El programa Hambre Cero rescató de la pobreza a 30 millones de personas en Brasil durante el doble mandato de Luiz Inácio Lula da Silva y los primeros años de Gobierno de Dilma Rousseff, a quien preparó para sucederle y ser la primera Presidenta del gigante sudamericano. Lula desempeña hoy su tercer periodo, y Rousseff está al frente del Nuevo Banco del BRICS, único bloque capaz de plantarle cara a Donald Trump, el atrabiliario e iracundo líder de Estados Unidos.
El paralelismo del tándem Lula-Rousseff con el de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum salta a los ojos. Los cuatro proceden de movimientos de izquierda reprimidos por dictaduras; la brasileña, militar, encarceló a Rousseff por su participación en la organización guerrillera Comando de Liberación Nacional (Colina); y la mexicana, bajo el régimen del PRI, que el escritor Mario Vargas Llosa calificó de “perfecta”. La atención a los sectores vulnerables permitió abatir la desigualdad. Lula alcanzó la Presidencia tras cuatro campañas, y López Obrador, en su tercer intento. Rousseff y Sheinbaum pasaron del activismo a la política y de allí a la Presidencia de sus respectivos países. La piedra angular de los gobiernos de Lula y AMLO fueron los programas sociales.
En el sexenio pasado salieron de la pobreza 13.7 millones de personas y 1.7 millones del grado de pobreza extrema, de acuerdo con el informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). La presidenta Sheinbaum contextualizó “la hazaña de López Obrador y de la Cuarta Transformación: “[…] durante la pandemia, y por el cierre de empresas (…), para evitar contagios, el PIB en el 2020 cae como (un) 8%, una caída fuertísima; y se recupera prácticamente en el 21-22. En aquella época, todas las voces de la derecha, del PRIAN, de los intelectuales vinculados con ellos, decían que “México tenía que endeudarse”; que “si no se endeudaba no iba a haber recursos económicos para poder levantar el país, que era ‘un error no endeudarse’ o ‘no dar mucho más facilidades a los grandes empresarios’ como era antes”.
La decisión de AMLO —dijo— consistió en “no aumentar la deuda y apoyar a los de abajo, mantener los programas de bienestar y un programa muy intensivo […] de créditos […] a pequeñas empresas […], comerciantes, taxistas e incluso a meseros”. El país se recuperó rápido —apuntó— y obtuvo reconocimiento internacional por el manejo macroeconómico. Sheinbaum atribuyó el resultado a la inversión en infraestructura y social —“aunque digan que no”— y al incremento sostenido del salario mínimo. En el sexenio de AMLO las remuneraciones subieron más de 100% en términos reales: pasaron de 102.68 a 248.93 pesos diarios. Las tesis neoliberales según las cuales la riqueza permearía y los salarios dispararía la inflación, resultaron erróneas, declaró la Presidenta en la rueda de prensa del 14 de agosto.
La pobreza extrema en Brasil dejó de reducirse y repuntó ligeramente en el mandato de Rousseff a causa de la crisis financiera mundial. En la gestión del derechista Jair Bolsonaro las cosas fueron a peor, pues el fenómeno volvió al nivel de hace 30 años (Red Penssan). En México la pobreza afecta todavía a 42 millones de personas, alrededor del 30% de la población. Si el Gobierno de la presidenta Sheinbaum mantiene el ritmo observado en el sexenio pasado, la 4T podrá rebasar los resultados del programa Hambre Cero de Lula.
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