Piedras Negras, Coah.- En 2019, la periodista nigropetense Laura Martínez Posada disfrutaba uno de los momentos más plenos de su vida. Apasionada por su trabajo en radio, televisión y prensa escrita, se encontraba dedicada también a la maternidad y disfrutaba su familia, así como una rutina llena de proyectos, de sueños. Pero algo dentro de su cuerpo comenzó a cambiar.
“Yo estaba muy enfocada en mi trabajo, me apasionaba el radio, era algo que me fascinaba, me apasionaba con todas mis fuerzas y el estar algo saturada de ese entorno, trabajo, compromisos y demás, luego como que uno va postergando y dejando para después la situación de salud, luego voy, luego me atiendo, no pasa nada”, indica.
“Experimentaba mucho cansancio, por más que comiera bien, por más que descansara las ocho horas, yo sentía que ese cansancio no lo podía recuperar, siempre estaba cansada, me sentía muy fatigada, entonces en aquel año yo estaba amamantando a mi bebé, mi niño más chiquito que tenía un añito”, recuerda.
Un día mientras amamantaba, notó una mancha gris en su seno izquierdo. No le dio importancia. Había tenido mastitis antes y pensó que se trataba de lo mismo. Pasaron los meses hasta que una mañana, al salir de bañarse, se palpó una bolita. Esa vez sí se alarmó.
“Damos todo por hecho, porque estoy trabajando no me va a pasar nada, porque estoy amamantando no me va a pasar nada y en la lactancia incluso puede llegar esta noticia, en ese momento, en esa etapa más hermosa como mujer”, indica.
“No hay que dejar de lado nuestro cuerpo, el cuerpo habla, el cuerpo te avisa que algo está mal”, subraya.Laura Martínez Posada con su esposo y sus hijos.
Su esposo la animó a consultar de inmediato. El diagnóstico no llegó rápido. Entre consultas, opiniones y exámenes, el año terminó con una noticia devastadora: Cáncer de mama, etapa 2.
“Entonces voy con una doctora que me había atendido la mastitis, me manda a hacer unos exámenes médicos, entre ellas una mamografía, voy a la Cruz Roja, me dice la chica: Señora ¿por qué no pide otra opinión, esto está muy extraño porque usted está amamantando y nosotros no hacemos mamografías en este periodo”, precisa.
“Esta doctora me decía todo bien, yo te opero en el consultorio. Entonces eso a mí no me checaba, no me latía, buscamos una segunda opinión, fue precisamente con el médico con quien siempre atendí mis embarazos, me dice vamos a hacer una biopsia. Ya era diciembre de 2019 cuando me entregan un resultado de cáncer positivo, cáncer de mama etapa 2”, detalla.
La noticia para Laura fue devastadora, porque al escuchar la palabra cáncer lo tomó como sinónimo de muerte, sólo abrazó a su esposo.
Acudió a una tercera opinión con un médico cirujano quien la operó el 4 de enero de 2020, luego de la anestesia Laura abrió los ojos y preguntó a su esposo ¿qué es? Y él respondió: es cáncer.
“Es un momento en el que te llenas de mucho miedo, de mucho pánico, mucha incertidumbre y de mucho dolor, porque yo estaba con mi chiquito de un añito y luego con mi otro niñito de tres añitos, a mí me mataba el hecho de que se iba a quedar mi esposo viudo con dos niños pequeños, ¿qué va a hacer mi esposo con dos niños?, ¿qué van a hacer mis criaturas sin mamá?”, expresa.
Venció el cáncer, pero sobre todo venció el miedo.
La doble batalla:Cáncer y pandemia
El médico oncólogo cirujano recomendó tomar el tratamiento en Monclova, pero llegó la pandemia por Covid-19. Los hospitales cerraban, los tratamientos se suspendían y el miedo se multiplicó.
“Mi vida estaba en riesgo por el cáncer y también por el virus. No había vacunas, no había medicinas, todo era incertidumbre. Yo pensaba: Si no muero por una cosa, moriré por la otra”, indica.
El epicentro del virus en Coahuila era Monclova, justo donde recibía sus quimioterapias. Hubo momentos en que temió no poder continuar con el tratamiento. Le tenía miedo a la noche, estaba llena de pánico, pero fue ahí, en medio del miedo, donde algo cambió.
“Mi vida estaba en riesgo con el cáncer y también me sentía amenazada con el Covid”.
“Ahí fue donde tuve un encuentro personal con Dios, le busqué de una forma desesperada”, añade.
La fe se volvió su medicina más fuerte. A través de la oración y la lectura encontró calma para seguir enfrentando los tratamientos y esperanza para mirar el futuro.
“Entendí que no sólo tenía que sanar el cuerpo, sino también el alma”, subraya.
La fuerza del amor
Durante todo el proceso, su familia fue su soporte más grande. Su madre se convirtió en su ángel terrenal, haciéndose cargo de su casa y de sus hijos mientras ella luchaba contra los efectos de las quimioterapias. Su esposo fue su compañero incansable, enfrentando el miedo y la presión económica.
“Le agradezco todo a mi mamá, ella se tuvo que hacer cargo de mi casa, del cuidado de mis hijos. Siempre estuvo ahí”, indica.
“Mi esposo José no dejó de trabajar ni un solo día, yo sé que vivía con un estrés enorme. Las cuentas seguían, la comida, los traslados. Pero nunca me dejó sola”, resalta.
Otra complicación de salud
Laura ya había realizado su tratamiento de quimioterapias y radioterapias, pero un día se cayó y se fracturó el pie, por lo que uno de sus tíos más queridos, a quien veía como su segundo papá, acudió a llevarle una andadera para que pudiera movilizarse.
“No sabíamos que tenía Covid, eso fue un martes y para el sábado fallece de Covid, fue todo completamente abrupto”.
“Para el viernes yo ya estaba con temperatura, dolor de cuerpo, me sentía súper mal, el médico nos hizo pruebas y todos contagiados de Covid y pues ahí viene el terror otra vez, yo decía ahora me voy a morir de Covid”, agrega.
La periodista Laura Martínez Posada.
Volver a vivir
Después de ocho quimioterapias, cirugías y complicaciones, Laura salió avante y hoy lleva su testimonio como sobreviviente de cáncer, para dar fe y esperanza a quienes pasan por la enfermedad y para hacer conciencia sobre la detección temprana, luego de hacer una pausa en su carrera periodística.
“Fue una de las decisiones más difíciles en mi vida profesional, el desprenderme de mi trabajo que era un sueño para mí, de ver pausada mi carrera”.
“Luego viene una invitación por parte del GAC para compartir mi testimonio, en el municipio de Guerrero y ya son cuatro años consecutivos de llevar este testimonio a personas que reciben este tipo de diagnósticos”, añade.
Además pertenece al ministerio Kardo México, el cual llegó en su proceso de cáncer y su necesidad de buscar a Dios, por lo que ahora comparte conferencias y pláticas.
“Este ministerio ha traído mucha bendición a mi vida y como yo he recibido mucha bendición, yo también quiero dar de lo que yo he recibido, para que más personas puedan alcanzar este gozo de conocer a Dios”, puntualiza.