El día que Vicente Fox juraba en el Congreso de la Unión como primer mandatario de México, los legisladores estaban pasmados, era algo nuevo para ellos, tuvieron escasos aplausos y menos ovaciones, un aplauso sucedió cuando Fox dijo: “el Presidente propone y el congreso dispone”, el otro, cuando Fox mencionó a Juárez, así como señoras evocando a Lupe D’Alessio ovacionaron a Juárez. Ya para el final del sexenio, impidieron que entrara Fox al Congreso a entregar su informe anual coronando la imagen con legisladores imitando a una piara, atrincherados con sus curules.
Cuando Calderón ganó la presidencia, en un evento que nos otorgó la imagen de “sabios politólogos de izquierda”, indignados por haber perdido la elección, a lo limpio, en ese proceso electoral, no habían metido sus caprichos los partidos y era más transparente el proceso, en el cual, había una copia con los totales de cada casilla, firmada por los representantes de cada partido, la suma simple daba el resultado, la victoria de Calderón. Ridículos argumentos invocando a algoritmos (en una suma simple, que obviamente, no lleva fórmulas, no se puede alterar el resultado, si cien personas hacen la suma en forma correcta, el resultado es igual)
Desde entonces nos divertimos viendo chairos repetir consignas contra Calderón; espurio, fecal etc. como si con eso pudieran borrar que fueron suficientemente estúpidos para perder cuando al principio iban ganando.
En ambos sexenios, el Congreso de la Unión tenía suficientes votos para investigar, enjuiciar y castigar a ambos presidentes por cualquier desviación, saqueo, omisión o lo que desearan.
La estela de luz, que curiosamente solo castigaron a un encargado de la supervisión que renuncio antes al ver irregularidades, mismas que no fueron excusadas, al contratista no le hicieron nada.
La barda del proyecto de refinería en el estado de Hidalgo en la que se gastaron millones en estudios, adquisición de predios, mismos que quedaron como propiedad del estado y la barda.
“Las plataformas petroleras” que compró Calderón.
Ambos personajes terminando, volvieron a las casas en las que vivían, con la esposa que tenían.
Viendo la animadversión de los legisladores a ambos presidentes, no se logra entender que si tienen convicción de que hicieron actos indebidos, no hayan actuado, es más, si la hubo, hasta se les puede acusar de complicidad.
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