Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Afirman alumnos que programa “El Valor de Educar” frena la deserción universitaria Video viral: pipa arrastra un auto en plena avenida de Monterrey Los asesinos seriales más conocidos de México Volcadura e incendio de tráiler deja dos muertos y dos heridos en en la autopista Naucalpan-Toluca Despliegan 450 militares y dos helicópteros artillados en Matamoros y la frontera de Tamaulipas

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

Hablemos de fut

Por Guadalupe Loaeza

Hace 5 meses

No más política, hablemos mejor de futbol. No es que sea una gran conocedora de este maravilloso deporte que une a tanta gente de todos los colores, ideologías y orígenes sociales. Pero ¿cómo no hacerlo si México será el país anfitrión por tercera vez de la Copa Mundial? ¿Cómo no hacerlo si los mexicanos y mexicanas nos hemos convertido en seguidores de este juego, el más popular del mundo? Y ¿cómo no hacerlo si tenemos posibilidades de avanzar al menos a octavos? Primero, porque somos anfitriones y, segundo, porque contamos con el mayor apoyo del mundo de aficionados entusiastas, patriotas y muy ruidosos.

Como sabemos el Mundial arranca el 11 de junio ante Sudáfrica en el venerable estadio Azteca, para que el “Tri” encuentre a su siguiente contrincante el 18 de junio contra Corea del Sur, en Guadalajara, y cierre la primera fase el 24 de junio frente a la República Checa.

“No va a estar fácil”, me dice Enrique acostumbrado al pesimismo. Por lo pronto, ya me compré mi jersey blanco (1,600 pesos). Yo hubiera querido el rosa mexicano, pero ese es nada más para el portero, como el que llevaba el icónico arquero Jorge Campos. Me rehusé a llevarme la playera negra (puede ser de mala suerte) que forma parte de la campaña “The Mexican Wa(y)ve”, no obstante que es la más demandada.

Sí, hay que romper la maldición del “ya merito”. México es uno de los equipos con más número de participaciones en la Copa Mundial: 17; en 7 de ellas, cayendo en octavos. Lo más frustrante, me cuenta Enrique, sería no llegar al quinto partido y en el 2026, aun con la ventaja de ser anfitrión. “México tiene ahora la oportunidad más clara en décadas para romper esta maldición”. ¿Quién nos habrá maldecido? ¿De dónde vendrá esa maldición, por lo visto no nada más en el futbol, sino en la política? ¿Habrá sido responsabilidad de los aficionados de beisbol, especialmente en la época del pasado Presidente?

Ayer precisamente venció el plazo para entregar los estadios a la FIFA, misma que tomará el control de los recintos para garantizar los estándares internacionales. Para este campeonato tengo entendido que la demanda de entradas ha sido histórica; el sorteo aleatorio finalizó con más de 500 millones de peticiones de aficionados de 211 países con un promedio de 15 millones de solicitudes durante 33 días. Sin duda, el fut es el deporte más popular del mundo. Me aseguran que son los estadunidenses el grupo extranjero más grande que vendrá a México en las tres ciudades destinadas al espectáculo, seguido de ingleses, alemanes, brasileños, colombianos, españoles y argentinos.

Me cuentan que ha habido mucha controversia en relación con los palcos de los estadios. Ahora entiendo por qué mi papá nunca compró un palco en la década de los sesenta cuando empezaron a venderse. En primer lugar porque no le gustaba el fut, a pesar de que su único hijo sí era aficionado. En segundo, porque para financiar la construcción del estadio Azteca, Emilio Azcárraga Milmo vendió los palcos a 115 mil pesos (unos 9 mil dólares de entonces) otorgando a los dueños derecho de uso por 99 años, fuera totalmente del presupuesto de don Enrique. (Lástima, porque si mi papá lo hubiera comprado en esa época, Enrique y yo hubiéramos ido a la inauguración para apantallar a nuestros amigos invitados, les presumiríamos el paquete “hospitality” que consiste en el VIP premium, es decir, una vista privilegiada, aperitivos, cena, barra de bebidas, meseros y hasta un chef “cordon bleu”. Los palcos con este paquete VIP cuentan con mobiliario de lujo, pantallas de TV, sistema de sonido, climatización independiente y baños privados). Y por último, y en tercer lugar, a mi padre le hubiera parecido una compra inútil de un palco de 20 metros cuadrados, cuya ubicación le hubiera parecido muy lejana.

Qué bueno que mi papá no compró el palco, ya que ha habido muchas controversias con los dueños. Luego de más de año y medio de pleitos legales, Grupo Ollamani, propietario del Club América y del estadio, tendrá que pagar 62.4 millones de dólares —más de mil millones de pesos— para que los dueños de los palcos tengan acceso gratuito durante el Mundial. Pero quedó bien claro que los propietarios no podrán revender, ni comercializar sus espacios. De lo contrario, se les cancelará el acceso.

En estos días intentaré hablar más de fut que de política, es más sano.

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 19 horas

Circo en Reforma

Hace 19 horas

El negocio detrás de los altares

Hace 19 horas

La ‘santa’ solución de la Presidenta