de vínculo.

En segundo lugar, lamentablemente existen amistades unilaterales. Me refiero a relaciones de amistad basadas en el interés, donde falta el equilibrio y la reciprocidad. En estas situaciones, una persona espera que la otra siempre esté disponible, pero no está dispuesta a ofrecer lo mismo a cambio, ni a escuchar a quien le habla con amor y cariño, buscando su bienestar. Tampoco se alegra por los logros del otro.

Si se encuentran en cualquiera de estas dos situaciones, y hay muchas más que comentaremos en otra ocasión… aléjense. Eso no es amistad. En cambio, rodéense de personas que hablen bien de ustedes y las defiendan en su ausencia. Busquen la compañía de quienes, a través de su lealtad y afecto, muestren empatía por lo que les sucede y compartan sus propias experiencias: con personas que deseen formar un equipo. Para mí, eso es la amistad: ser un equipo.

 

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