Coahuila
Hace 2 años
Por estos días la oposición de Coahuila renueva sus votos con la deshonestidad intelectual y oportunismo que le caracteriza usando el tema de siempre: la deuda estatal.
En este caso la refinanciada, y la que se acostumbra pedir desde hace años al final de cada ejercicio fiscal, a corto plazo. Sin rigor, sin verificación, y sin un estudio profundo que sostenga una hipótesis interesante, o por lo menos aporte algo diferente a lo propagado durante la última década, para tomarles en serio.
Hacer ruido en vísperas de las próximas campañas, se llama el juego. Valiéndose del desinterés general por los números, el desconocimiento financiero, y la escasa comprensión de lo que significa.
Aunque los resultados electorales nunca les han acompañado, el asunto es la imposición de la narrativa en la opinión pública. Pero mientras eso sucede, iniciaremos 2024 endeudados por la megadeuda de los Morena.
Cuando el régimen populista-militarista tomó el poder la deuda neta de México, es decir, la suma de la interna y la externa, era de 8 billones de pesos. Al cierre de 2022, es decir, luego de cuatro años en la Presidencia de la República, la cifra ascendió a 11 billones.
El 28 de diciembre de 2022, en pleno Día de los Inocentes, el Presidente de la República informó que la Secretaría de Hacienda llevó a cabo una reestructura de la referida deuda, a fin de pagar menos intereses y disminuir la presión financiera.
Justo lo que ha venido haciendo Coahuila con sus créditos a largo plazo. Ahora bien, ¿por qué lo anterior en el ámbito local es reprobable, y en cambio en el orden nacional es encomiable, si se trata exactamente de lo mismo?
Naturalmente Gobierno federal tiene un límite crediticio superior al Gobierno de Coahuila, por tanto la comparación de cifras en sí no es el quid de la cuestión, sino los objetivos y principalmente los resultados.
Ahí es donde no hay transparencia. Ni siquiera existen informes acerca del destino final de los recursos o qué hicieron con ellos, pese a que los créditos tenían objetivos específicos. Estamos en penumbras. Todo se reduce a creer y confiar en los buenos propósitos de la ‘transformación’, sin posibilidades de verificar la realidad como debería suceder con cualquier administración pública. Un acto de fe ciega.
Ríos de tinta han corrido acerca del endeudamiento de Coahuila que comenzó en 2009 y -si bien va- terminará en 2043, de acuerdo con la última renegociación -la cuarta- formalizada el pasado 10 de octubre.
Periodísticamente se podría decir que a la fecha todas las aristas del fenómeno han sido desarrolladas en más de una década transcurrida. Desde la contratación con documentos falsos o las fortunas incautadas por el Departamento del Tesoro en Estados Unidos, hasta el papel que juegan los bancos en el negocio.
Actualmente ni es capítulo cerrado ni hay que dar vuelta a la página, sin embargo las circunstancias son otras (y el verdugo está en otra parte) aunque algunos todavía se nieguen a verlas y mucho menos a reconocerlas, pese a que se acumula la evidencia objetiva y empírica.
Al grano: la Ley de Ingresos de la Federación 2024 supone un endeudamiento sin precedentes en la historia contemporánea de la nación.
Un crédito de casi 2 billones de pesos para el próximo ejercicio fiscal (un billón 990 mil millones de pesos). Eso significa un aumento del 70% respecto del año anterior, cuando la deuda se contrató entonces por 1 billón 170 mil millones de pesos.
Simplificado a dos cifras pareciese poco y se dice rápido, pero representa 55 veces la deuda de Coahuila. ¿Por qué no es un escándalo?
Y aquí viene lo interesante: el dinero no será destinado a inversiones productivas que posteriormente generen ingresos, como mandata la Constitución en esos casos, sino utilizado para pagar el aumento al doble de las pensiones del Bienestar, proyectado para 2024. Al gasto corriente, pues.
Dicho de otra forma: clientelismo electoral en Año de Hidalgo, y también de sucesión presidencial.
Por si fuera poco, otro tanto será destinado al “servicio de la deuda” ya existente (particularmente a cubrir las tasas de interés que aumentaron). Es decir, pagarán deuda con deuda.
Cortita y al pie
No hay que ser una lumbrera para discernir que si como régimen llegaron al extremo de pedir prestada la mayor cifra que se tenga registro histórico, es porque han vaciado ya las reservas en sólo cinco años, saqueado fondos y fideicomisos, y menguado las finanzas de las Empresas Productivas del Estado Mexicano que sostienen el gasto público, Petróleos Mexicanos concretamente.
Luego está lo obvio: si para las dádivas del final de sexenio necesitan recurrir al endeudamiento interno, no es ocioso preguntarse cuánto tiempo más durará ese círculo vicioso hasta que la burbuja reviente debido a la pésima gestión.
La última y nos vamos
Si lo sucedido en Coahuila se definió en su día como “Megadeuda” o “Moreirazo”, lo que a punto está de ocurrir en el país con Morena, qué será.
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