Cruzaba la sierra del Diamante para bajar por la sierra del cuatro y de ahí al barrio del Ojo de Agua, varias veces al año, mi tío abuelo Antero Aguirre Valero, guiando una carreta estirada por un par de bueyes, “El Payaso” y “El Títere”, venía cargada con una media docena de cajas para muertos, destinadas a la funeraria Martínez de Hidalgo y Aldama.
En la yunta de bueyes cargaba con frutas y otros productos que, a su paso, iba cortando o adquiriendo de alguna huerta: manzanas, duraznos, tejocotes, piñones y hasta un venado en época navideña para los tamales. El tío Antero siempre viajaba armado, por si las dudas, de un rifle y una pistola.
Bajaba con los animales por la pendiente empedrada de la calle Hidalgo, hacia el sur, hasta llegar a la casa de su única hermana, Sarita Aguirre Valero, mi abuela materna. En época invernal, el camino se tornaba resbaladizo para los animales que hacían un doble esfuerzo para no caer con la carga; que yo sepa, nunca se vencieron, y es que el tío, como buen ranchero, era un experto “boyero” y en el manejo de la carreta.
La carreta ayuntada es un término general usado para un vehículo de tracción animal usado para carga, hecho de troncos de madera, muy bien estructurada, grande y con toldo; una yunta de bueyes que con el yugo tiran de la carreta.
Luego de entregar la carga de cajas para muerto, se dirigía a la famosa tienda de abarrotes y aperos para labranza de José María Jiménez, en el mismo primer cuadro de la ciudad de Saltillo, para surtir la despensa y algunas cosas para las labores del campo, pues el tío Antero, también era agricultor en el ejido San Rafael, perteneciente a Nuevo León, ahí pegadito a la gasolinera, viniendo de sur a norte por la carretera 57.
Él casó con una sobrina de mi abuelo materno, Jesús Dávila Morán, hermano de Benito, quien fuera ayudante de Francisco I. Madero. Ella de nombre Rosaura Dávila Rangel; entonces, hay doble parentesco. Por un lado, el Dávila, y por el otro el Aguirre de mi abuelita Sarita, hermana del tío Antero, esposo de Rosaura.
A veces se decían “cuñadas” y luego “tía” y “sobrina”. De mi mamá Estela Dávila Aguirre, Rosaura venía siendo prima y tía. Antero y Rosaura crearon a Luis Santiago, Roque, Lila, Carmen, Domitila, Samuel y Rosaura. Los hijos menores emigraron a Estados Unidos, de donde regresaron esporádicamente al rancho, que prácticamente está solo, al menos el espacio donde nacieron mi bisabuelo Santiago Aguirre y Domitila Valero.
La anécdota
Conocí la noria donde mis bisabuelos escondieron a mi abuelita Sarita, siendo ella una joven, porque tuvieron miedo que se la llevara algún soldado de los de Pancho Villa que pasaron por San Rafael, rumbo a la Ciudad de México.
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