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Coahuila

El fracaso del fútbol mexicano

Por Héctor Reyes

Hace 2 años

La selección mexicana de fútbol fue eliminada de la Copa América 2024 de una forma humillante y en un grupo que parecía, en el papel, bastante accesible, tras conseguir una leve victoria sobre Jamaica de 1-0, caer por el mismo marcador ante Venezuela y empatar sin goles con Ecuador. El equipo dirigido por Jaime Lozano mostró todos los defectos posibles: fragilidad defensiva en momentos clave, pésimo control de media cancha y una incapacidad para marcar asombrosa.

Estimado lector, yo soy un aficionado al fútbol desde pequeño, mi papá me llevó a varios juegos al ahora famoso “Volcán”, vi jugar de muy pequeño a Miguel Marín, al “Chaplin” Ceballos y a muchos jugadores que fueron historia del Cruz Azul, equipo que en mi niñez era aficionado. Después, mis colores se volvieron verde y blanco, y desde ese momento he sido un seguidor del Santos Laguna, no soy un experto en el deporte de las patadas, del balompié, pero sí, un gran seguidor, me gusta ver y he visto como la Selección jugada muy bien, hasta el día del padre, en el mundial de Rusia, México le dio en madre a Alemania, con una gran narración de Cristian Martinolli.

Hoy, da coraje ver cómo está nuestro fútbol.

México, ya clasificado al Mundial de 2026 por ser uno de los países anfitriones, mostró su peor juego en años y fracasó en su última prueba. Varios analistas auguran la posibilidad de que Jimmy Lozano deje el cargo (Como sucede en estos casos) y se dé un volantazo, el enésimo, en la conducción del combinado nacional.

El director técnico fue ratificado la noche del domingo por los directivos, pero las réplicas del terremoto que representa esta caída no se apagarán fácilmente.

La primera reflexión, inevitable, es que el fútbol mexicano es un manantial de mediocridad. Una liga cuajada de jugadores importados, en la que los nacionales, en especial los jóvenes, son en el mejor de los casos actores secundarios. México es un país que compra jugadores foráneos, pero del que muy pocos nacionales emergen.

La vida es demasiado cómoda aquí para los mexicanos de cierto nivel. Una minoría absoluta emigra y se gana un lugar en competencias principales en Europa. Casi todos prefieren la tranquilidad, el sueldazo y el conformismo de ser meras estrellitas locales. Sostenemos, además, un torneo sin descenso ni ascenso, en la cual clasifican a las finales la mitad de los equipos. Hay que hacer muy poco en esta liga para estar a un paso de ser campeón. Nuestra competitividad está por los suelos.

No es posible tener una sólida selección sin una columna vertebral de cuatro o cinco jugadores de excelencia, competitivos en el ámbito internacional. México no los tiene. La pregunta es por qué, dada la popularidad de este deporte y los recursos con que cuentan los equipos en la liga mexicana, muy superiores a los de países que generan más y mejor talento.

La respuesta está en las altas barreras de entrada que enfrentan los potenciales futbolistas mexicanos para brillar en el ámbito profesional local y la poca competencia que genera el formato de la Liga MX.

El fútbol mexicano se caracteriza por una baja tasa de renovación de jugadores. Los veteranos duran demasiado, incluso en la selección, y se abren pocos lugares para que los jóvenes puedan probar la madera de qué están hechos en la vitrina de juegos profesionales. Debutan en primera división demasiado tarde por lo que no pueden aprovechar sus años más vigorosos para consolidarse, ni física ni mentalmente, como atletas de excelencia.

Pareciera que el fútbol mexicano está en manos de los grupos empresariales más grandes del país y el problema es que a muchos de esos empresarios no les importa en lo más mínimo el desarrollo de esos clubes, importándoles únicamente los beneficios económicos que pudieran tener.

¿Qué hacer? Mientras el torneo mexicano margine y aplaste a los jugadores nacionales, y mientras seamos un país comprador y no exportador de futbolistas, nuestras oportunidades se reducirán más cada vez. Si a eso sumamos que la selección suele ser un mero negocio, un combinado que sale a jugar amistosos intrascendentes en canchas de Estados Unidos para embolsarse los dólares de los leales mexicanos que residen allá, no hay mucho que esperar.

Si no se dan de una vez los pasos que revolucionen la liga y la manera en que se maneja a los futbolistas nacionales, estos pésimos resultados serán, apenas, los primeros de muchos por venir.

Buen fin de semana, la frase: “Tienes dos opciones, te rindes o luchas por lo que quieres”. ¡Ánimo!

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