En columnas anteriores se describió en este espacio la evolución de la escritura hasta culminar en el alfabeto griego, que dio pie a los alfabetos latino y cirílico.
Al hablar de cultura, habitualmente nos circunscribimos a la que se ha cultivado en Occidente, en nuestra parte del mundo, y nos olvidamos del resto, como si no hubiera existido jamás, ignorando las grandes contribuciones al desarrollo de la civilización en general que han aportado.
Con la cada vez más extendida globalización, es menester conocer por lo menos un poco, de estas aparentemente lejanas culturas, que han influido en nuestro devenir, y que cada vez se muestran más presentes y decisivas en la conformación geopolítica de nuestro planeta. Me refiero a las culturas del “ya no tan lejano Oriente”, y específicamente haremos un análisis de sus tipos de escritura, que están directamente vinculados a sus idiosincrasias y formas de pensar, filosofar, comunicarse y actuar.
Los sistemas de escritura del este de Asia forman un fascinante y diverso tapiz tejido con hilos de influencia cultural, innovación lingüística e identidad nacional. El desarrollo del chino, japonés, coreano y mongol, aunque entrelazados históricamente, refleja respuestas únicas a los desafíos de representar el lenguaje, creando sistemas con profundas diferencias, pero también con sorprendentes coincidencias en su evolución e impacto regional y mundial.
El más importante de todos ellos, debido a su antigüedad y número de personas que lo utilizan, y que es además considerado como el “Pilar Fundacional” de casi todo el continente asiático oriental, es el Sistema de Escritura Chino, llamado Hanzi. Se llama así por dos razones fundamentales, relacionadas con la historia y la cultura china: “Han” hace referencia al grupo étnico Han, que constituye alrededor del 92% de la población de China y es considerado el principal grupo étnico y cultural del país. La dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.) fue una de las más influyentes y duraderas, sentando las bases de gran parte de la cultura, administración e identidad china. El término “Han” se convirtió en sinónimo de la cultura china dominante.
“Zi”: Significa simplemente “carácter” o “letra”. Se refiere a cada uno de los símbolos individuales que componen el sistema de escritura. Así que, “Hanzi” significa literalmente “caracteres Han” o “caracteres del pueblo Han”.
Pero el contexto general no es tan sencillo, ya que hay que hacer una distinción lingüística debido a que el término “Hanzi” se usa específicamente para referirse al sistema de escritura utilizado para transcribir los idiomas chinos (como el mandarín, el cantonés, shanghainés, etc.). No se aplica a otros sistemas de escritura de Asia, aunque algunos derivan de él, por ejemplo, “Kanji” es el nombre que reciben los caracteres chinos cuando se usan en la escritura japonesa. La palabra “Kanji” significa literalmente “caracteres Han” en japonés, reflejando su origen chino.
Asimismo, “Hanja” es el nombre que reciben los caracteres chinos en coreano.
En el caso del idioma vietnamita se les llama “Chu Nom”.
El “Mandarín” es el idioma más hablado de manera estándar en China, pero son los caracteres “Hanzi”, los que se usan para escribir el mandarín, así como ya mencionamos también a otros idiomas chinos como el cantonés y el shanghainés.
Aunque los “hanzi” son el sistema de escritura predominante, en China también se usan otros sistemas para idiomas minoritarios, como el alfabeto uigur (árabe) o la escritura mongol, de los que escribiremos más ampliamente en una próxima columna.
El Sistema de Escritura “Hanzi” surgió durante la dinastía Shang (c. 1600-1046 a.C.) en forma de inscripciones oraculares en hueso y bronce, es uno de los sistemas de escritura más antiguos en uso continuo. Evolucionó a través de diversas formas estilísticas (escritura de bronce, sello, clerical) hasta estabilizarse en su forma moderna. Por su naturaleza es esencialmente logográfico, ya que cada carácter “Hanzi” representa principalmente una unidad de significado (morfema) y una sílaba. Su estructura es compleja, combinando componentes semánticos y fonéticos.
El desarrollo de la escritura en China, Japón, Corea y Mongolia es una historia muy interesante en cuanto a interacción y divergencia. Mientras el sistema chino logográfico sirvió como piedra angular cultural para Japón y Corea, estos respondieron con ingeniosas adaptaciones (el sistema mixto japonés) o con revoluciones científicas (el Hangeul coreano) para capturar las particularidades de sus lenguas. Mongolia, por su parte, siguió un camino diferente, adaptando sistemas alfabéticos de raíz occidental para sus necesidades en las estepas. Las diferencias en tipo (logográfico, silábico, alfabético), origen y estructura son profundas. Sin embargo, las coincidencias en la influencia cultural china, el uso histórico compartido de caracteres, la tendencia hacia sistemas mixtos o complementarios, la elevación de la caligrafía a arte y, sobre todo, el papel de cada sistema como pilar fundamental de identidad nacional y expresión cultural, tejen un vínculo indisoluble entre estas formas de plasmar el pensamiento.
Escribir y leer en chino es un gran desafío, ya que, por su ausencia de un alfabeto progresivo y la inmensa cantidad de caracteres necesarios, entre 2 mil 500 y 3 mil 500, lo convierten en uno de los sistemas escritos más difíciles del mundo.
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