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Coahuila

La Guelaguetza

Por Enrique Martínez y Morales

Hace 8 meses

Hace unas semanas tuve la oportunidad de visitar Oaxaca con mi familia. Llevamos a nuestros hijos a conocer Monte Albán, centro ceremonial de la cultura zapoteca por excelencia. Como es parte del contenido académico de las lecciones que están viendo en la escuela, estuvieron muy interesados y participativos en el recorrido.

Durante el trayecto, el guía nos habló con orgullo sobre la Guelaguetza. Aunque no coincidimos con las fechas de su realización, su forma de describirla fue tan elocuente, que parecía que la estábamos viviendo. La celebración es relevante no sólo por lo que se ve y se escucha en los festejos: los trajes típicos, la música de las regiones, los bailes llenos de identidad… sino por la profundidad de su significado.

La palabra Guelaguetza proviene del zapoteco y significa “ofrenda” o “compartir”. Mucho antes de convertirse en un espectáculo cultural, era una forma de vida entre los pueblos originarios. Cuando alguien se casaba, tenía un hijo o enfrentaba una necesidad apremiante, la comunidad entera se unía para ofrecer lo que podía: alimentos, objetos, trabajo, compañía. No era caridad, era reciprocidad solidaria. Se daba con la certeza de que cuando llegara el momento, ese gesto sería correspondido.

Esa especie de tanda primitiva era como invertir en un banco, no dinero, sino acciones, bienes materiales y actitudes. A veces se llevaba un registro de los mismos, pero casi no se utilizaba, no era necesario, la fraternidad de la comunidad era la regla.

En esos actos sencillos y poderosos se sostiene la verdadera riqueza de un pueblo: en el compromiso mutuo, en la empatía, en estar ahí cuando el otro lo necesita.

Hoy, la Guelaguetza se celebra los dos lunes más cercanos al 16 de julio en el Cerro del Fortín. Es una explosión de cultura de las regiones del estado, una muestra de lo mucho que tiene México para ofrecerle al mundo. Pero más allá del escenario, la esencia sigue viva: el espíritu de colaboración, el sentido de comunidad, el valor de nuestras raíces.

En tiempos donde parece que cada quien va por su cuenta, mirar hacia estas tradiciones nos recuerda que la verdadera fortaleza de nuestra sociedad está en el “nosotros”, en la solidaridad de nuestros pueblos, en la empatía de nuestra gente. Que cuando compartimos lo que somos y lo que tenemos, nos hacemos más grandes todos.

La Guelaguetza no es sólo una fiesta. Es una lección de vida. Es la esencia de nuestros pueblos originarios, es la esencia de México. Y esas son las tradiciones que debemos de proteger y perpetuar como mexicanos porque en ellas vive lo mejor de nosotros.

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