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Coahuila

Todos somos maestros y maestras de vida

Por Verónica Marroquín

Hace 5 meses

Estimados lectores y lectoras: Qué alegría seguir compartiendo con ustedes este bello espacio donde puedo compartirles mi sentir, mis conocimientos y experiencias de vida, lo sé porque así me lo han hecho saber en estos ya casi 10 años de escribirles, que los he acompañado en su vida desde esta columna que les escribo desde el alma. Siempre agradecida. Gracias infinitas por esas llamadas y mensajes con bendiciones, felicitaciones y una que otra observación, que agradezco de igual manera.

Todos y todas somos maestros y maestras de vida, desde los recién nacidos a las mamás y a los papás, los hijos nos han enseñado lo indecible, desde el amor incondicional que les profesamos la mayoría, así como una de las más bellas virtudes, pero la más difícil es la paciencia, esta sí es por mucho la mayor y más difícil, creo yo, de una madre. Y claro, el respeto que también es esencial en todos los tipos de relaciones desde que uno lleva en su vientre al hijo, hija, o a los gemelos, cuates, cuatas, con este vocabulario inclusivo se tarda uno más, pero bueno, sí es necesario para que todas, todos y todes se sientan incluidos.

Y los mismos hijos enseñan a sus abuelitos y abuelitas a serlo. Como se dice, los malcrían porque los consienten de más, algunos, ya lo sé, porque hay otros que para nada figuran en la vida. Quiero reconocer a los maestros y maestras del aula, vaya tarea, yo he sido muchísimos años orientadora de Psicología de Educación Especial, coordinadora y titular en colegios católicos de otros estados como San Luis Potosí y Aguascalientes, y claro aquí en Saltillo, y en municipios en escuelas regulares también. También he sido y sigo siendo maestra de mis pacientes, hay ocasiones que hay que enseñar desde la teoría conductual, Gestalt, sistémica, siempre estamos enseñando, pero también a la par estamos aprendiendo, esto es de ida y vuelta. Y claro que a veces uno se queda en blanco porque andamos saturados, rebasados, hasta llegar al estrés que tanto ha cobrado salud y vidas.

Nadie ha dicho que ser madre y maestra es fácil, ambas profesiones son de mucho cuidado, así como los médicos estamos tratando con lo más preciado que es el ser humano. Ser maestro es ser padre y madre también para muchos de nuestros alumnos y alumnas, pues hay padres de familia que, por causas diversas, se les ha dificultado estar al 100 con sus hijos e hijas. No estoy juzgando, sólo digo lo que he vivido, como muchos están al pendiente, otros sólo a medias, las causas son muchísimas, desde la enfermedad, la falta de recursos, el exceso de trabajo, demasiados hijos, el tiempo que no alcanza, las enfermedades mentales, que eso lleva a violencia familiar y abandono.

Pero quiero reconocer y felicitar a los maestros y maestras, porque cada mañana se levantan dejando a su familia en casa tal vez, o en sus respectivos trabajos, o dejándolos en casa de los padres para el cuidado de sus bebés, y al llegar a la escuela, en ocasiones son más mamás y papás que maestros, pues ambos están intrínsecos en la vida. Cuando llegan los alumnos algunos enojados, tristes, ausentes, alegres, con miedo, relajados, se notan todas las emociones juntas, como maestros nos damos cuenta de inmediato cómo llegan desde su casa, la dinámica familiar, es muy obvio el cansancio de la mayoría, el estrés con que llegan corriendo algunos.

Se presentan muchísimas situaciones que el maestro tiene que tener esa sensibilidad desarrollada para saber que algo está sucediéndole al alumno y actuar en consecuencia, con el protocolo según el caso que se esté presentando. La verdad es importante el conocimiento que se les da, por supuesto, pero créanme que lo más importante es la atención cálida, el respeto, el saber cómo vienen de casa y darnos unos minutos para acercarse a ese alumno para saber qué le sucede y actuar en consecuencia, según sea el caso.

La responsabilidad de un maestro es tremenda. No quiero mencionar las tragedias que se han presentado en las escuelas de algunas partes del mundo tan lamentables, el respeto hacia nosotros se ha hecho laxo, las autoridades debieran cambiar las leyes para que estemos más protegidos, pues en ocasiones estamos atados de pies y manos cuando hay una agresión de parte de los alumnos.

Padres de familia, los invito, asimismo a los y las maestras, a acudir a terapia sicoemocional, de verdad es imperante, todos somos uno, es decir, escuela, maestro, padres de familia, comunidad en general. Si todos acudiéramos a ese apoyo emocional tan necesario, tendríamos más autorregulación de nuestras emociones, cómo pretendemos controlar a los alumnos si nosotros no nos autorregulamos.

Es prioritario que los adultos nos atendamos en nuestras sicoemociones y sanemos, para así ayudar a nuestros hijos en casa, y que al llegar a la escuela, o colegio, universidades, lleguen con más herramientas de comunicación, de poder controlar y regular sus emociones, enseñar con el ejemplo es primordial, vayamos todos a solicitar ayuda sicoemocional, eso es responsabilidad de los adultos y de llevar a los hijos a atención sicológica y en ocasiones siquiátrica también.

Hoy en día aún hay esas creencias limitantes de que sólo para enfermos mentales son los siquiatras, y no es así, hay situaciones como la depresión, la ansiedad, la confusión o distintos déficits para las que se requiere, falta de químicos como neurotransmisores que son esenciales para que nuestra mente y sistema nervioso estén en óptimas condiciones, y si es por enfermedad, pues con mayor razón.

Mis respetos a los maestros que se la rifan día a día con sus alumnos, con 50 en el aula, he estado ahí, y créanme que, así como es muy satisfactorio, también es un gran compromiso y responsabilidad. Así que mi reconocimiento a mis colegas, por el gran trabajo de la mayoría, porque no es nada fácil, hay que amar la profesión. Porque nos toca muchas veces ser mamás o papás en las aulas, más que maestros de verdad.

Un abrazo y bendiciones, que Dios siga iluminando nuestras vidas al estar frente a grupo, ya sea capacitando, como maestro, recordando que nosotros somos quienes también aprendemos día a día con ellos y ellas. Se quiere tanto a los alumnos de verdad, que son parte de nuestra vida. A todos en mi familia, que siempre han tenido en algún momento de sus vidas la bella oportunidad de enseñar sus conocimientos, valores y principios. Felicidades por el pasado día 15 de mayo. Un abrazo, Diosito por delante.

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