Saltillo

Publicado el domingo, 25 de mayo del 2025 a las 05:00
Saltillo, Coah.- Familias que habitan en condominios se quejan de que no hay privacidad, al compartir no solamente espacios comunes, sino también los muros: escuchan “de todo”, desde las discusiones e insultos entre las parejas, hasta ruidos “raros” y el “rechinido del catre”, cuando están en buenos términos.
Zócalo Saltillo recorrió los condominios de Hacienda Narro, de reciente construcción, hasta la vieja vivienda vertical de La Herradura. Las familias que ahí habitan, si tuvieran la oportunidad, buscarían una vivienda horizontal donde pudieran vivir con privacidad y los niños contaran con un patio para jugar.

Compartir espacios comunes como los accesos y andadores les provocan conflictos y estrés: no se respetan los cajones de estacionamiento, uno por depa; no faltan los vecinos ruidosos que buscan culturizar a toda la cuadra con narcocorridos y cumbias; el consumo de alcohol y drogas, y las peleas son otro dolor de cabeza, además, se registran robos entre los propios vecinos.
Lo reducido de los espacios les impide comprar adornos, centros de mesa, centros de entretenimiento, comedores grandes, salas de tres piezas o recámaras completas, con burós y peinador, de modo que han tenido que regalar muebles porque no caben al cambiarse.
Colchones viejos y muebles destrozados en cocheras y banquetas, lo mismo que cobijas y ropa íntima tendida en balcones, andadores y cocheras son parte de una realidad que denigra su calidad de vida.
Al final, también es cierto que hay personas que están conformes con las dimensiones de las viviendas porque, por ahora, son pocos integrantes o los niños están pequeños, pero ya empiezan a pensar en el futuro cercano, ¿cómo compartir una recámara entre tres o más hijos?
Las construcciones miden 44 m2; son 2 recámaras de 2.80 por 2.80 m2 cada una; la sala-comedor mide 5.10 por 2.40 m2 y la lavandería 4.20 m2 cuadrados. El resto lo ocupa la cocina y el baño.

En 1998 costaban 70 mil pesos en la parte baja y ahora rondan los 800 mil. La ventaja es que pueden utilizar la cochera para ampliar las reducidas recámaras. En el segundo y tercer piso son un poco más baratos.
En estos condominios no hay privacidad, pues además de compartir los espacios comunes comparten las paredes, de manera que se escuchan los gritos y las maldiciones y otro tipo de ruidos cuando no hay diferencias entre las parejas, señala Eulalio Plata Esquivel.
“ Nomás se oyen los rechinidos de la recámara. Cuando se pelean se oyen los gritos, se oyen maldiciones, y cuando están contentos pues nomás se oye el rechinido del catre”, asegura, sin poder contener la risa.
Su departamento, que comparte con su hija, es reducido, prácticamente en los cuartos apenas cabe la cama, el peinador y un pequeño clóset; la sala-comedor también es reducida, así que no hay espacio suficiente para los muebles, de manera que la regaló.
Además, hay muchos conflictos entre los vecinos al compartir espacios comunes, lo que se agudiza los fines semana por el consumo de alcohol, la música, la guerra de bocinas y las fiestas o reuniones que terminan en pleitos.
“ Sí hay mucho conflicto aquí y más el fin de semana cuando hay fiestas o hay reuniones entre los vecinos, que salen a relucir problemas añejos”.
El condominio lo compró hace 14 años y en ese tiempo ha visto cómo algunas familias, por falta de privacidad y los pleitos vecinales, venden la propiedad para irse a vivir a otro lado. Incluso, él mismo piensa hacer lo mismo para tener tranquilidad.
“ De hecho hay muchos condominios que las dejan solas las casas y se van de aquí, pero ya de tiempo se posesionan de los condominios”.

La señora Marcela indicó que los departamentos son apenas suficiente para una pareja o una familia pequeña. Con cuatro o cinco personas, los espacios se reducen aún más y los niños no tienen dónde jugar, de manera que se vuelven muy inquietos; los andadores no son opción para jugar, porque corren riesgo de caer por las escaleras y al crecer demandan mayor espacio.
Algunas familias que habitan en el primer piso aprovechan su cochera para ampliar las habitaciones, pero quienes viven en el segundo y tercer piso ya no tienen esa opción.
La vivienda vertical no es cómoda para las personas, hay diferencias y molestia entre los vecinos por escuchar música con alto volumen y alzar la voz de noche, y surgen los problemas de convivencia.
“ A veces los vecinos se duermen muy noche, pero los que trabajamos, que entramos temprano a trabajar, a ellos les vale gorro, ponen su música a todo volumen y pues aquí todo se escucha. O sea, aunque sea del último condominio, aunque sea de ese, se oye hasta acá, que sea desde abajo, se oye para arriba, o sea, no se puede hacer nada de ruido.
“ Aunque cerremos puertas, ventanas, sí se escucha, entre pared se escucha de todo, las discusiones, que ya uno no puede decir nada porque lo escucha el vecino y sí es muy complicado, muy complicado”.
En estos condominios las escaleras son muy estrechas, lo que impide el traslado de muebles grandes como refrigeradores o centros de entretenimiento. En una ocasión, un inquilino debió contratar un montacargas para subirlos al tercer piso.
Para introducir muebles voluminosos deben retirar los marcos de protecciones y puertas, y a veces ni así. Entonces los venden o los regalan.
Si en La Herradura se quejan de los minúsculos departamentos, en Hacienda Narro, donde está en proceso la construcción de decenas de módulos, dicen “quítate, que ai te voy”.
Aquí los departamentos se integran por dos habitaciones, que aunque incluyen espacios para clóset son más reducidas que en
La Herradura, una pequeña sala-comedor, cocina, baño, lavandería y patio en los que se encuentran en el primer piso. En el segundo y tercer piso carecen de patio.
Miguel Arias Cruz, albañil originario de Chiapas, paga alrededor de 6 mil pesos mensuales por un departamento de 42 metros cuadrados, en el que vive con su hijo, su nuera y una pequeña niña.

