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|  La investigación se presentó en el Museo de la Cueva de Altamira.

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Ayudan los microbios para proteger pinturas rupestres; Estudian Altamira, España

  Por EFE

Publicado el martes, 13 de mayo del 2025 a las 04:01


Esos nuevos trabajos han dado origen a la publicación Estudio de los Consorcios Microbianos Coloreados que se Encuentran en la Cueva de Altamira

Ciudad de México.- La caracterización de los microorganismos de la cueva de Altamira secuenciando su ADN, una técnica no desarrollada con anterioridad, está permitiendo controlar el estado de las pinturas rupestres y avanzar en la adopción de medidas para salvaguardar este patrimonio.

Esos nuevos trabajos han dado origen a la publicación Estudio de los Consorcios Microbianos Coloreados que se Encuentran en la Cueva de Altamira, presentada de manera pública este sábado en el Museo de Altamira ante más de una decena de expertos pero también visitantes del Museo.

La publicación recoge la investigación desarrollada por los doctores Candela González-Riancho y Juan María García Lobo, del Departamento de Microbiología y Genómica del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBTEC), que hablaron, en una entrevista con EFE.

Las nuevas técnicas de secuenciación masiva llevadas a cabo en la última década están proporcionado la mayor cantidad de información disponible hasta este momento de las colonias de microorganismos, lo que ha mejorado el conocimiento de los componentes denominados “biofilms coloreados”.

En el caso de la cueva de Altamira, las cinco colonias microbianas identificadas por su color se estructuran formando “biofilms”, consorcios de varias especies diferentes que actúan como una comunidad adaptativa más exitosa para la supervivencia de la que tendrían como simples individuos.

Estos biofilms coloreados (colonias blancas, grises, amarillas, beiges y rosas), fueron descritos, en el caso de las tres primeras, en 1999, mientras que las beiges se detectaron en 2018 y las rosas en 2021.

Para su caracterización, en un principio se utilizaron técnicas convencionales de cultivo, pero luego se vio que este sistema no era el más adecuado, de ahí que en el 2000 comenzaron a utilizarse técnicas de secuenciación para describir los filos -categoría en taxonomía situada entre el reino y la clase.

Las investigaciones realizadas en los últimos 10 años han permitido obtener secuencias completas de ADN para estos seis tipos de colonias bacterianas, identificando los componentes mayoritarios de cada una -actinobacterias y proteobacterias-, así como también de otros más minoritarios.

Candela González-Riancho explica a EFE que los trabajos desarrollados en la cueva de Altamira están orientados al diseño de medidas preventivas para salvaguardar sus pinturas, evitando los riesgos antes de que se produzca un daño o alteración de los pigmentos. A su vez, Juan María García Lobo detalla que la colonización bacteriana o fúngica, según el caso, es un problema que afecta, en mayor o menor medida, a las cuevas con arte rupestre, de ahí que su estudio y caracterización sea fundamental para ralentizar su actividad.

Además, asegura que este estudio puede servir como base para aplicar las mismas técnicas en otro tipo de cavidades con arte rupestre.

Recuerda que en el caso de Altamira y de otras cuevas de Francia y España, las formaciones de algas, hongos o bacterias que afectaron a las pinturas se produjeron desde los años 60 y 70 del siglo pasado debido a la contaminación introducida por las visitas turísticas masivas.

Esta situación obligó al cierre al público de la cueva original y al establecimiento de estrictas medidas de control ambiental, junto a un estricto régimen de visitas.

González-Riancho resalta que la colonización microbiana en Altamira es más abundante en la zona de la entrada de la cueva que en el resto de la cavidad, y ya a partir de la década de los ochenta y noventa del siglo XX se detectó un crecimiento de las colonias de forma más destacada.

La rápida respuesta consistió en la compra de una gran superficie de terrenos próximos a la cueva para evitar que la actividad ganadera que se desarrollaba en ellos contaminara el subsuelo y que los purines sirvieran de alimento a las colonias de bacterias, como estaba pasando hasta entonces.

Todos los estudios que se están llevando a cabo en el plan de conservación preventiva de la cueva de Altamira no son solo descriptivos, sino que deben ser considerados instrumentos al servicio de su conservación.

La profesora subraya que, una vez lograda la estabilidad ambiental en el interior de la cueva de Altamira restringiendo las visitas, la investigación científica como la que ella y García Lobo han desarrollado sigue siendo la vía para salvaguardar el patrimonio contenido en la cavidad.

En el estudio se constata que los microorganismos específicos presentes en la cueva han evolucionado hasta alcanzar un equilibrio estable, pero muy delicado, al ser sensibles a intervenciones antrópicas que producen efectos impredecibles.

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