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Coahuila

¡Aunque usted no lo crea!

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 11 meses

Esta es la historia de un honesto agente de tránsito
 

El hijo de don José Contreras, el lechero del Ojo de Agua, nació para ser servidor público, con más 50 años en la profesión de agente de tránsito, y siendo un jovencito, de 17 años, portaba con mucho orgullo el uniforme de la seguridad pública local.

Catarino Contreras, desde un principio vio la oportunidad de servir al prójimo en una profesión que desde niño le apasionaba. Apenas terminó la instrucción primaria y se presentó ante el siro libanés Jorge Masso Masso, director de la Policía Estatal, quien, al ver al chamaquillo aquel de apenas 15 años, le dio un noble consejo: “Sí, tú vas a ser un buen agente de tránsito, pero primero prepárate, desarróllate, hazte más hombre”.

Y lo inscribió en la Academia Comercial Gabino García, donde terminó su carrera en esa gloriosa escuela de doña Amelia (Melita) Vitela y del profesor Gabino García, donde abrevó los conocimientos que le sirvieron a Catarino en el Departamento de Tránsito, pues a diferencia de muchos de sus compañeros, él escribía correctamente y a la perfección en la máquina mecánica y luego en la computadora, y además su escritura es aceptable gramaticalmente hablando. Al menos no integraba las boletas con las faltas ortográficas que a muchos de sus antiguos colegas agentes viales les caracteriza o les es característico.

Él se casó con una muchacha de Monclova, Juana María Martínez, y procrearon tres hijos: Catarino, Virginia e Isabel.

Contreras adoptó una disciplina que le hacía abandonar el hogar desde muy temprano y el regreso hasta muy noche, porque como dice él, era un servidor público de tiempo completo.

“A nosotros nos enseñaron que la disciplina se cumple totalmente, no a medias. La honradez es otro factor que también aprendimos en la carrera de agente vial, y por eso en mis 50 años como servidor público, nunca tuve un problema con nadie, porque no extorsioné o le robé algo. Esto lo llevo como un blasón de orgullo que heredé a mi familia”.

Su paso por el Departamento de Tránsito Municipal de Saltillo fue muy respetado y él era muy estimado por sus compañeros. Enseñó muy bien a las nuevas camadas de agentes viales, como comandante que fue de la corporación.

Después de Manuel Corpus, Catarino fue el más antiguo servidor vial de la ciudad, pero nunca recibió un homenaje. Así es la vida o la gente, de caprichosa.

Él abrevó el conocimiento de auténticos agentes viales como Vicente Rangel, Carmelo Cipriano, Antonio Quintero, Antonio Luna, José Flores Zúñiga, Carlos Márquez, Arturo Smith, Vicente Sánchez, Gabriel Ayala, Raymundo y Homero Salazar, Gilberto Castillo, Humberto Medina, Mauro González y muchos más.

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