Seguridad

Publicado el jueves, 21 de agosto del 2025 a las 17:02
Temixco, Morelos – La noche del 27 de enero de 2022, la vida de Ana Luisa Garduño, activista incansable y abogada, terminó de forma abrupta en el bar Apolo XI, del que era dueña.
Su asesinato, catalogado por el gobierno federal como un ataque directo, se sumó a la larga lista de crímenes contra defensores de derechos humanos en México. Este trágico final llegó después de más de una década dedicada a buscar justicia por el feminicidio de su hija, Karen Huicochea.
Las autoridades de Morelos, bajo la presión mediática, barajaron varias líneas de investigación, que iban desde un probable robo con violencia hasta una posible represalia por su activismo.
Sin embargo, la sombra más oscura que cubrió el caso fue la posibilidad de que su asesinato estuviera vinculado con el mismo hombre que mató a su hija diez años antes. A día de hoy, ninguno de los dos crímenes ha sido resuelto.
La pesadilla de Ana Luisa Garduño comenzó la tarde del 12 de diciembre de 2012. Su hija Karen, de 17 años, fue asesinada a tiros en su propio domicilio por su ex novio, Eduardo “V”, quien se dio a la fuga.
A pesar de que la familia proporcionó a la fiscalía todos los datos del presunto feminicida, incluyendo su residencia en Jalisco, la investigación se estancó.
Una recomendación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) expuso las graves deficiencias de las autoridades de Morelos. La CNDH determinó que los oficiales no actuaron de forma inmediata, lo que le dio al sospechoso el tiempo suficiente para desaparecer.
Además, se reveló que personal de la entonces Procuraduría de Morelos llegó a pedir dinero a la familia para poder viajar a Jalisco a buscar al asesino, alegando falta de recursos. La orden de aprehensión nunca fue ejecutada.
Ante la impotencia y la ineficiencia de las instituciones, Ana Luisa tomó una decisión radical: se hizo abogada. Cursó una maestría en Derecho Penal y, con sus nuevos conocimientos, fundó el colectivo “Ana Karen Vive A.C.”, dedicado a acompañar y asesorar a familias de víctimas de feminicidio y desaparición.
Su activismo no se limitó a su colectivo; también denunció públicamente la incompetencia de las autoridades y se integró a diversas organizaciones, incluyendo el Frente de Víctimas de Morelos. Su trabajo la llevó incluso a laborar como técnica profesional en la Fiscalía, la misma institución que había fallado en el caso de su hija.

A 13 años del asesinato de Karen y casi cuatro años del de Ana Luisa, el caso de la familia Garduño-Huicochea se ha convertido en un símbolo de la impunidad en México. La falta de resultados ha generado indignación a nivel nacional e internacional.
El crimen de Ana Luisa Garduño, en particular, atrajo la atención del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU DH), que hizo un llamado a las autoridades mexicanas para esclarecer el caso y garantizar la seguridad de los defensores.
El caso de Karen, un feminicidio que pudo haberse evitado si las autoridades hubieran actuado a tiempo, se ha sumado a la lista de miles de crímenes de género que quedan impunes.
El asesinato de Ana Luisa, la madre que dedicó su vida a combatirlos, demuestra la brutalidad a la que se enfrentan quienes deciden alzar la voz en un sistema de justicia deficiente.
Ana Luisa Garduño, activista que buscaba justicia por el feminicidio de su hija, fue asesinada en Morelos. Ambos crímenes permanecen impunes.
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