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Coahuila

Una navidad en la Aurora y un cuento de la vida real

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 10 meses

Estamos a unos días de celebrar una de las fiestas más importantes dentro del calendario de festividades anuales mexicanas: la Navidad. Hoy voy a contar un cuento de la vida real que me contaron y tiene que ver con un amigo de mi tiempo, Carmelo Pérez, hijo de aquel famoso guitarrista de la orquesta de don Lorenzo Hernández.

En su niñez, en la casa de su abuela materna, no había dinero para comprar un pino natural; la señora iba al monte y cortaba una frondosa rama de un mezquite, el que colocaba en un bote de cuatro hojas de lata, relleno de tierra para las macetas. Carmelo y los demás nietos reunían piedras de (ripio (fragmentos pequeños y angulares de roca, ladrillo u otros materiales de desecho, usados principalmente en construcción para rellenar huecos), los colocaban en torno a la rama de mezquite, y sobre ellos el musgo, traído de una serranía cercana. En seguida colocaba el pesebre, las figuras de barro del misterio, San José, la Virgen María y el Niño Dios; a los lados el ángel, el buey y la burrita, después el resto de las diferentes figuras, y al ultimo las esferas y la serie de foquillos de colores.

La casa de don Cipriano Pérez se ubicaba cercana a los arcos donde antaño corrían las aguas Navarreñas para mover las turbinas de las fábricas textiles ahí instaladas.

La vivienda era humilde, construida de adobe, piso de tierra y techos de madera. La señora utilizaba la famosa chimenea para preparar los alimentos mediante el encendido de madera o trozos de troncos traídos del monte; ahí, en la tarde de Navidad, ponía a cocer los clásicos tamales de puerco, de pollo, de frijoles y de queso.

Como todo niño, Carmelo soñaba con recibir, la mañana del 25 de diciembre, un tren de pilas o un carro de cuerda, las niñas las famosas muñecas de plástico que denominaba “sololoy”. Don Cipriano llegaba hasta el 25 por la tarde, pues, como parte integrante de la orquesta de Lorenzo Hernández, hacían una gira casi los nueves días que duraban las posadas por el interior del estado, para amenizar los bailes tradicionales.

Finalizaban en Club México de Nueva Rosita, la noche del 24 de diciembre, cuando tocaban en Piedras Negras los músicos y don Lorenzo cruzaban a Eagle Pass, Texas, para comprarse ropa para ellos y para la familia y uno que otro juguete.

Regresaban muy cansados el 25 por la tarde y descansaban toda una semana para luego cerrar con broche de oro el baile de fin de año en la Sociedad Mutualista y Recreativa Manuel Acuña.

Muchos de los cuentos de navidad mexicanos se basan en tradiciones y leyendas populares, en este cuento los personajes son de la vida real, se enfrentan a diversos obstáculos, pero finalmente logran celebrar la Navidad con alegría y amor.

 

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