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Cuando no es la lluvia es el calor

  Por Nancy Orozco

Publicado el viernes, 25 de julio del 2008 a las 14:16


Proteger a los niños es primero, luego cuidar sus pocas pertenencias

Monclova, Coah.- Aunque para muchos la lluvia puede ser una bendición, para quienes viven en situaciones precarias representa el más grande castigo de la naturaleza, pues a parte de soportar la carencia de los servicios más elementales, tienen que sortear las dificultades que implica ver cómo el agua entra hasta sus humildes hogares.

Sus viviendas construidas con cartón, lámina y madera, poco pueden hacer para detener la lluvia.

Pero aún así, se aferran al terruño que habitan y a sus humildes casas que representan todo para ellos.

Con botes que colocan en el interior de sus hogares, intentan juntar el agua que se trasmina por los techos.
Su principal trabajo es proteger a los niños, pues las familias que habitan en los jacalitos de la colonia Lucrecia Solano del sector oriente de la ciudad, aseguran que en estos casos lo que importa es proteger a las personas más vulnerables.

Ayer cuando por momentos cesaba el “chipi chipi” que se registró en la ciudad, salieron al exterior de sus casas.
Por momentos el agradable clima que se sentía era como un regalo para ellos que ante la falta de energía eléctrica tienen que soportar fuertes calores.

Pero cuando empezaba a llover nuevamente, sabían que muchas de sus pertenencias quedarían empapadas.

La alerta que había emitido Protección Civil por la llegada de los remanentes del Huracán Dolly no había llegado a las fa-milias que habitan en las faldas de este cerro, pero señalaron que hasta el último o momento estarían en este lugar, cuidando lo poco que tienen.
La carencia de energía eléctrica se vuelve un martirio para ellos cuando la madre naturaleza les regala días que alcanzan hasta los 40 grados centígrados de temperatura.

Eso es la muerte para ellos, pues ante la falta de un aparato de aire, tienen que remolinearse en la cama hasta que el sueño los vence y los hace olvidarse del sofocante calor y de los molestos piquetes de zancudo.

Ayer pudieron juntar en sus casas el agua de la lluvia que caía dentro de sus viviendas, pero generalmente los habitantes de la Privada Claudia Garibay de la colonia Lucrecia Solano tienen que hacer uso de una llave comunitaria para llevar el vital líquido hasta a sus hogares.

Los niños, inocentes de lo que pasan sus padres para ga-rantizarles un humilde techo en el que se protejan de las inclemencias del tiempo, juegan en calles llenas de piedras.

Ayer, personas de la CFE instalaba los postes de energía eléctrica para llevar este servicio a una parte de las familias de este sector.
Los habitantes de la Privada Claudia Garibay lamentaron que el servicio sólo se vaya a ofrecer a algunas familias.
La señora Alma Leticia Guedea Rivas vive en un pequeño jacal junto a sus dos hijos, su yerno y dos nietos.

La niña de cinco meses muestra en su cuerpo las marcas de los zancudos que por las noches no la dejan dormir.

Con veladoras o lámparas aminoran la penumbra de la noche, en ocasiones, antes de que caiga el sol tienen que realizar todas las actividades diarias para que al caer la noche, esperen que los venza el sueño para dormir.

Noé Ismael Torres Mata, otra de las personas que habitan en jacales, estaba en el exterior de su casa.
Y es que prácticamente da lo mismo estar afuera que adentro, se llueve casi igual.

Reconoció que son precarias las condiciones en las que viven varias familias de este sector que no tienen otra opción más que vivir en jacales que han construido con láminas, cartón y madera.

Lejos de quejarse o maldecir la vida que llevan, los habitantes de este sector reconocen que quizás poco a poco sus condiciones de vida mejoren.

“Ya empezaron a poner la luz en esta colonia y quizás al rato nos toque a nosotros este beneficio”, señaló Noé Torres a este medio de comunicación.

Ramón Morales tiene 60 años viviendo en esta colonia que antes era sólo un rancho completamente despoblado.

“Desde hace cuatro años ha empezado a llegar gente nueva a este sector, pero es gente que la sufre en serio, no tienen agua, no tienen luz y en ocasiones tienen que abandonar sus hogares cuando el frío es insoportable o azota la lluvia”, declaró a Zócalo de Monclova.

Señaló que las familias de la Lucrecia Solano batallan mucho para que los camiones recolectores se lleven la basura.

Dijo que en ocasiones tardan hasta semanas para llevarles este servicio que es indispensable.
Pero aún con las carencias que tienen, los habitantes de este sector ha sabido enfrentar adversidades y poco a poco han logrado una superación.

Y es que aunque hace meses había un sinfín de jacalitos, ahora, muchas de las familias han construido pequeños cuartos de concreto en un afán por ofrecer a los suyos espacios más confortables en donde no tengan cabida el calor o la lluvia.

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