Siempre llega un momento en la vida en el que todas las personas empezamos a interrogarnos sobre cuál es el propósito de nuestra existencia. Puede ser una inquietud silente, que se va insinuando en las grietas de nuestra conciencia cuando todavía no estamos listos para conocernos a profundidad. También puede manifestarse como una frustración que no nos permite vivir con plenitud, sino con una sutil (a veces ni tan sutil) pero constante ansiedad. Pero muchas veces es una necesidad que se nos impone a gritos. Hay momentos en la vida cuyos gritos son tan fuertes que ya es imposible ignorarlos.
Todas las personas llegamos a nuestra vida con un propósito por cumplir. La variedad de propósitos puede ser infinita: pueden ser individuales o colectivos; pueden ir desde formar una familia hasta cumplir un recorrido espiritual; inventar algo importante para el bienestar de la sociedad en general o realizar algún acto revolucionario. Ninguno es más importante que otro. Todos son importantes, válidos y necesarios.
Creo que, a pesar de los propósitos específicos que cada uno de nosotros vino a cumplir en esta vida (y sí, podemos conocer cuál es el nuestro, pero en otro espacio les diré cómo), hay algo que todas y todos deberíamos hacer siempre. Existe como una regla general que todas las personas deberíamos cumplir a lo largo de nuestras vidas. Sé que podrá resonar obvio y quizás algo banal, pero creo que deberíamos movernos por el mundo tratando de hacer el bien.
No, no es ningún mandamiento religioso (aunque todas las grandes religiones coinciden en los mismos valores). Las personas no somos genéticamente buenas o malas. Todas tenemos un cierto nivel de bondad y de maldad dentro de nosotros, y a veces prevalece la primera y otras veces la segunda. ¿Se acuerdan de la segunda película de Lilo y Stitch? En un cierto momento de la película, Lilo hace un dibujo y le dice a Stitch: “Este es tu nivel de maldad. Es muy alto para alguien de tu tamaño”.
Esto, obviamente, no significa que las personas más pequeñas se conviertan en malas más fácilmente, sino que simboliza que todas y todos podemos decidir cómo nos movemos por el mundo y cuál es el legado que queremos dejar. Una vez más, la decisión nos corresponde a nosotros, e independientemente de nuestro propósito de vida (desde el más humilde hasta el que parezca más importante), nosotros podemos decidir qué tipo de personas somos.
Incluso porque nuestro propósito de vida no es simplemente un proyecto de trabajo o personal. Es algo que construimos a lo largo de nuestra vida, día tras día. Y sea cual sea nuestro ikigai o nuestra misión en esta vida, deberíamos proponernos también el objetivo de dejar en las personas que encontramos y en todo lo que hacemos en nuestra cotidianidad una huella de amor, de gentileza, de solidaridad y de respeto.
A todas las personas nos gusta ser tratadas con amor y respeto, recibir atenciones y que nos hablen con gentileza. Quizás, jurídicamente hablando, no tenemos ningún derecho en este sentido, ni tampoco la obligación de hacerlo (y, por lo tanto, tampoco podemos exigir a los demás que nos traten así, y menos aún que nos traten como nos gustaría ser tratados). Sin embargo, creo que no hay propósito más bonito en nuestras vidas, en nuestro día a día, que dejar una huella hermosa de nuestro paso por este mundo y en la vida de las personas. Poder hacer algo por los demás para que estén bien, aunque sea sólo una palabra de apoyo, e incluso para que tengan más éxito y brillen cada día más. Apoyar de manera incondicional, compartiendo nuestro tiempo, consejos, enseñanzas, entre otras cosas, no nos quita nada; todo lo contrario, nos enriquece cada día más. Este es el arte de cuidar a las personas que amas. A muchas personas sólo les gusta recibir. En otro momento hablaremos también de esto; sin embargo, una de las lecciones más importantes del karma es que recibes lo que das. Si das amor, recibes amor. Si das indiferencia, recibes indiferencia.
A ti, mi querida persona lectora, te corresponde la elección de decidir qué quieres ser y hacer en tu vida. ¡Te deseo una muy linda semana!
Más sobre esta sección Más en Coahuila