Nacional
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Reporte Índigo
Publicado el sábado, 27 de noviembre del 2010 a las 16:00
México, DF.- No importa cuántas veces el Gobierno federal difunda que en esta guerra hay avances; las huellas que está dejando la violencia en la sociedad civil nunca podrán borrarse.
Día a día se tejen historias de ineptitud y corrupción policiaca. De mentiras oficiales y de impunidad.
De casos que prueban que la sociedad civil está desesperada, al grado de defender sus propiedades a balazos, como Alejo Garza Tamez en Güemes, de Tamaulipas.
Un hombre que en vez de llamar a la Policía o al Ejército decidió enfrentar solo a los criminales para resguardar su rancho. Estos hechos ya son parte de nuestra historia.
Hace pocos años, nada más los habitantes de la Ciudad de México decíanpublicamente que conocían a alguien que había sido víctima de la delincuencia.
Hoy todos en el país conocemos a una o más víctimas. Y en los últimos meses se ha vuelto una experiencia común en el norte…
Los asesinatos de Silverio Cavazos, ex gobernador de Colima, y del médico Mario Eduardo Robles Gil están rodeados de contradicciones y mentiras oficiales.
Tienen el sello característico de la mezcla de delincuentes y políticos.
Porque el médico oftalmólogo Robles Gil fue asesinado el mismo día que el ex gobernador, y a manos de policías.
La primera versión del Gobernador actual, Mario Anguiano, fue que el doctor murió por una confusión, cuando conducía su camioneta e hizo movimientos extraños.
Pero debido a la presión de la comunidad médica tuvo que aceptar públicamente que el oftalmólogo había sido asesinado por policías cuando regaba el jardín de su casa.
Y otras historias hacen que los ciudadanos se sientan vulnerables incluso cuando se encuentran en reuniones o eventos sociales.
Resultan casi increíbles las nuevas estrategias que aplican los delincuentes.
En algunos casos gracias a la foto con la novia en una ceremonia nupcial, los criminales detectan su botín.
En otros, la entrega de pizzas ayuda a ubicar el sitio ideal para irrumpir en una fiesta.
Aquí te presentamos cinco historias de desesperación, vulnerabilidad, ineptitud y violencia. Su huella no podrá borrarse de la historia del Estado mexicano.
ASALTO A DOMICILIO Una práctica común y segura en Monterrey, especialmente los fines de semana
Hoy, los criminales aprovechan la impunidad y corrupción de los elementos policiacos para robar a sus anchas en las casas. Ya no importa la hora del día ni la cantidad de gente que haya en el lugar.
Vecinos de la colonia Cumbres, ubicada al poniente de Monterrey, han sido víctimas de una banda cuyos miembros realizan atracos haciéndose pasar por repartidores a domicilio.
El pasado 16 de noviembre, dos jóvenes de entre 20 y 25 años llegaron a una casa donde había una reunión. Iban a bordo de dos motocicletas y asaltaron a 11 personas que planeaban un viaje de trabajo.
Armados con navajas, los ladrones obligaron a sus víctimas a tirarse al piso y las despojaron de 30 mil pesos en efectivo, juegos de llaves de autos y motocicletas, teléfonos celulares, radios Nextel, un casco, una chamarra y unos guantes.
El colmo es que los ladrones hasta se tomaron su tiempo: estuvieron 25 minutos dentro de la casa.
Uno de los afectados narró que los ladrones sólo tenían navajas y que hablaban por Nextel con supuestos cómplices, a quienes les pasaron las placas de un auto Mercedes Benz que estaba estacionado en la cochera, así como los números de matrícula de tres motocicletas.
Uno de los afectados considera que los delincuentes ya sabían cuánta gente se Luego de escapar en sus motos, los asaltantes avanzaron unas cuadras y abordaron un taxi en el que los esperaban dos hombres. Para despistar a la policía, los cómplices se subieron a las motos y los asaltantes huyeron en el auto.
La misma modalidad de asalto se vivió el 3 de noviembre, cuando cuatro personas armadas irrumpieron a balazos en una fiesta que se celebraba en la colonia Misión de San Jerónimo, también al poniente de Monterrey. Ahí sometieron a más de 10 personas y se apoderaron de joyas y una camioneta.
