Saltillo
Por
Paola Casas
Publicado el jueves, 6 de agosto del 2026 a las 04:40
Saltillo, Coah.- Más que una imagen religiosa, el Santo Cristo de la Capilla es uno de los símbolos que mejor explican la historia de Saltillo. Durante 418 años ha acompañado el crecimiento de la ciudad, ha sobrevivido guerras, cambios políticos, epidemias y transformaciones sociales, mientras miles de personas continúan reuniéndose cada agosto para renovar una tradición que ha pasado de generación en generación.
Aunque oficialmente el patrono de la ciudad es Santiago Apóstol, la devoción popular convirtió al Santo Cristo en el centro de la celebración religiosa más importante del año y en un elemento que terminó moldeando la identidad de toda una comunidad.
La historia oficial señala que la imagen llegó a Saltillo en 1608, pero detrás de esa fecha permanecen preguntas que aún despiertan el interés de historiadores e investigadores.
Leyenda, como muchas
La conocida leyenda asegura que el Cristo llegó sobre una mula que se negó a continuar su camino. Sin embargo, el historiador Jorge Tirzo Lechuga explica que ese relato también aparece en lugares como Mazapil, Mapimí y Chihuahua, por lo que no puede considerarse exclusivo de Saltillo.
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Desde muy temprano, esa leyenda fue desmentida porque se encontró que en 1607 uno de los fundadores de Saltillo, Santos Rojo, acudió a la feria de Xalapa y ahí obtuvo la imagen. Al año siguiente regresó y la colocó en la Capilla de las Ánimas, construida para su esposa”.
Durante más de siglo y medio la imagen permaneció en ese recinto, mientras la creciente cantidad de fieles consolidó una devoción que terminaría por desplazar la fiesta de Santiago Apóstol como la principal celebración religiosa de la ciudad.

Cristo de caña
Además de su historia, la propia escultura guarda uno de sus mayores secretos.
El arquitecto e historiador Arturo Villarreal explica que el Santo Cristo está elaborado con pasta de caña de maíz, una técnica indígena utilizada durante el Virreinato para fabricar imágenes ligeras destinadas a las procesiones. Esta característica quedó confirmada durante la restauración realizada en 2002, cuando se fracturó uno de sus tobillos.
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Sin la cruz pesa alrededor de cuatro kilos y medio. Pesa más una bolsa del mandado. Está diseñado para procesiones”.
Aunque tradicionalmente esta técnica se relaciona con Michoacán, Villarreal sostiene que también existió una importante producción entre los tlaxcaltecas asentados en el noreste de la Nueva España e incluso plantea la posibilidad de que la imagen hubiera sido elaborada en San Esteban de la Nueva Tlaxcala, aunque reconoce que no existen documentos para confirmarlo.

Un patrimonio que debe preservarse
Después de más de cuatro siglos, el principal reto ya no es descubrir el origen de la imagen, sino garantizar su conservación.
La restauración realizada en 2002 evidenció la fragilidad de una escultura elaborada con materiales orgánicos que durante siglos ha participado en procesiones y actos de veneración.
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Ya no podemos darnos el lujo de exponerlo al sol, la humedad o la contaminación. Más allá de cualquier religión, el Santo Cristo es patrimonio cultural y debemos cuidarlo”, advierte Arturo Villarreal.
Jorge Tirzo Lechuga considera que las medidas implementadas por especialistas del INAH han permitido preservar la imagen, aunque reconoce que con el paso del tiempo podrían requerirse nuevas estrategias para protegerla sin romper una tradición profundamente arraigada.
Después de 418 años, el Santo Cristo dejó de ser únicamente una imagen religiosa. Es el punto donde convergen la historia de dos pueblos, la herencia indígena y española, la fe de generaciones enteras y la identidad de una ciudad.

El símbolo que unió dos pueblos
Cuando el Santo Cristo llegó a Saltillo existían dos comunidades separadas por la Acequia Grande: la villa española de Santiago del Saltillo y el pueblo indígena de San Esteban de la Nueva Tlaxcala:
Para Villarreal, la imagen desempeñó un papel decisivo en la construcción de una identidad compartida.
Mientras, Jorge Tirzo Lechuga coincide en que ese proceso se fortaleció con los testimonios de milagros y curaciones registrados desde el siglo 17, lo que consolidó al Santo Cristo como la principal referencia religiosa para generaciones de saltillenses.

La fiesta que transformó a Saltillo
Cada agosto, el descenso del Santo Cristo marca el inicio de una celebración que rebasa el ámbito religioso:
Mientras dentro de la Catedral se desarrolla uno de los rituales más importantes del calendario católico local, afuera el Centro Histórico se llena de comerciantes, danzantes, música y familias que participan en una verbena con profundo arraigo popular.
La asistencia es tal que cada año deben cerrarse las calles del primer cuadro de la ciudad para permitir el desarrollo de las festividades.
Villarreal considera que la celebración del 6 de agosto conserva elementos de antiguos calendarios agrícolas y que la danza de los matlachines guarda cierto misticismo.

Más allá de la leyenda de la mula
La historia de que una mula se negó a continuar su camino y señaló el lugar donde debía permanecer una imagen religiosa forma parte de la tradición oral de Saltillo, pero esa leyenda no nació aquí:
Lo que sigue siendo un misterio es su verdadero origen. No existe un documento que revele quién elaboró la escultura, cuánto costó o cómo llegó exactamente hasta manos de Santos Rojo.
Entre la historia documentada y la tradición popular, ese enigma ha contribuido a mantener viva una devoción que, más de cuatro siglos después, continúa siendo parte esencial de la memoria colectiva de Saltillo.
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