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Grupo Zócalo
Publicado el martes, 27 de mayo del 2025 a las 01:44
Ciudad de México.- Una noche de cartas entre amigos se transforma en una lucha por la supervivencia cuando una nevada mortal cae sobre la ciudad y deja sin energía a todos. Así arranca “El Eternauta”, una serie argentina de ciencia ficción distópica que ha conquistado a audiencias internacionales desde su estreno el 30 de abril en Netflix, donde rápidamente alcanzó el primer lugar entre las producciones más vistas.
Basada en la icónica novela gráfica de Héctor Germán Oesterheld, publicada por primera vez en 1957, la adaptación no solo retoma elementos del original, sino que también los actualiza al contexto social y político de la Argentina actual. Protagonizada por el actor Ricardo Darín, la historia sigue a Juan Salvo, un padre y excombatiente de la guerra de las Malvinas, que lidera a un grupo de sobrevivientes tras la aparición de una invasión alienígena y un fenómeno climático letal.
Filmada en Buenos Aires y con un elenco completamente argentino, la serie fue desarrollada durante cuatro años y requirió la participación de 2,900 personas, además de una inversión estimada en 34 millones de dólares, lo que representó una inyección económica significativa en plena crisis.
Más allá del entretenimiento, la producción ha despertado un poderoso eco emocional y político. Para los argentinos, “El Eternauta” representa más que una historia de supervivencia: es un espejo de su identidad colectiva, de su resistencia cultural y de una memoria histórica que aún duele. El autor original fue secuestrado y desaparecido junto con sus cuatro hijas por la dictadura militar en los años setenta. Hoy, su nieto Martín Oesterheld, productor ejecutivo de la serie, impulsa el legado familiar a través de esta adaptación.
El fenómeno ha reactivado la búsqueda de los nietos desaparecidos durante el régimen militar. Las Abuelas de Plaza de Mayo aprovecharon el impacto de la serie para lanzar un nuevo llamado público, que generó una ola de mensajes de personas interesadas en conocer su origen o buscar familiares perdidos.
Con escenas cargadas de simbolismo nacional, desde partidas de truco hasta tazas de mate, la serie resignifica la idea de lucha y comunidad en un país dividido por la política actual del presidente Javier Milei, quien ha recortado presupuestos destinados a la cultura. Ante este contexto, el lema de la serie —“Nadie se salva solo”— ha trascendido la pantalla para convertirse en un grito de unidad en manifestaciones sociales.
La historia de Oesterheld, que trasciende generaciones, renace con fuerza en esta adaptación. En palabras de su nieto: “No hay lectura política más profunda que ‘El Eternauta’ haya vuelto de esta manera tan popular y abrazada por la gente”. La segunda temporada ya ha sido confirmada, y el rodaje comenzará el próximo año. Mientras tanto, “El Eternauta” continúa su recorrido, sembrando conciencia desde la ficción y devolviendo a la memoria colectiva aquello que el silencio intentó borrar.
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