“De hecho, para quien aspira al poder, el más pobre es el más útil, ya que no valora sus posesiones, al carecer de ellas, y considera honorable todo aquello por lo que recibe un salario.” C. Salustio.
El código QR es un dibujo que guarda información y que nuestro celular traduce en una acción para abrir una web o un contacto. Es un código de barras bidimensional y algo ya común; lo podemos encontrar: en una tienda, en anuncios por la calle o en una cafetería y sin embargo también puede representar un riesgo a explotar por estafadores.
Durante el pasado proceso electoral, se denunció un presunto esquema de compra de voto mediante el uso de QR para registrar, verificar y controlar el voto de los ciudadanos a cambio de un pago.
La manipulación de las necesidades básicas de la población vulnerable con fines electorales, es un fenómeno por el cual, en la democracia burguesa, la oligarquía aprovecha para comprar, coaccionar o condicionar el voto a cambio de recursos de inmediata necesidad. Los ciudadanos actúan entonces bajo una racionalidad económica individual a corto plazo que destruye la calidad democrática.
Éste costo de oportunidad se basa en una narrativa por la cual ante una elección ya decidida el valor del voto es insignificante. También se refuerza por el valor inmediato, superior al de una promesa política abstracta en el futuro.
Si permitimos que nuestros procesos electorales se conviertan en un mercado, estaremos incentivando el incumplimiento por parte de los partidos políticos, el desvío de fondos públicos y la destrucción del modelo democrático de participación política.
Debemos proteger el voto secreto a través de reglas que impidan la transacción y el fortalecimiento de los fiscalías electorales.
Más allá del clientelismo o de las de políticas públicas presuntamente populistas para obtener el voto que son éticamente difusas.
La compra directa del voto es el camino a la destrucción de nuestro sistema democrático.
Cuando la dignidad es mercancía
la ciudadanía no entra ni con calzador
Hay que ordenar derechos en armarios
hasta que venga la próxima temporada
Mientras llega, que siga la compraventa
desmesurada fachada llena de
ceremonia
Van mercaderes del templo por la vileza
como si fueran por la feria de
Saltillo
Cuándo venga la próxima temporada,
entre cantos y risas niñas de
memoria
Derribarán las mesas de los cambistas
y llenarán con coros y consignas
Y esas consignas serán la
primavera,
la primavera de la libertad.
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