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Coahuila

Flores Tapia y el economista non

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 año

A las faldas del Cerro del Pueblo de Saltillo, nació en cuna humilde uno de los personajes de nuestro tiempo, el inolvidable Óscar Flores Tapia, que habitó una sencilla vivienda con piso de terracería, que sufrió pobreza extrema al lado de su abuela y de su madre Julia, invidente, aquel polifacético individuo que con el devenir del tiempo se convirtió en uno de los jilgueros (especie de orador en favor de equis candidato), periodista, político y Gobernador del estado.

Quizá nunca imaginó Flores Tapia que el Cerro del Pueblo que le dio cobijo, le serviría algún día de enorme parapeto de publicidad para su campaña hacia la Gubernatura del estado, postulado como candidato único del PRI, cuando el país vivía una dictadura  perfecta, que por 70 años o más se perpetuó en el poder el Partido Revolucionario Institucional, “eligiendo” candidatos siempre con el visto bueno del Presidente de la República en turno, estilo impuesto por los caudillos de la Revolución mexicana para sucederse en el cargo, simulando una democrática elección.

“Vota por Óscar Flores Tapia” se leía con grandes letras que se veían desde los cuatro puntos cardinales, en el famoso Cerro del Pueblo de Saltillo. No sólo él se anunciaba ahí, había otros, como Pedro G. González y su tienda de los 10 mil artículos.

Ejemplos hay muchos sobre la utilización de este idílico monumento natural, símbolo de la ciudad, incluso surgieron dueños de sus faldas, que dijeron ser despojadas por lideresas del propio PRI, para construir una docena de colonias en el entorno de esta pequeña montaña.

Uno de “esos dueños” supuestamente fue Adrián Rodríguez, el llamado economista non, demencial individuo, que no tenía ocupación u oficio y que deambulaba por la ciudad, cargando bajo el brazo panfletos y consignas contra el Gobierno, exigiendo la Presidencia de la nación, en su volátil memoria. Un día reclamó al candidato Flores Tapia el porqué se anunciaba en el Cerro del Pueblo sin su consentimiento, ya que él era dueño de ese lugar.

El colmilludo político le siguió la corriente.

–¡¡¡Oye pues no sabía, réntamelo!!!

–Son 500 pesos mensuales, le dijo Adrián Rodríguez, y Flores Tapia ordenó al tesorero de la campaña que se los pagara rigurosamente. Dicen que aún en el mandato de don Óscar, Adrián seguía cobrando los 500 pesos del alquiler de la pared frontal del Cerro del Pueblo.

 

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