Ciudad de México.- La temporada 2026 de IndyCar ya marca quiénes juegan de verdad, y Pato O’Ward, de Arrow McLaren, está en esa conversación. Pero solo en conversación.
Cuatro carreras: tres top 5 y un P17 que lo dice todo.
En St. Petersburg fue P5. En el óvalo de Phoenix P4 y líder de vueltas, ese momento donde se ve que el ritmo está ahí. Luego llegó Arlington, P5 otra vez, pero en Alabama la racha terminó con un P17 sin avisos, como suele pasar en IndyCar.
Los números parecen buenos, pero hay algo que falta en la ecuación: un coche capaz de pelear por victorias de forma consistente.
En un campeonato donde los márgenes son mínimos —una décima puede cambiar todo— terminar en el top 5 en 3 de 4 carreras no es suerte: es ritmo y constancia. Pato lo demuestra. El problema es que mientras él suma de forma regular, Alex Palou y Kyle Kirkwood ya han ganado carreras y suman más fuerte en la clasificación.
Esa es la realidad incómoda en IndyCar: los puntos no ganan campeonatos, las victorias sí.
El mexicano es de los más consistentes de la categoría: tiene velocidad, manos y fortaleza mental, pero necesita más apoyo estratégico del equipo y mejorar el manejo de neumáticos blandos para convertir consistencia en triunfos.
La P17 en Barber no fue solo un mal fin de semana: fue el recordatorio de que en IndyCar, un error, mala suerte o una estrategia fallida puede borrar todo lo bueno previo. Con otro top 5, hoy la conversación sería distinta: la de un contendiente serio al título.
La buena noticia es que el campeonato es un maratón, no un sprint. Una victoria cambia todo: suma 50 puntos, recorta diferencias y cambia el momentum.
Pato está a 50 puntos de Kyle Kirkwood, con 14 fechas por disputarse, lo que cambia la pregunta de “¿puede ganar?” a “¿cuándo ganará?”.
Porque ahí está ahora: en el “casi”. En ese espacio incómodo entre ser rápido y ser ganador, entre sumar y realmente golpear el campeonato.
Y ese es el cambio que se espera ver.