Las personas somos seres sociables. Todas y todos, en mayor o menor medida, necesitamos tener ciertos tipos de relaciones en nuestras vidas: familiares, de amistad, de pareja, profesionales y sociales, entre otras. Existen muchos tipos de relaciones y cualquier etiqueta que les asignemos siempre resultará insuficiente para describir la rica variedad de posibilidades que podemos diseñar. Estas van mucho más allá de las opciones, inevitablemente limitadas, que la sociedad ha ido construyendo a lo largo de los tiempos para responder a las distintas necesidades que iban surgiendo.
No todas las personas tenemos la misma idea de lo que es una amistad. Tampoco los lazos familiares son iguales: pueden depender de muchas circunstancias, como la cultura de pertenencia y, por supuesto, de la historia personal de cada uno de nosotros, entre otras. Ninguna relación es fácil, en parte porque las relaciones que establecemos con los demás dependen mucho de la conexión que tenemos con nosotros mismos. Y se sabe, esta última es la relación más complicada de nuestra vida.
Sin embargo, cualquier tipo de relación que tengamos a lo largo de nuestras vidas implica un intercambio, más o menos importante, de energía. Existen intercambios más intensos, como los que podemos tener con nuestras familias, parejas y amistades más cercanas, o con personas con las que trabajamos. También hay intercambios más ligeros, que normalmente ocurren con todas aquellas personas con las que interactuamos esporádicamente.
Si prestamos un poco más de atención, podemos darnos cuenta de que todas nuestras interacciones afectan nuestro nivel energético. Hay, por ejemplo, quienes nos transmiten una “mala vibra” simplemente al ver sus redes sociales, ya sea por su forma de escribir un post o por los contenidos que comparten. Existen personas que se quejan de manera permanente o que pasan su tiempo criticando y juzgando a los demás, generalmente atribuyéndoles la culpa de todas sus desgracias, sin comprender que, si “todo nos pasa a nosotros”, quizás deberíamos revisar algo dentro de nosotros mismos. No estamos en el centro del Universo como para que exista una conspiración universal con el objetivo de fastidiarnos. Quejarse de manera constante, así como escuchar a personas que permanentemente se quejan, implica emitir y recibir energía muy negativa, y esta energía se transmite. ¿No les ha pasado sentirse muy agotados al hablar o relacionarse con alguien así?
Sin embargo, existe otro tipo de seres humanos. A veces son desconocidos que encontramos casualmente en el supermercado o cuando vamos a poner gasolina al coche. Estas personas, aunque con solo una sonrisa o una palabra, nos hacen sentir bien. En algunos casos, incluso nos alegran el día. También hay personas que, cuando están con nosotros, nos hablan o simplemente nos envían un mensaje, logran hacernos sonreír, sentirnos bien, cómodos, seguros y confiados.
Estas son, para mí, las personas mágicas. No es necesario realizar trucos, hacer desaparecer conejos o sacar cartas de la manga para hacer magia. Tampoco nos referimos a hadas, elfos u otros tipos de criaturas. La verdadera magia la realizan personas con su energía positiva y amorosa, que nos enriquece. Son aquellos individuos que llegan a nuestra vida como un regalo y la embellecen. Son las personas que nos abrazan tan fuerte (a veces solo metafóricamente) que todo lo malo del mundo y cualquier pensamiento negativo parecen desvanecerse.
Hacen que cualquier problema, que antes nos hubiera parecido enorme e insoluble, se vea pequeño. Las personas mágicas brillan y llevan su luz a dondequiera que vayan. Inspiran, motivan e impulsan cambios importantes. Generan confianza, apoyan y hacen sonreír nuestro corazón. Son las personas que nos ayudan a sanar las heridas, como la neuropsiquiatra Marian Rojas Estapé menciona al hablar de la “persona vitamina”.
Hay que rodearse de personas mágicas. Pero aún más importante: aprendamos a ser personas mágicas nosotros mismos, en nuestra vida, tanto para con nosotros como con las demás personas. Esta es nuestra primera tarea para este año que está comenzando: busca tu luz interior, brilla y llévala siempre contigo. Inspira, motiva e impulsa cambios importantes. Genera confianza, apoya y haz que tu corazón y el de los demás sonrían. Las personas mágicas son amor en su estado más puro e incondicional.
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