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Coahuila

¡Qué complicado!

Por Fernando de las Fuentes

Hace 5 meses

“La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda”.
Voltaire

 

La mayoría suponemos que por haber leído u oído algo nuevo que se ajusta a lo que queremos creer, ya sabemos la verdad; por saberla, conocemos bien el asunto y, por tanto, lo entendemos. Y es así como vamos por la vida opinando con la inquebrantable seguridad que sólo da la ignorancia.

Esta simplificación mental se llama en sicología sesgo de confirmación, en filosofía se trata de una arquitectura defectuosa del argumento, en forma de falacia de evidencia incompleta, y en lenguaje común y corriente, conformismo mental. Su función es minimizar el esfuerzo de actualizar creencias y eliminar el impacto emocional de enterarnos de lo que no queremos saber.

A esa simplificación se llega mediante la confusión semántica de los términos ligados al proceso de aprendizaje, que deriva en un andamiaje racional tan débil, que en cualquier momento puede sufrir una caída mortal el albañil que constantemente está apuntalando de nuestra necesidad de no saber, sostenida tan sólo por nuestra necedad.

Saber no es conocer y conocer no es entender. Los tres conceptos forman, consecutivamente, un proceso que deriva en aprender. Sé cuando incorporo un dato nuevo a mi registro de las cosas que quiero tener presentes y lo conservo en la memoria, conozco cuando dudo e indago en consecuencia, entiendo cuando integro lo indagado a mi experiencia, generalmente haciendo asociaciones mentales, para darle sentido. Entonces y sólo entonces he aprendido.

Cada uno de los elementos de esta cadena cognitiva tiene su propio grado de complejidad… y ese es el problema: al cerebro humano, especialmente en nuestra modernidad líquida, le gusta lo instantáneo, busca la conclusión “Maruchan”. Simplificar es ciertamente parte del aprendizaje, pero como una forma de síntesis tras complicar o problematizar. Ambos interactúan para formar lo complejo, un tipo de conocimiento heterogéneo y múltiple, pero congruente, que siempre conlleva, por lo menos, una nueva pregunta.

Si esta explicación le parece complicada, la pasa de largo sin cavilar, o incluso considera abandonar la lectura, está usted experimentando lo que le acabo de exponer. Ni más ni menos: repulsión a descomplicar, a preguntar, a sintetizar, a que las cosas no sean como cree.

Ahora bien, toda verdadera inteligencia se pone en marcha con una pregunta, ciertamente. Sin pregunta, sin curiosidad, no hay proceso de aprendizaje. Esto puede parecer una obviedad, pero mucha gente no pregunta, sólo toma lo que le dicen o lee y decide creer en ello. Por eso la mayoría no utiliza la Inteligencia Artificial como apoyo cognitivo, sino como salvoconducto para no pensar o para recibir confirmación, de ahí que la personalidad de la IA sea complaciente por default.

Ahora bien, cuando un cerebro evita el mecanismo de complicar para después simplificar, a la larga se atrofia individual y colectivamente, con consecuencias generacionales que transforman de manera absurda la cultura, la política y el mundo; deterioran la convivencia social y nos van convirtiendo en la especie más estúpida del planeta.

Hay estudios científicos que apuntan a una disminución gradual de la inteligencia humana, pero que no le preocupe esa generalización, con el caso personal basta: quien se vuelve menos inteligente tiene menos posibilidades de sobrevivir, primero, y de vivir como le gustaría vivir, después, porque cualquier logro requiere ese mínimo esfuerzo que estamos dejando de hacer.

Sobrevivir y vivir como se desea implica, insoslayablemente, adaptarse, y sólo se adapta la gente inteligente. La demás vive quejándose, echándole la culpa a otro y haciéndole reproches que ni al caso, para colmo; frustrándose, victimizándose, huyendo de sus responsabilidades; creyendo que tiene la razón y que los diferentes están equivocados.

Esta actitud es campo fértil para la polarización social que tanto daño nos hace como individuos y como colectivo. Si queremos ser una sociedad menos polarizada, más lúcida, crítica y menos reactiva, tenemos que ser mejores personas, cada uno de nosotros. Este artículo sólo es una sugerencia de por dónde empezar.

 

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