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Coahuila

Convertir la palabra en espacio

Por Alfonso Yáñez Arreola

Hace 9 meses

Existe agenda universitaria que sigue siendo inédita, ocurre cuando las voces de las nuevas generaciones coinciden en una misma visión. El primer Parlamento Estatal de Mujeres Universitarias en Coahuila, fue una muestra de ello; coincidieron mujeres de distintos municipios, insituciones de educación superior y contextos. Eso es resultado del trabajo académico, convicción juvenil y la claridad de que los espacios no se piden, se construyen.

Desde la Facultad de Jurisprudencia, atestiguar este ejercicio fue una confirmación de algo que en la universidad sabemos bien, el derecho no se aprende sólo en los libros, se entiende, se cuestiona y se transforma cuando se ejerce. Este Parlamento fue precisamente eso, aprendizaje en acción.

Mi reconocimiento al trabajo de la Red Mundial de Jóvenes Políticos, que hizo posible este ejercicio, y en especial a Betel de la Fuente, directora estatal de la Red en Coahuila, así como a Victoria Cantú, ambas formadas académicamente en nuestra dilecta Jurisprudencia. Verlas plenear, participar, organizar y acompañar este Parlamento es una muestra clara de lo que ocurre cuando la formación universitaria se conecta con la realidad social. El Parlamento no fue un simulacro, fue un espacio serio, pero no rígido; formal, pero cercano. Un lugar donde las ideas circularon con libertad, donde el diálogo se dio sin miedo a pensar distinto y donde quedó claro que la participación política también puede construirse desde la escucha en alianza con las instituciones. La apertura del Congreso del Estado, el apoyo de la diputada Luz Elena Morales y la participación del jurado integrado por expertas de los tres poderes del Estado fue una pieza fundamental para la realización.

Uno de los mayores aciertos de este ejercicio fue la diversidad. No todas las participantes llegaron desde el mismo lugar ni con las mismas historias, pero sí con una coincidencia esencial: la voluntad de decir algo, de proponer y de imaginar escenarios distintos. En tiempos donde muchas veces se desconfía de la política, ver a jóvenes universitarias apropiarse de estos espacios devuelve la esperanza en la participación democrática.

Felicito a las participantes, especialmente a las ganadoras del primer Parlamento: Aranzazú Rojo, de Torreón; Regina Berlanga y Alba Nuncio, de Saltillo; Victoria García, de San Buenaventura y Ana Sofía Reyes, de Sabinas. Su próxima participación en el Congreso de la Unión, la claridad de sus propuestas, la solidez de sus argumentos y la manera en que demostraron que el talento, la preparación y la sensibilidad van de la mano dejó un mensaje poderoso: las ideas bien construidas siempre encuentran eco en la sociedad. El verdadero valor de este Parlamento está en el efecto, en lo que provoca después y en la conversación que continúa. En la seguridad que se fortalece cuando una joven descubre que su voz tiene peso y que su opinión importa.

Estos ejercicios nos recuerdan por qué es indispensable abrir las puertas, acompañar iniciativas y confiar en las juventudes. La formación profesional no puede estar desconectada de la vida pública, debe impulsarla, cuestionarla y enriquecerla. Necesitamos espacios donde el derecho se piense desde la pluralidad, donde las diferencias se reconozcan y donde la participación no sea excepción, sino una práctica constante.

Desde este primer Parlamento, desde la casa de estudios de las y los abogados de Coahuila y desde la convicción institucional que nos define, reiteramos algo que cobra sentido cuando se vive: SI HAY DERECHO HAY SOCIEDAD. Cuando hay sociedad que participa, el futuro deja de ser promesa y empieza a construirse.

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