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Publicado el jueves, 15 de abril del 2010 a las 14:00
Frontera Coah.- Hágase pasar por una paciente, me recomendó la mujer que barría la banqueta exterior en la planta baja del edificio donde el Hermano Sebastián, de quien yo buscaba una entrevista, tiene su consultorio.
-¿Qué tanto sabe usted de él?, indagué. -Lo suficiente como para asegurarte que es un defraudador. -El otro día, aquí, -me indicó con el dedo índice una jardinera que estaba cerca- me topé con una familia entera que lloraba porque un miembro de ellos estaba muy enfermo y se iba a morir si no la curaban, no pude evitar acercarme para enterarme más.
-Me contaron que el Hermano Sebastián les pedía 100 mil para sanar a la señora, mamá de los muchachos ahí reunidos, y que si no tenían dinero le pedían las camionetas, incluso ya habían tomado las placas de las unidades- platicó.
-Si quieres yo te llevo con ellos- ofreció la mujer. Viajamos en su camioneta varios kilómetros de carretera, luego tomamos terracería hasta llegar a una comunidad rural con pocas casas. La casa era en color morado, de su interior asomó la cabeza una mujer, joven pero desgastada por el trabajo del campo.
-Es ella- comentó la conductora de la camioneta. Sencillos como la gente del campo, los moradores de la vivienda salieron al encuentro de las recién llegadas en una actitud que demostró la hospitalidad natural de la gente del campo.
-A ella también la estafó el Hermano Sebastián- les comentó mi acompañante, que me persuadió que no era momento de declarar mi oficio de reportera.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo en que me identifiqué como tal y ofrecí escuchar su historia, sin que hubiera cámaras ni grabadoras de por medio.
El hombre, que dijo tener 54 años, fue quien narró lo que sucedió. “Mi esposa estaba adelgazando mucho sin explicación, escuchamos en la radio al Hermano Sebastián y un día que tuvimos la posibilidad nos fuimos toda la familia a Monclova”, contó.
“Bastó un solo encuentro para que nos ‘bajara’ 8 mil pesos, pero nos fue bien porque nos pudo bajar 100 mil y dejarnos sin camioneta, que son nuestra herramienta de trabajo“, abundó.
“Tuvimos que esperar sólo que pasara una persona que llegó antes que nosotros, luego pasó a mi mujer y más adelante nos pasó a toda la familia, nos pidió 8 mil pesos para el diagnóstico”, platicó.
“Acostó a mi mujer en el piso, encima de su vientre colocó unos trapos, sobre ellos alcohol y azúcar, luego le dio agua, la levantó y dijo “mire lo que va a escupir” y mostró un objeto en forma “Nos dijo que la curación costaba 100 mil pesos y que los necesitaba en ese momento porque necesitaba hablar a Monterrey para que le ayudaran con el caso”, comentó.
“Yo le dije que no tenía dinero y él me dijo que sí tenía, que ya había visto y tomado las placas de mis camionetas que estaban abajo, lo que me sorprendió y le insistí ‘no tengo, son mis herramientas de trabajo’, y él me dijo que qué prefería, si mis bienes o la vida de mi mujer y me puso a dudar”, platicó.
“Pero usted sabe que por la familia uno lo da todo, bajé para hablarlo con mis hijos y en eso estábamos cuando nos encontró esta mujer (quien me llevó hasta la comunidad rural este miércoles) y nos advirtió que era un fraude y que mejor sacara a mi mujer de ese lugar y fuéramos con un médico, y así lo hicimos”, abundó, “sólo así pudimos saber que lo que tenía eran los síntomas normales de la menopausia”.
de gusano muy feo y nos dijo: Ella tiene su estómago lastimado y es urgente una curación porque si no se va a morir“, dijo.
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