“ Para una familia pequeña, de 3 o 4 personas, pues son adecuados, viables, pues, pero para más personas pues está muy reducido el espacio, y querer meter más muebles de lo normal, pues tampoco se puede porque son espacios muy pequeños. Tan reducidos y tan caros los departamentos, están elevados los precios”.
Hace más de un año su depa costaba alrededor de 600 mil y ahora cuestan casi 800 mil pesos, con las mismas dimensiones.
Aclara que el módulo en que vive y convive con otras seis familias es tranquilo, es decir, no hay personas ruidosas ni mala copa, hay respeto entre todos, incluso se prestan los tendedores cuando no los tienen ocupados.
Lo contrario ocurre en el sector donde vive una señora que prefirió omitir su nombre, para evitarse problemas en el vecindario, donde hay personas drogadictas y que roban a los vecinos.
“ Muchas familias viven de 4 a 5, 6 personas en los departamentos y creo que no está bien, incluso la calle también los vecinos la ensucian mucho, hay muchas discordias por los cajones de estacionamiento, pues se quieren adueñar de los demás”.
Dice que en los departamentos se escuchan las pisadas en los techos, lo mismo que las discusiones, palabrotas y otros ruidos “raros” de las parejas, porque no hay privacidad.
“ Se escucha todo prácticamente. ¡No, pues todo! O sea, todo ¿para qué voy a especificar qué, qué, qué y qué? Pero se escucha todo: pleitos, ruidos raros, pues todo… ¡ja, ja, ja! La verdad se escucha todo. Se oye todo aquí, te echas un pedo y todo se oye ¡ja, ja, ja! La verdad.

“ De esto, a andar rentando o andar batallando, pues esto”, señala Esmeralda Martínez, quien desde hace 3 años habita en un tercer piso con su esposo y dos hijos de 12 y 10 años. La lavandería es tan pequeña que utilizan el reducido balcón para tender ropa.
“ No era lo que yo quería, fue lo que se me presentó, pero a mí me gustaría tener pues una vivienda con más espacio, con una cochera, con un patio, porque pues quieren alberca ¿aquí dónde?.
“ Te acomodas a lo que tienes. Otra cosa, a veces tú traes ya muebles y te tienes que deshacer porque el espacio no queda, ya sea el clóset o las camas o las recámaras. Las que tienen king size pues no caben”.
Al mes paga 3 mil pesos por la compra del departamento, con valor de 400 mil pesos al momento de la compra. Sus planes son ahorrar dinero, comprar un terreno, vender el departamento y construir una verdadera casa, porque no es cómodo vivir en espacios tan reducidos.
Por ejemplo, al tanque de gas de 30 kilogramos sólo le pone 200 ó 300 pesos en vez de llenarlo, porque es muy pesado al subir los escalones y con el paso de los años será complicado subir y bajar.
La señora Karina Estrada Rodríguez asegura que su departamento es cómodo, porque sólo viven tres personas, sin embargo, hay familias con tres hijos, y en esos casos el espacio es insuficiente. Añade que deben comprar muebles pequeños y básicos, de lo contrario, el espacio se reduciría demasiado.
En el domicilio de Luis Carrillo viven su esposa y sus hijos de 20, 15 y 3 años, y aunque viven bien el espacio es reducido por un pago mensual de 5 mil 200 pesos, pero a final de cuentas es su patrimonio.

Familiares y amistades le han llegado a preguntar por qué compró ahí y la razón de que no busque otro lugar para vivir con sus hijos.
¿Por qué? Porque por desgracia es lo que podemos comprar. Qué más quisiéramos muchos que vivir en otro lado más espacioso, pero pues no se puede. Yo batallé mucho para comprar y pues al fin pude y tuve que comprar éste. Y decir ‘ay, pues voy a levantar otro cuarto’. Pues ¿cómo? No se puede.
“ Este me lo dieron en 580, 580 hace un año, yo en mi empresa tardé cinco años para poderla comprar y poder comprar aquí, porque por desgracia, todo está muy caro, muy, muy caro”.
Su monto de crédito del Infonavit era bajo y, por su edad ya no podía acumular más puntos, al contrario, el monto disponible iría en descenso y no le quedó otra opción. Por el departamento, ubicado en el tercer piso cada semana le descuentan 780 pesos y le quedan, libre de impuestos y otros descuentos, cerca de 800 pesos, y con eso tiene que arreglárselas para sobrevivir.
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