Coahuila
Hace 2 años
La estatura moral de Luis Donaldo Colosio Riojas contrasta con la mezquindad y vileza de quien sólo vive de administrar el conflicto: Andrés Manuel López Obrador.
Dos visiones de vida, no sólo de nación, se contrapusieron ayer. Una joven aunque madura, y otra vieja pero pueril. La de uno que ha trabajado en su interior para resolver heridas profundas, y la de otro que sólo exterioriza sus entrañas oscuras en cada palabra proferida.
El que busca reconciliación y el que apuesta por la polarización. El que quiere sumar genuinamente y el que divide por cálculo político. El que ofrece soluciones a los problemas que le son planteados y el que pretexta excusas para no resolverlos.
Quien admite no estar preparado, en un acto de franqueza y responsabilidad al considerar que no es su momento, y el que no disimula en exhibir que no es apto para el cargo que ostenta ni tiene empacho por arruinar lo que toca.
Se confrontaron el que respeta la inteligencia de los demás y quien ve a los pobres “como animalitos” (29/03/19). Quien clarifica sus ideas para exponerlas y quien enreda los asuntos públicos con alevosía.
El futuro versus el presente que resultó pasado. Norteño contra sureño en sus definiciones.
Acaso lo más importante: el magnánimo que pide clemencia para el asesino de su padre, y el megalómano que cree resolverá todas las calamidades con su sola presencia; el rayito de esperanza que nunca aterrizó a la realidad.
En política no hay casualidades. El Presidente que a punto está de no serlo necesita blindar su desastrosa gestión dejando un sucesor a modo, y en este momento requiere una narrativa que cale hondo en el imaginario colectivo para distraer.
Ahora bien, si necesita distraídos es porque no quiere atención y reflectores al único tema que le interesa: la sucesión presidencial de junio próximo como elección de estado.
Por ello, en la víspera de cumplirse 30 años del magnicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta, el próximo 23 de marzo, se desempolva el asunto activando a la Fiscalía General de la República, y tirando el hilo de una hipótesis previamente descartada (“el segundo tirador”) que aún hoy no está probada.
La coartada es argumentar que “ninguna prueba de descargo ha podido favorecer” a otro presunto implicado. Nada nuevo, pues.
Sin embargo el caso tiene tintes de haber sido elegido por alguien que desconoce cómo funciona el ciclo de la comunicación actual, pues el tema no vende hoy lo mismo que hace tres décadas.
Capturar la atención en 2024 no es igual que hacerlo en 1994 ni sus esfuerzos se dirigen al mismo grupo objetivo. Los jóvenes, la generación mayoritaria y definitoria por excelencia, quedan fuera de la ecuación.
Hace 30 años ni siquiera existía la democracia en el país. Su evento canónico fue 1997 –cuando por primera vez en la historia hubo un Congreso de la Unión dividido entre distintas fuerzas políticas– y particularmente 2000, con la primera alternancia en la Presidencia de la República.
Tampoco había entonces redes sociales que atomizaran la conversación pública en miles de fragmentos dirigidos a círculos de interacción conformados por afinidades.
No es casualidad que a las pocas horas de haber detonado, desaparezcan de la opinión pública bombazos informativos que, en otro momento, reunían todas las características para trascender más allá del día de publicación y que, por lo contrario, “memes” o videos permanezcan en el ánimo social hasta formar parte de la cultura pop.
Hoy el mundo es otro. México también. Hay relevo generacional.
Cortita y al pie
El Presidente de la República se ha valido de todo tipo de recursos, tales como presentar fotografías de falsos aluxes (26/02/23) para llamar la atención de quienes concibe como público sediento de espectáculo, no como gobernados que demandan resultados.
En ese contexto “el caso Colosio” es otro ardid más para revivir mitos, no entre ciudadanía informada sino pueblo politizado, entendido este último como dado al morbo.
La última y nos vamos
Luis Donaldo Colosio Jr., en cambio, pidió indultar a Mario Aburto, dar “vuelta a la página” y “carpetazo final”. En un solo movimiento desactivó la temporada de la serie que pretendían estrenar.
Cachetada con guante blanco. Una más.
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