Según los afectados, los agresores llegaron a pie alrededor de las 22:30 horas. Con pistola en mano gritaron que era un asalto. El dueño de la casa, Alfonso Gutiérrez Zapién, de 40 años, les exigió que se retiraran, pero como respuesta recibió un tiro en la pierna derecha.
Gutiérrez fue trasladado al Hospital San José, a donde ingresó estable y consciente.
Luego del robo, los ladrones huyeron a bordo de una camioneta Sierra 2008.
Esta modalidad de asalto ocurre hasta en reuniones de grupos pequeños. El 13 de septiembre, seis personas que se encontraban cenando en el patio trasero de una casa ubicada en el sur de Monterrey fueron asaltadas por tres jóvenes armados que entraron por la cochera.
En el municipio San Nicolás, al norte de la ciudad, cinco jóvenes fueron asaltados la noche del 15 de septiembre, cuando esperaban a un amigo para ir a comprar carne para asar.
Además de exigirles dinero y los teléfonos celulares, el delincuente amenazó a las víctimas con levantarlos si denunciaban el hecho.
Éstas son las historias que se conocen porque las víctimas acuden a denunciar, pero, ¿cuántas serían si se agregaran las que no se reportan porque los ciudadanos ya no confían en las autoridades EL HÉROE DE GÜEMES Y es que su historia, dada a conocer por el periódico “Milenio”, ha cimbrado a millones de conciencias y es un claro ejemplo de la situación que viven miles de personas en el país.
Todo comenzó la mañana del sábado 13 de noviembre.
Ese día, miembros del crimen organizado entraron a su rancho San José, colindante con la presa Padilla y ubicado a unos cuantos kilómetros de Ciudad Le exigieron que desalojara la propiedad en menos de 24 horas. La advirtieron que, de no hacerlo, se atenía a las consecuencias. Don Alejo les respondió que no entregaría nada, y que si iban por él ahí los estaría esperando.
Se dice que avisó a las autoridades, pero que nada hicieron para ayudarlo.
Finalmente decidió tomar las riendas del asunto. Ese mismo sábado pidió a sus trabajadores que no se presentaran a trabajar al día siguiente.
Se quedó solo. Aficionado de la caza, Garza Tamez preparó sus cuatro rifles en puntos estratégicos mientras esperaba la llegada de los pistoleros.
Aproximadamente a las 4 de la mañana se escucharon los motores de las camionetas que se aproximaban a la casa principal.
Confiados, seguramente, los miembros del crimen organizado esperaban que el dueño de la propiedad saliera rendido ante su presencia. En lugar de eso, fueron sorprendidos por disparos que parecían salir de todos lados.
Don Alejo mató a cuatro sicarios e hirió a dos más, los cuales estaban inconscientes cuando llegó la Marina.
Con sólo cuatro rifles de cacería, armas de tiro por tiro, don Alejo causó bajas.
Hoy muchos se hacen una pregunta: ¿el final habría sido diferente si hubiera tenido armas de ráfaga como las que usan el Ejército y la Marina?
Es difícil saberlo. Lo que es seguro es que don Alejo murió defiendo lo suyo porque nadie más lo haría por él. Y es por eso que se ha convertido en una prueba más de que el Estado está indefenso y rebasado.
Los únicos que tienen capacidad para defenderlo han sucumbido ante la autoridad y el poder del crimen organizado.
En el México de hoy, las pocas personas que cuentan con escoltas y personal de seguridad tienen alguna posibilidad de defenderse.
Los demás ciudadanos, los que son mayoría, están indefensos en un país que prohíbe portar armas, pero al mismo tiempo carecen de autoridades que los defiendan.
LA FOTO CON LA NOVIA En un salón de eventos sociales ubicado en Monterrey, un grupo de criminales utilizó una nueva y efectiva estrategia para robar las joyas de los invitados.
Una pareja regiomontana celebró su matrimonio en un complejo social ubicado en los límites de Monterrey y el municipio de Santiago, Nuevo León.
Los invitados estaban tranquilos porque es un lugar cerrado y con servicio de guardias.
Pero una pareja de invitados se llevó una sorpresa que la dejó fría. El matrimonio, que había departido durante varias horas con otros asistentes, decidió retirarse.
