Espectáculos

Publicado el viernes, 16 de abril del 2010 a las 05:51
México, D.F.- En la llamada Colección Patterson de arte prehispánico, que actualmente permanece incautada en Alemania, hay una importante cantidad de objetos falsificados. “Alrededor de la mitad eran piezas ordinarias”, informó la prestigiosa revista alemana de arqueología Méxicon, en un puntual artículo publicado en el número de febrero de 1997.
Este jueves, 13 años después de que se dio a conocer a la comunidad científica mundial aquella conocida investigación de Méxicon, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó al país, a través de un comunicado, que “más de 250 piezas del caso Patterson son falsas”.
En el documento, el INAH explica que expertos determinaron que “252, de un total de mil 29 (piezas), son reproducciones de manufactura reciente, por lo tanto ajenas al patrimonio arqueológico de la nación”.
Además, el instituto explica que “otros 86 objetos no pertenecen a las culturas mesoamericanas”, De acuerdo con esa información, del total de los objetos reclamados en un principio por México, sólo 691 “son auténticos y provienen del actual territorio nacional”.
Las mil 29 piezas son las que el gobierno de México reclamó del lote que la policía de Baviera mantiene incautado en algún lugar de la ciudad de Múnich, luego de que el traficante de origen costarricense Leonardo Patterson trasladó los objetos de manera clandestina desde Galicia, España, a la frontera alemana en abril de 2008. El total de las piezas, que suman más de mil 100, ha sido bautizado por la prensa europea como “el tesoro prehispánico de Múnich”, debido a que se ha calculado su valor en más de 10 millones euros (más de 150 millones pesos).
En un principio, cuando la colección fue ubicada en España, documentos de aseguradoras contratadas por Leonardo Patterson y por otros coleccionistas europeos y estadounidenses que han delegado poderes en aquel, valoraron el precio de la colección en 100 millones de dólares (al tipo de cambio de 1996 y de 1997). Más de diez años después, en 2008, cuando el lote ya estaba en Múnich, el reputado arqueólogo mayista Nikolai Grubbe, de la Universidad de Bonn, reveló para el diario alemán Süddeutsche Zeitung que alrededor de la mitad de lo incautado “no era auténtico”. En un estimado, Grubbe ubicó entonces el valor real en 10 u 11 millones euros.
Funcionarios del INAH, implicados
El doctor Nikolai Grubbe, junto con otros reconocidos mayistas alemanes, como Ursula Dykerhoff y Karl Herbert Meyer, desde 1997 dieron la voz de alerta sobre la autenticidad de muchas piezas de la Colección Patterson. A pesar de que estas observaciones fueron públicas, el INAH oficialmente no se dio por enterado.
En Iberoamérica, el diario El País, siguió el caso una vez que la revista Méxicon publicó el trabajo citado. De acuerdo con fuentes españolas, las denuncias, echaron por la borda el objetivo de Patterson y sus clientes para vender la colección completa al gobierno gallego.
Entonces las piezas, que se exhibieron en dos grandes exposiciones, fueron almacenadas en Mudanzas Boteque, la bodega gallega en donde permanecieron más de una década.
En México, ni la existencia de aquella colección con objetos de dudosa procedencia ni la presencia en el acervo de numerosos falsos pasaron inadvertidos desde 1997. De hecho, altos funcionarios del INAH lo supieron pero no movieron un dedo para denunciarlo.
“…Un día recibimos un ejemplar del catálogo, en el cual se integran decenas de piezas falsas, algunas son ridículasy absurdas recreaciones de la época prehispánica, poco tiempo más tarde, recibí algunos correos (cartas) de colegas muy renombrados indicándome que les sorprendía que yo hubiera escrito un texto para ese catálogo, ya que eran piezas inpublicables por ser burdas falsificaciones”, respondió el difunto arqueólogo Felipe Solís a EL UNIVERSAL cuando se le preguntó sobre su colaboración en el catálogo pagado por Leonardo Patterson con motivo de la exposición en Galicia.
En 1997, Solís, ya era subdirerctor del Museo Nacional de Antropología, del que después fue director hasta su muerte, ocurrida el año pasado. EL UNIVERSAL conserva la correspondencia vía electrónia con Solís, en la que también respondió: “…regresé el catálogo a quien me lo envió desde Santiago de Compostela, aclarando que a mi nunca me dijeron que era para una exposición y que sería utilizado para respaldar la exhibición de esos horrores. De este modo por fortuna no tengo ni el ejemplar de tan nefasto episodio”.
El arqueólogo decidió cortar la comunicación cuando se le pidió que explicara por qué había colaborado con Patterson, ya para entonces con antecedentes conocidos, y por qué, como funcionario del INAH, no había hecho nada para dar la voz de alerta.
El ya no puede responder por aquello, pero en el museo aún hay dos personas más que colaboraron para el catálogo de Patterson: las investigadoras Martha Carmona y Patricia Ochoa Castillo.
Notas Relacionadas
Hace 5 minutos
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Más sobre esta sección Más en Espectáculos
Hace 2 horas
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 9 horas
Hace 12 horas
Hace 20 horas