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Coahuila

¿Y si sí?

Por Aida Sifuentes

Hace 4 meses

La fiebre futbolera parece envolvernos a todos. Pese a que siempre llegamos al mundial con el ánimo decaído y nulas esperanzas, durante la marcha espíritu mundialista nos va embargando de emoción. Con un partido de antelación la selección mexicana ha logrado clasificarse a los dieciseisavos de final. ¿Será muy pronto para ilusionarnos?

En ajedrez hay un aforismo de Tartakower que señala “una partida de ajedrez se divide en tres etapas: la primera, cuando esperas tener la ventaja; la segunda, cuando crees tener la ventaja; y la tercera… ¡cuando te das cuenta que vas a perder!”

Lo que se interpreta como las falsas ilusiones pueden conducirnos a la derrota. Kasparov decía que la vida imita al ajedrez, podemos traspasar el mensaje a lo que sucede en el mundial.

A pesar de la mala logística cuando alguien decidió dividir la sede en tres países y las deficiencias que el gobierno actual ha demostrado en su legislación, el mundial nos ha dado la emoción y narrativa de sucesos inesperados.

Como el empate de España y Cabo Verde (0-0), cuando un portero de medio tiempo que también trabaja como electricista y profesor de voleibol pudo contener la furia de los mejores arqueros del planeta y terminar el partido 0-0. Azaña que no cualquiera logra. O también el inesperado empate de Uruguay contra Arabia Saudita (1-1).

Igual es de sorprender el desempeño de nuestra selección, pues por primera vez parece haber dejado de procrastinar y dejar todo para el último momento. El gobierno –como siempre– falla: no hay promesas incumplidas porque ya no promete nada. Los manifestantes tomando las calles. Los granaderos custodiando a los turistas. Las madres buscadoras con el llanto contenido mientras siguen en su faena. Un grito de ayuda que se pierde entre el barullo del GOL.

Tenemos tantos motivos para sentirnos deprimidos, preocuparnos por el futuro, por las injusticias, por la desigualdad. A veces todo parece tan malo, que puede ser por eso que nos aferramos a cualquier atisbo de felicidad para creer que algo bueno está por suceder.

México nunca ha logrado ganar un mundial, pero nadie se inscribe en una competencia para perder, y aunque aún falta mucho camino hasta alcanzar la primera copa mundial, aun así, los ánimos siguen subiendo y la ensoñación colectiva nos hace creer que todo es posible.

Sabemos que no, pero ¿y si sí?

 

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