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| Josh O’Connor da vida a un desencantado hombre.

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Mente Maestra o de la indolencia existencial de un criminal sin dolo; de MUBI a tu pantalla

  Por Grupo Zócalo

Publicado el sábado, 31 de enero del 2026 a las 04:05


Visita el crítico de cine el filme más reciente de Kelly Reichardt disponible en la plataforma de streaming

Valdemar Ayala Gándara | Saltillo, Coah.- Un plan lamentable da pie a una admirable película indie, de bajo presupuesto y nitidez en el manejo del tono menor y mesurado.

La sencillez diáfana de Mente Maestra, el filme más reciente de Kelly Reichardt, hace honor, en 2025, al cine de autor estadunidense de los años 70 -período admirable de Hollywood como ningún otro posteriormente- y se relaciona en cierto grado con el estilo y la idiosincrasia de cineastas como Richard Linklater, Alexander Payne y Noah Baumbach, pero en definitiva se hermana más aún con las poéticas de Jim Jarmusch y Aki Kaurismäki, caracterizadas por la parsimonia expositiva, la naturalidad en la construcción de situaciones y caracteres, y la carencia de dramatización, lo cual acentúa el planteamiento convincente de las circunstancias y los problemas propios de los personajes, que son gente común, pero auténticamente singular.

En esta historia, nada sucede según los planes, todo “propósito” deviene despropósito, y la personificación del fracaso se formula de manera anticlimática pero irreversible, sin crisis ni caos sino con toda normalidad, lo cual acaba siendo más desolador.

Para dar vida convincente a esta historia, se requirieron actuaciones con capacidad de reflejar el desencanto, la falta de entusiasmo, la nulidad de los más mínimos esfuerzos. Y en tal labor histriónica sobresale el trabajo excepcional de Josh O’Connor, quien representa a James Blaine Mooney -nótese la ironía del apellido-, exestudiante de artes, carpintero desempleado, insípidamente casado con una mujer que lo solapa de forma consciente e inconsciente (Alana Haim), con dos hijos un tanto quisquillosos -por no decir insoportables-, e hijo de un juez que no deja de juzgar desde la cabecera de la mesa del comedor.

En tales circunstancias, el ordinario J. B. Mooney tiene una ocurrencia aspiracional -o una corazonada delictiva, más bien ingenua-, con el fin de ganar una buena cantidad de dinero, por medio del robo de cuatro obras de arte del pintor abstracto Arthur Garfield Dove propiedad de un museo de provincia, en el tránsito entre los 60 y los 70, es decir, en tiempos de la Guerra de Vietnam y también del inicio del movimiento de liberación femenina.

La falta de pericia de J. B. para diseñar el plan y conformar su equipo de cómplices será proverbial al interior de la propia historia, y habrá de empujar al personaje a una inocente huida como forajido primerizo, subiendo y bajando de autobuses y mostrando una torpeza que crece a cada paso que da, hasta que el infortunio lo atrapa como el papel adhesivo a una mosca, en medio de un mitin pacifista en contra de la invasión gringa de aquella época en el sureste de Asia, contrastando el guion, con gran tino, al desencantado personaje gris, fuera de lugar sobre el fondo de una colorida protesta hippie, impulsada por la conciencia social y antibelicista.

Aun siendo una película que apuesta por la prioridad argumental bajo un tono moderado, a partir de la transparencia formal propia de la estética realista, dos aspectos visuales merecen reconocimiento por su refinada solución, fruto del trabajo del director de fotografía Christopher Blauvelt: las composiciones de los encuadres -de lograda riqueza y equilibrio-, y el sutil manejo cromático que se apega con precisión a la paleta de tonos de saturación media característica de las películas de los años setenta.

Con el planteamiento sistemático de los códigos visuales citados, el mesurado ritmo narrativo que se hilvana sutilmente y la naturalidad actoral que responde con acierto a la sencillez de la trama, Reichardt -guionista, directora y editora del filme- construye una obra lograda, equilibrada y detallista, retratando la indolencia existencial de un joven perdido en sus anhelos y finalidades para mejorar el porvenir de su familia, aunque carezca del más mínimo talento -y malicia- para ser un exitoso criminal.

Disponible en MUBI, Mente Maestra es una película que sorprende sin sobresaltos y   convence por su rigor, justificando el haber sido nominada para la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes del año pasado.

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