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Coahuila

Óscar Flores Tapia –I parte–

Por Otto Schober

Hace 1 año

Óscar Flores Tapia nació el 5 de febrero de 1913 en Saltillo, en una casa de la colonia Cerro del Pueblo, ubicada en una calle que fue bautizada con su nombre durante la administración municipal del panista Rosendo Villarreal en 1992, Flores Tapia fue huérfano de padre y su madre era invidente, ambos revolucionarios; tuvo una humilde infancia en la que debió desempeñar múltiples oficios: Bolero, lavacarros, agente de tránsito y aseador de tumbas. Su primer paso en la vida pública fue ponerse a las órdenes del exalcalde saltillense Delfín Cepeda, después fue secretario de exgobernador López Sánchez, luego director de la imprenta del Gobierno del Estado, viajó a la Ciudad de México para trabajar al lado del Lic. Luis Echeverría Álvarez. 

En 1949 y 1950 fue presidente estatal del PRI y luego dirigente nacional de la CNOP, posteriormente senador de la República por su estado natal y gobernador constitucional de Coahuila en 1975, iniciando su período el 1 de diciembre de ese año, cargo que abandonó cuatro meses antes de finalizar su período, el 11 de agosto de 1981, por diferencias políticas con el entonces presidente de la República, José López Portillo, en una época en donde imperaba el presidencialismo. La cuadragésima octava legislatura aprobó su licencia y pasó a la vida privada. Murió al mediodía en el Hospital Muguerza, víctima de un paro cardiaco que le sobrevino por una insuficiencia respiratoria, el 11 de julio de 1998. 

Tenía 85 años de edad. Le sobrevivieron su esposa Isabel Amalia Dávila de Flores Tapia y cuatro hijos. Su sepelio fue espectacular, que contó con la presencia del expresidente de la República, Luis Echeverría, fue velado en la sala de gobernadores del palacio de gobierno, posteriormente lo trasladaron al recinto de Juárez, sede del Colegio de Investigaciones Históricas de Coahuila, del que fue miembro y fundador; estuvo en la catedral de Santiago y en la logia masónica del que era miembro y finalmente sepultado en la rotonda de los hombres ilustres. Su obra es impresionante, su administración pasó a la historia por los beneficios para Saltillo y para Coahuila. 

En Saltillo transformó lo que eran terrenos baldíos en instalaciones deportivas, abrió las puertas de Coahuila a la inversión extranjera, patrocinó la llegada de las tiendas de autoservicio que generaron fuentes de empleo y el despegue económico de Coahuila en el campo industrial, que a él se le debe; su apoyo al magisterio fue incondicional, en aquellos momentos difíciles de su renuncia, desdeñó los riesgos y afrontó las consecuencias, se negó a enjugar sus lágrimas de quienes, más débiles ante el infortunio, lloraban su partida del gobierno estatal, sobre su cabeza revoloteaban las negras aves del centralismo, de la ambición, de la envidia, de la pequeñez humana, del escándalo y de la infidencia, bajo los truenos de la tormenta nunca estuvo solo, el pueblo de Coahuila estuvo de su parte y también el juicio del tiempo. Mañana presentaremos la conclusión de esta historia.

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