Monclova
Por
Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 24 de junio del 2026 a las 04:00
Monclova, Coah.- Para Daniel Segovia, el socorrismo no es una actividad que eligió de adulto ni una profesión que encontró por casualidad. Es una vocación que nació cuando apenas tenía 11 años y que, tres décadas después, sigue guiando cada una de sus decisiones.
Director del Grupo de Urgencias Médicas (GRUM), Daniel recuerda que sus primeros acercamientos al servicio ocurrieron siendo un niño, dentro de una academia dirigida por un bombero de la región. Aunque entonces no existía formación en enfermería ni los conocimientos técnicos que hoy poseen los rescatistas, aquel espacio sembró en él la semilla de ayudar a los demás.
“Ya tengo 20 años en esto”, comenta con sencillez, como quien resume toda una vida de servicio en una sola frase.
Fue precisamente esa experiencia acumulada durante décadas la que lo llevó a crear su propio grupo de rescate. El 15 de enero de 2024 nació GRUM, una organización integrada por voluntarios comprometidos con la atención de emergencias y el auxilio a quienes atraviesan momentos críticos.
La motivación detrás del proyecto es simple, pero poderosa.
“Lo que más me gusta es ayudar a la gente en accidentes o cuando están enfermos. Es algo que le nace a uno”, explica.
A lo largo de los años, Daniel ha participado en algunas de las tragedias más significativas que ha vivido la Región Centro de Coahuila, como la explosión de Celemania, la explosión de Takata y la de Pasta de Conchos. Sin embargo, entre los numerosos servicios que guarda en la memoria, existe uno que ocupa un lugar especial.
Ocurrió en una noria de Castaños. Un joven había caído al interior y necesitaba ser rescatado con urgencia. Daniel era entonces uno de los elementos más jóvenes del equipo y fue quien descendió para intentar salvarlo.
El rescate estuvo lejos de ser sencillo.
La noria tenía una profundidad estimada de entre 10 y 15 metros y apenas el espacio suficiente para que una persona pudiera descender. Además, las bajas temperaturas complicaban aún más la operación.
“En ese tiempo todavía no dominaba muy bien el uso de cuerdas y amarres. Me iban indicando desde arriba lo que tenía que hacer”, recuerda.
Durante cerca de 15 horas permaneció dentro de la estructura trabajando para lograr el rescate. A pesar de las dificultades, nunca pensó en desistir.
“No había nervios. El objetivo era sacarlo”, relata.
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