Espectáculos

Publicado el lunes, 4 de noviembre del 2024 a las 04:04
Ciudad de México.- La tragedia de Tita en Como Agua Para Chocolate (1992) es consecuencia de una tradición familiar, la cual obliga a la hija menor a renunciar a una vida propia y consagrarse a los cuidados de su madre, Elena. Aquel elemento podría parecer lejano a la realidad de 2024, cuando la lucha feminista resuena para acabar con las injusticias de un mundo patriarcal, pero el equipo detrás de la adaptación para la TV considera que de hecho mostrar los vínculos que permanecen provocará una resonancia mayor.
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Cuando oyes a los personajes hablar, podrías estar escuchando a mujeres de hoy, en el amor seguimos tomando malas decisiones, teniendo relaciones de madre e hija complejas. Los espacios lejanos a veces nos hacen ver mucho más nuestra propia realidad.
“A los personajes los conocemos de hace mucho, todos conocemos quién es Tita, pero hay una Tita que resurgió hoy, ante los ojos de la sociedad actual, que resalta cosas con un discurso moderno”, señaló la codirectora Ana Lorena Pérez Ríos, durante una pausa del rodaje.
La serie, que llega hoy a Max, toma la comida y su magia como hilo conductor para narrar los vínculos familiares entre una madre y sus tres hijas, así como las relaciones fracturadas entre ellas por amor.
Tita (Azul Guaita en esta versión) se enamora de Pedro (Andrés Baida), pero mamá Elena (Irene Azuela) no aprueba esa relación y propone que el pretendiente se case con su hija mayor, Rosaura (Ana Valeria Becerril).
La convicción del valor que tenía llevar nuevamente a la pantalla a los personajes se consolidó en la producción gracias a charlas directas con la escritora de la novela, Laura Esquivel, quien les compartió que la magia de la comida sí existe.
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Hablar con Laura fue un detonante de imaginación que nos metió con jeringa la historia y nos dio resortes para potenciar lo que ya escribió hace muchos años. Está padre explorar diciendo: ‘esto es un complemento a la novela, quizá está escrito en un párrafo y acá le podemos dedicar varias escenas’.
“Hablar con ella nos hizo darle honor a la pasión de alguien, decir: a esto tiene que oler, porque la novela sabe y huele. En el mejor de los casos provocamos que alguien vaya a cenar después de ver la serie”, recordó la realizadora, quien comparte la silla con Julián de Tavira.
Si bien es una historia con personajes femeninos fuertes y complejos, los directores creen que el cuestionamiento es tan amplio que puede hacer que cualquiera se identifique, al cuestionar a través de las tres hermanas la manera en que se descubren y cómo deben enfrentar lo que la sociedad les exige.
Desde que se plantearon narrar la historia como serie, la producción tuvo como referente la versión fílmica de Alfonso Arau, pero no para imitarla, sino para tomar la oportunidad de potenciarse con otro tratamiento.
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La literatura, el cine y la serie son lenguajes muy distintos, además, si haces el ejercicio de ver la película y luego leer el libro, te van a pasar cosas diferentes y vas a ver cosas distintas porque era otra época. Nuestra sensación hoy es que sumemos a ese inconsciente colectivo.
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Vamos a darles una cosa más para volver a hablar de esto y volvamos a generar lo que esa película y ese libro generaron. Como cultura es padrísimo, porque reconectamos con lo más mexicano y latinoamericano, que es la comida y las familias”, resaltó Pérez Ríos.
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