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Coahuila

La vulgarización de las cuotas de género: tres mujeres para Saltillo, pero ninguna con méritos para gobernar

Por Luis Carlos Plata

Hace 2 años

Sin ser una democracia modélica, en México tendremos forzosamente Presidenta de la República el próximo 2 de junio. Incluso antes que democracias verdaderamente consolidadas, como España, donde se esperaría sucediese primero.

No hay más: será Xóchitl o será Claudia (si la dejan llegar y no se pone aún más nervioso de lo que ya está el habitante de Palacio Nacional, con un “cambio de caballo a mitad de río” ante la debacle de su campaña los primeros 10 días de 90).

Alguien podrá decir que las circunstancias se configuraron de manera natural para producir el momento histórico en 2024. Sin embargo la sucesión presidencial funciona caprichosamente.

Es unipersonal y puede ser conducida incluso a contracorriente de la realidad nacional, como ha sido el caso que nos ocupa.

Así sea por un asunto piramidal y de imitación, el proceso previo de designación de aspirantes a la Presidencia Municipal de Saltillo, a punto está de llegar a su fin con tres candidatas en la misma elección, algo inédito en la historia contemporánea.

Se trata de Diana Isabel Hernández, originaria de la Ciudad de México, quien fuera candidata a diputada local en 2020 y a diputada federal en 2021, ambas ocasiones malogradas por Morena y en distritos de Saltillo. Ahora es una de las “convencidas” de Ricardo Mejía Berdeja y representará el emblema del PT.

También Judith Alejandra Salazar Mejorado, a quien –sin ironía de por medio– se le define como influencer. Sí: se le cerró el mundo a Morena.

Ella cuenta con 1.4 millones de “seguidores” en Facebook. Irónico será contrastar estos con el número real de sufragios que obtendrá y valorar en su justa dimensión lo que se sabe y ha sido demostrado con anterioridad: los influencers no influyen en el mundo real.

Y finalmente Amal Esper Serur, exfuncionaria municipal durante la Administración de Isidro López Villarreal, contenderá por el PAN.

Las primeras dos persiguen al mismo target group: el voto de los resentidos, alentando la polarización y remarcando las diferencias y contrastes en la comunidad. Sin ideas acerca de cómo hacer algo en consecuencia.

La última sólo aspira en la praxis a una regiduría de representación proporcional con el “voto duro” que obtenga el partido (alrededor del 6% de la participación total).

El punto es que si anexamos a los candidatos varones de la coalición PRI-PRD-UDC, Movimiento Ciudadano y el Partido Verde, la vara está muy baja en esta ocasión para una ciudad con 1 millón de habitantes. Decepcionante, por decirlo de alguna manera.

En Saltillo ya no basta con administrar el patrimonio de las cuatro familias adineradas del Municipio y gobernar desde los medios de comunicación, mirando siempre hacia el interés de la zona norte, como hace 20 años ocurría.

Actualmente hay mayor complejidad en el tejido social: fenómenos de la posmodernidad como migración o adicciones y otro tipo de problemas urbanos que hace un par de décadas no existían.

Mientras eso sucede, los partidos políticos cumplen a última hora con los requisitos electorales, haciendo un ejercicio de aritmética y calibración para hacer coincidir fórmulas de acuerdo con parámetros exigidos en el Código Electoral estatal, como población y competitividad, aunque no basta con cumplir el protocolo. También hay que presentar gente con capacidad.

En el caso de las mujeres en la oferta política, no están, ni remotamente, los mejores perfiles para una ciudad en plena expansión.

 

Cortita y al pie

Alguien aquí podrá cuestionar –con justa razón– cuándo la política ha sido un asunto de meritocracia tratándose de los hombres, y por qué a ellos no se les exigen los mismos estándares y certificación de calidad en las reglas de acceso al poder.

Si bien la igualdad de género es progresiva y existe un rezago histórico que se debe revertir forzosamente, aplicando incluso el principio pro persona en favor de las mujeres en cada tema particular donde haya controversia entre sus derechos y los de terceros, pareciese que nos estamos quedando estancados en garantizar que puedan competir estas en igualdad contra un varón, pero no avanzamos en procurar que además, y si no es mucho pedir, tengan algo qué decir.

¡Y ay de aquél que ose cuestionar la situación!, so pretexto de aplicarle violencia política por razón de género en automático, sin tocar barandilla, y cursos de deconstrucción (que, en los hechos, equivalen a terapias de conversión).

 

La última y nos vamos

Dicho de otra forma: cuando la paridad de género se convierte en caridad de género.

 

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