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Coahuila

Plan B… de ‘bloqueado’ por los aliados

Por Amador Narcia

Hace 1 semana

La sesión del pasado miércoles dejó más lecturas políticas que legislativas. Minutos antes de votar el llamado Plan B, el secretario general de Servicios Parlamentarios del Senado, el respetado Arturo Garita, quien asesora y da forma al proceso legislativo, fue visto de manera constante yendo y viniendo entre los escaños del coordinador de los senadores de Morena, Ignacio Mier, y el del excoordinador, Adán Augusto López.

Esto ocurría mientras se preparaba la reserva del PT para suprimir de la iniciativa presidencial lo referente a la revocación de mandato, que buscaba “adelantarla” para que coincidiera con las elecciones del 27 y colocar a la Presidenta en la boleta electoral.

La escena no pasó desapercibida. Adán Augusto se mantuvo activo, atento, en comunicación y dando indicaciones. A un lado, Mier. La imagen abrió interpretaciones sobre la conducción real de la bancada y del Senado. El relevo existe en papel, pero en el ambiente se percibe otra cosa. Cambian los cargos, pero no necesariamente quién toma las decisiones.

Para Ignacio Mier, además, era su debut como coordinador de la bancada morenista. Aunque en entrevistas y publicaciones en redes ha insistido en presentar la aprobación a medias de la reforma como un éxito, la realidad es que el resultado que dio fue incompleto y distinto a lo planteado por la Presidenta.

¿Habría sido diferente bajo el control de López Hernández, considerando sus antecedentes en la Reforma Judicial, con senadores ausentes por asuntos de emergencia o con un “Yunes” bajo la manga?

En San Lázaro, Ricardo Monreal también tiene tache con el Plan A. No fue un tropiezo inesperado, sino algo que se veía venir. La reforma para reducir el financiamiento público a los partidos ya tenía el rechazo del Partido Verde y, aún así, se votó. Y no pasó.

Luego llegó el Plan B. Y, otra vez, la misma historia. Desde hace días se sabía que el PT no iba a aceptar que la Presidenta apareciera en la boleta de las elecciones intermedias, por el impacto directo en su propia supervivencia. Y, aún así, se votó. Y tampoco pasó.

¿El problema está en la operación legislativa o en que se está mal asesorando a la Presidenta con iniciativas que nacen sin viabilidad? Durante la semana, quien resultó beneficiado fue el Verde.

El rechazo del PT desvió la presión acumulada por su negativa al Plan A. Aunque, en corto, se reconoce que tampoco estaban cómodos con “adelantar” la revocación de mandato, tampoco tenían interés en volver a batear a la Presidenta dos veces seguidas.

Hasta pareciera que entre los partidos aliados aplican la de “una yo y otra tú”, u “hoy por mí, mañana por ti”.

Este episodio vuelve a cuestionar la idea de “alianza”. Más que un bloque compacto, se observa a dos partidos que acompañan cuando les conviene y se apartan cuando no, pero que terminan marcando el límite de lo que puede aprobarse en el Congreso.

Ya frenaron el golpe al financiamiento y ahora quitaron la presencia de la Presidenta en la boleta del próximo año.

Mientras PAN, PRI y MC sostienen una oposición con discursos previsibles y efectos inexistentes, el PT y el Verde terminan siendo la verdadera oposición efectiva, bajo una lógica pragmática.

No confrontan por principio, pero sí condicionan en los hechos. Y eso, en un Congreso de mayorías aplastantes, pesa más que cualquier discurso en tribuna.

 

Monitor republicano

También hubo espacio para el circo. Lilly Téllez acusó a Morena de vínculos con el narcotráfico, dio nombres y continuó hasta que le cerraron el micrófono. Pero ya había dejado el anzuelo en el agua, y Saúl Monreal lo mordió.

Desde su escaño, Téllez le gritaba “narcopolítico”, mientras el zacatecano exigía pruebas. Ella se acercó, celular en mano, y lo grabó mientras reiteraba la acusación. Monreal respondió elevando el tono con “demuéstramelo”, “retráctate”, “hipócrita”, “farsante”.

El intercambio obligó a la presidencia del Senado a intervenir. La escena dejó la impresión de que Téllez consiguió su objetivo: provocar y llevar la discusión al fango.

Monreal no logró salir de ahí, y por momentos ya no quedaba claro si era la adrenalina a la provocación o un mezcal zacatecano mal calculado.

 

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