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Coahuila

Alfabetos y escritura

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 1 año

En columnas pasadas hemos desarrollado el relato de la evolución de la escritura desde la protoescritura de los jeroglíficos y signos cuneiformes, hasta la invención en 1,850 a.C. del primer alfabeto en la península del Sinaí. Podríamos avanzar directo en línea recta rumbo a esferas más elevadas en la búsqueda de nuevas y diversas ramas del conocimiento, pero creo que es mejor “no dejar cabos sueltos” y detenernos en este trascendente acontecimiento de la creación del primer alfabeto, para detallar sus singulares aristas, enfatizando lo que se tuvo que amalgamar y conjugar para que esto sucediera. En la versión superficial del suceso se nos explica simplemente que los creadores del primer alfabeto fueron “Trabajadores semíticos y/o cananeos que trabajaban en minas egipcias del Sinaí”. En mi opinión es menester ampliar mucho más la información sobre cómo y quienes lograron este gran paso que funge como un pilar básico en la evolución de nuestra civilización y cultura.

El Sinaí es una península con forma de triángulo, ubicada en la región asiática de Oriente Próximo. Políticamente pertenece a Egipto, limitando al norte con el mar Mediterráneo, al oeste con el istmo de Suez (que la une a África y por el que discurre el canal de Suez), al este, con la frontera con Israel (que la separa del desierto del Néguev), al noreste con el Estado de Palestina y al sur con el mar Rojo.

Es uno de los lugares más sagrados de la Biblia, especialmente famoso por haber sido el lugar donde Moisés recibió los Diez Mandamientos de Yahveh durante el éxodo desde Egipto a la “Tierra Prometida”.

Las minas específicas a las que se refiere el relato son las de Serabit el-Khadim, que se encuentran en una zona montañosa en el suroeste de la península del Sinaí, a unos 760 metros sobre el nivel del mar. Las minas fueron explotadas desde el Antiguo Egipto, principalmente para la obtención de turquesa y, en menor medida, cobre. En este sitio se construyó un templo dedicado a la diosa Hathor, conocida como la “Dama de la Turquesa”, donde se han encontrado más de 30 inscripciones protosinaíticas que son un enlace crucial en la historia de la escritura alfabética, mostrando una transición desde los jeroglíficos egipcios y la escritura cananea hacia sistemas alfabéticos más desarrollados.

Se dice que quienes inventaron el alfabeto fueron trabajadores “Semíticos y/o Cananeos”, y esto que en ocasiones produce confusión, tiene varias versiones en cuanto a los términos y sus orígenes.

En el contexto lingüístico y cultural, ser semita se refiere a alguien que pertenece a los pueblos que tradicionalmente hablan lenguas semíticas, como el árabe, el hebreo, el arameo, entre otros. Estas lenguas, a su vez, derivan de una familia lingüística originaria de Asia occidental. En un sentido más amplio, “semita” también puede referirse a los descendientes de Sem, uno de los hijos de Noé, según la tradición bíblica (se sitúa a Noe y al Diluvio Universal alrededor del 5500 a.C.).

Por otro lado, Canaán, conocida como la Tierra Prometida en la Biblia, se ubicaba históricamente en el Levante mediterráneo, específicamente en la región que hoy comprende Israel, Palestina, Líbano, Jordania y partes de Siria. Esta zona es considerada la cuna de la civilización mediterránea y fue habitada por diversos pueblos, incluyendo a los cananeos. Canaán se extendía desde el mar Mediterráneo hasta el río Jordán, abarcando la costa, la zona montañosa central y el valle del Jordán.

La confusión puede surgir porque los cananeos eran un pueblo semita, lo que significa que su lengua era una lengua semítica. Sin embargo, “semítico” es un término más amplio que abarca una variedad de lenguas y culturas relacionadas, mientras que “cananeo” se refiere específicamente a un grupo dentro de esa familia. El hebreo es una lengua semítica, y también es una lengua cananea. Los fenicios hablaban una lengua cananea, y por lo tanto también eran semitas. El árabe es una lengua semítica, pero no es una lengua cananea, ya que ellos no habitaban la región de Canaán. En base a esto, se puede afirmar que todos los cananeos son semitas, pero no todos los semitas son cananeos. Aun cuando se puede especular que el pueblo judío fue el creador del primer alfabeto, esto es impreciso, ya que su identidad se formalizó hasta alrededor del año 1050 antes de Cristo. Pero lógicamente, aunque no fueran clasificados con ese apelativo, sí formaban parte del grupo de semitas y cananeos que intervinieron en la creación del trascendente primer alfabeto.

La ulterior evolución del alfabeto estuvo a cargo del pueblo fenicio en el siglo XII a.C. Ellos eran también semitas y cananeos, pero tenían la particularidad que eran extraordinarios marineros y comerciantes. Fundaron colonias desde Chipre hasta la península ibérica, incluyendo Cartago (Túnez) y Gadir (Cádiz). Estos enclaves, situados en islas o penínsulas de fácil defensa, servían como bases comerciales sin pretensiones de conquista territorial. El alfabeto fenicio fue una simplificación del protosinaítico y el protocananeo. Redujeron los sistemas silábicos del alfabeto de Ugarit (Siria), de 30 signos a 22 caracteres consonánticos. Además, innovaron con la escritura lineal y dextrógira (de derecha a izquierda), facilitando su grabación en papiro, cerámica o piedra. La simplicidad del alfabeto fenicio rompió el monopolio de escribas y sacerdotes, permitiendo que comerciantes y artesanos accedieran a la escritura, democratizándola, permitiendo su uso al pueblo en general.

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