Mientras que en Cuba se da la invasión de Fidel Castro y seguidores, el 2 de diciembre de 1956, y se inicia la dictadura más larga de la historia moderna, en Saltillo cierra sus puertas por una huelga provocada por el dueño de la tristemente célebre cadena García Balseca, el periódico Heraldo del Norte.
Un modesto e idealista matutino de apenas seis páginas, con su respectiva “tripa” (un encarte de dos páginas en medio), cuyo patrón era el Gobierno Coahuila, en la época del régimen estatal del revolucionario villista Raúl Madero González, hermano del mártir de la democracia, Francisco I. Madero.
Era presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, don Eduardo B. Alvarado, y como asesor de la Sección 23 del Sindicato Industrial de Trabajadores de las Artes Gráficas, SITAG, Asención Jáuregui, ambos fieles defensores de los obreros del matutino consagrado a los intereses de Coahuila.
La huelga estalló en el Heraldo del Norte, porque estratégicamente el mal llamado “coronel” José García Balseca, apoyado por el Gobierno central, había adquirido el modesto periódico, para dejar que destacara sólo en la plaza el recién nacido Sol del Norte, que, si no fue efímero, tampoco hizo “huesos viejos” y terminó degradado, pese a la enorme maquinaria con que fue dotado.
El sentimiento y los afectos hacia El Heraldo del Norte hacía que los trabajadores sostuvieran al periodiquito contra viento y marea, ante una embestida legaloide que amenazaba con desaparecerlo del mapa para siempre.
Muchas críticas recibieron y hasta acusaron de hereje apatronado a Carlos Gaytán Villanueva, porque hacía las veces de jefe de redacción o director ante la ausencia del cargo del titular Juan Muñiz Silva, “títere” de la cadena García Balseca, gran adorador de Baco.
Gaytán Villanueva, soñador como era, insistía ante sus compañeros sindicalizados que el periódico debería salir, pero no hubo más remedio que el movimiento huelguístico.
Durante ese tiempo, los trabajadores y sus familias no padecieron, gran parte de Saltillo se solidarizó con ellos. Un joven, Arturo Berrueto González, todas las noches invariablemente llevaba comida y refrescos a los huelguistas. Así como otros buenos saltillenses sostenían el hambre de los trabajadores y sus familias y otros aportaban recursos económicos.
Algunos de los reporteros y operarios del Heraldo del Norte fueron José Ortiz, Juan Vázquez, Carlos Gaytán, José María Gámez, Antonio Hernández, Roberto Orozco Melo, Lorenzo Blanco, Humberto Gaona, Juan Elizalde, Arturo Berrueto, José González, Cecilia Rodríguez, María de Jesús Altamirano, Nelly Reyna del Bosque, Roberto Pacheco, José Mora y Rubén García, la dupla “Mora y García” los amos de la fotografía y de la cerveza fría.
Un crudo invierno afectaba a la ciudad de Saltillo y en uno de esos días murió de una pulmonía fulminante mientras hacía guardia nocturna a las puertas del periódico, un ayudante de linotipista a quien apodaban “El Chaparro”.
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