Ella pensó: “Antes de salir me quito las joyas y las guardo en su estuche, así no llamaré la atención de algún vivales durante el camino”.
Hasta se preguntó: “¿Para qué correr riesgos?”
Colocó el estuche bajo su asiento, el del copiloto. Y creyó que todo estaba bajo control.
Ni siquiera se inquietó cuando vio que frente a la camioneta que conducía su esposo había un convoy bloqueando la carretera nacional. Ambos pensaron que eran policías o militares.
Tuvieron que detenerse, no había opción. Cuando bajaron el cristal, los hombres se acercaron al vehículo.
Con tono grave y grosero, uno de los hombres les gritó que entregaran todo lo que traían de valor. Celulares, relojes, carteras…
La mujer tuvo un sentimiento de consuelo porque pensó que su pertenencia de más valor estaba segura. No podrían verla.
Fue entonces cuando llegó la sorpresa. Uno de los sujetos, que se acercó a la camioneta por el lado del copiloto, preguntó: “¿Dónde están sus joyas señora?”.
Ella, impactada y sin saber qué decir, apenas pudo responder: “¿Cuáles joyas?”.
El delincuente le volvió a preguntar: “¿Dónde están sus joyas?”.
Ella, retomando el control, contestó: “No traigo más que lo que usted está viendo”.
Entonces, con un aire de confianza, el hombre barajeó unas fotos que traía.
Luego de encontrar la que buscaba, se la mostró y le dijo: “Estas joyas, señora, las que traía en la boda de la que viene”.
El sobresalto la dejó sin argumentos. Se inclinó, sacó el estuche que tenía bajo el asiento y se lo entregó al hombre que la había interrogado.
Entonces los asaltantes les dijeron: “¡Adelante!”.
DOBLE HOMICIDIO EN COLIMA Se levantó para pasear a su perro por las calles de la colonia Real Vista Hermosa. Eran casi las 10:30 horas.
En ese momento, una camioneta Jeep Patriot se acercó al domicilio. Tres hombres iban a bordo. Uno de ellos bajó portando un arma de fuego y disparó en tres ocasiones contra Cavazos.
Uno de los tres balazos que lo impactaron le entró por el cuello y se desvió hacia el abdomen, lo que posteriormente le provocaría un paro cardiorrespiratorio en la Clínica San Francisco.
Al percatarse del atentado, las autoridades pusieron en marcha un operativo. Minutos después, la camioneta tipo Jeep fue localizada a unas calles del domicilio del ex gobernador. Los vidrios estaban rotos y tenía placas sobrepuestas de Michoacán. Además, el vehículo había sido robado en Querétaro.
El grupo especial Fuerza de Operaciones y Reacción Inmediata inició la búsqueda del pistolero y sus acompañantes en las inmediaciones del poblado.
El médico oftalmólogo Mario Eduardo Robles Gil Bernal supuestamente transitaba en su vehículo por ese rumbo. Iba acompañado de su hijo.
Fue la primera versión oficial. Se dijo que comenzó a hacer movimientos extraños con su vehículo y que esto había confundido a los policías.
Y en la “confusión” los uniformados le dispararon hasta provocarle la muerte.
La Policía Estatal Preventiva y la Procuraduría General de Justicia de Colima mantuvieron su versión hasta el miércoles 24 de noviembre, cuando el propio gobernador Mario Anguiano reconoció en conferencia de prensa que se habían difundido datos erróneos en el caso de la muerte “accidental” del doctor Robles.
Según el peritaje final que dio a conocer el Mandatario estatal –en buena medida forzado por la presión que ejerció la comunidad médica de Colima–, el doctor fue asesinado a tiros en su propio domicilio.
Hasta hace dos o tres años, hacer una reunión o fiesta con amigos o familiares era
reunía y qué días se juntaban.
corruptas?
Muchos lo han llegado a llamar “el nuevo héroe mexicano” y hasta “el verdadero héroe del Bicentenario”.
Victoria, en Tamaulipas.
Ya no respetan ni la celebración de una boda
El domingo 21 de noviembre comenzó como un día cualquiera para Silverio Cavazos, ex gobernador de Colima
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