Internacional
Por
Redacción
Publicado el viernes, 25 de julio del 2008 a las 22:11
Washington, D.C.- Su monstruo por fin se irá para siempre. El loco que secuestró, violó, torturó brutalmene y casi mata a una estudiante de periodismo recién graduada de la universidad de Columbia en 2007, fue sentenciado el día de ayer a pasar 422 años en prisión.
El convicto asesino, quién de hecho ha pasado la mayor parte de su vida adulta tras las rejas, ayer fue sentenciado a la máxima pena permitida por la ley, y estará encerrado practicamente hasta que muera.
Pero nada se compara con el dolor que Robert Williams ha dejado a su víctima, quien muy apenas sobrevivió al hecho de haber sido violada, rebanada en pedazos con un cuchillo de carnicero, quemada con agua hirviendo, drogada hasta el umbral de la muerte y luego dejarla medio muerta en el sofá de su sala prendido en llamas.
“Estoy temerosa de salir a la calle”, escribió ella a los abogados, esto de acuerdo a una excrepta obtenida por el Washington Post.
La ahora joven de 24 años de edad, vive fuera del estado con su familia, y no estuvo presente en la corte, sino que envió su declración por escrito en grandes volúmenes.
William, de 31 años de edad, evitó ir a la corte, no obstante fue requerido por la fuerza para presentarse a través de una orden del juez.
La víctima dice: “En cada hombre que veo pasar en la calle pienso en la facilidad con la que puede someterme”. Escribió la víctima en una conmovedora carta, en la que describe las 19 horas en las que Williams la tuvo secuestra en su departamento de Hamilton Heights en abril de 1997.
“Cosas tan sencillas como el silbido de la tetera o ver los anuncios de pegamento en la farmacia, me hacían temblar y me dejaban sin aliento”, declara la víctima.
“Quería iniciar como reportera de un periódico”, escribió en la carta. “Había escogido una carrera que me hiciera conocer más personas, fuera de mi entorno conocido”.
“Estaba muy entusiasmada por la posibilidad de viajar por todo el país”, escribió. Justo cuando faltaba un mes para su graduación fue raptada. Venía de preparar su currículum para un nuevo trabajo al día siguiente.
“Ahora”, escribió, “he planeado, por lo menos, una carrera que me mantenga en un ambiente controlado”.
Ella le rogó al jurado que protegiera a la sociedad. “Todo lo que yo pido es que le den a él una sentencia apropiada por el crimen que cometió y que nunca más esté libre para lastimar a alguien más”.
El jurado cumplió, llamando a Williams un “extraordinario demonio”, y condenenándolo a 422 año de cárcel.
Por Laura Italiano
The Washington Post
[email protected]
Traducido Zócalo / Saltillo
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