“Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes”. J. Benavente
Desde que la Doctora Beatriz Gutiérrez Müller, optó por no utilizar el título de primera dama y enfoco sus actividades, como escritora, periodista, historiadora e investigadora, se dio una ausencia en el cargo, y por primera vez, con un presidente casado, tuvimos una “no primera dama”.
Después de excesos, como la el de la pareja presidencial en tiempos de Fox. La cuarta transformación trajo un estilo distinto, donde la pareja del Presidente permanece al margen del ejercicio y funciones de un cargo para el cual no fue electa.
En la sociedad patriarcal, el hombre es concebido como el sujeto exclusivo y absoluto, mientras que la mujer se define en relación a él, siendo reducida a “lo otro”.
Al auto determinarse como autónoma de la figura presidencial, Beatriz Gutiérrez Müller, se encaminó para decidir su vida y su futuro, de manera libre y con independencia económica a través del ejercicio de su actividad profesional.
A ella la recordamos, como escritora a través de la lectura de sus obras o de los eventos culturales en los que participa .
No permitió que un hombre, la definiera, ni siquiera el dirigente del movimiento, más importante que ha surgido en las últimas décadas.
Acompañó como todas las posturas políticas que compartimos de un gobierno de izquierda y desde su pluma de historiadora, reforzó la implicaciones de la conquista en el derecho humano de los pueblos originarios.
La derecha es la misma, nutrida de odio sembrado en el fanatismo, religioso y anclada en las instituciones del antiguo régimen: las monarquías, los Estados clericales y el patriarcado.
Cuán temible deben ser para los carcas, una mujer empoderada, para lanzarse en una campaña de infundios y noticias falsas, por las cuales inventan, residencia y nacionalidad y persiguen a joven hijo.
Cómo conozco su gusto por Quevedo, entre tanta literatura que trae a cuestas, intento mal esta octavilla:
Es una mujer honrada
Por la gracia de su acción
Que escribe buenas historias
En la prosa la oración.
Quién la pintó incongruente
No la conoce, engañó
Qué ha pasado más pantanos
Que el plumaje de Díaz Mirón
Quede aquí la Moraleja
De qué ahí mismo no vivirá
Y si ahí, ni vive o mora
Sólo no lo entenderá
El de plumaje que entinta
Y la tinta negra ciega
Y no alcanza ni a comprender
Un miserable ABC.
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