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Coahuila

Para todo mal…

Por Fernando de las Fuentes

Hace 2 meses

“Una vida sin examen no merece ser vivida”. Sócrates

Existe, sí, una panacea para acabar con el mal inadvertido o de conveniencia que causamos o al que contribuimos. Se llama metacognición. La definición más extensa es “pensar sobre el pensamiento”, pero va mucho más allá: es la capacidad de representar, conocer, vigilar y regular los propios procesos cognitivos, incluida la estimación de su confiabilidad.

Se trata de un constructo científico teórico y empíricamente contrastable, estudiado por diversas disciplinas. No es, esencialmente, un método psicoterapéutico ni una vía al crecimiento espiritual, pero puede funcionar perfectamente como ambas.

La diferencia con la cognición de primer nivel es que esta se orienta a recordar, comprender, inferir, decidir, resolver un problema o formular un juicio. La metacognición convierte esa operación en objeto de evaluación, a partir de interrogantes básicas como; ¿qué creo saber?, ¿qué sé realmente?, ¿cuánto desconozco?, ¿qué información me falta?, ¿de dónde proviene mi opinión?, ¿por qué me adhiero con fuerza a ella?

La metacognición tiene una carga de análisis predominante hacia lo que sabemos y lo que ignoramos. Y justo esto último es el núcleo no solo de nuestro artículo, sino de la vida y, obviamente, del mal.

En Las Leyes, Platón decía que hay una ignorancia simple, que es fuente de faltas más leves, y una doble, acompañada de la presunción de sabiduría: quien la padece cree conocer perfectamente aquello de lo que nada sabe. Este segundo tipo, cuando dispone de poder y fuerza, es fuente de “crímenes grandes y monstruosos”.

Hoy, la advertencia de Platón se ha vuelto un patrón: en las redes sociales pululan los “expertos” en cualquier cosa y hasta en todo, hablando con la inquebrantable seguridad que solo puede dar la ignorancia doble. En una u otra medida todos la padecemos. Es el cáncer de la modernidad.

Hoy todos ignoramos muchas cosas, porque la información se ha multiplicado exponencialmente y acumulado durante milenios; pero, sobre todo, ignoramos qué y cuánto ignoramos. Así, confundimos creencia con verdad.

Sin proponérselo, Platón profundiza todavía más en la naturaleza del mal causado por el ser humano, al vincular esa falsa sabiduría con el amor excesivo a uno mismo: el sujeto prefiere su propio juicio a la verdad, imagina que su ignorancia es un buen saber y, como tampoco acepta que otro intervenga en aquello que él desconoce, termina actuando mal.

Pero, en cualquier caso, Platón habla de dos tipos de mal, leve o grave, causado por un mismo tipo de ignorancia, la inadvertida, ya sea simple o doble. Sin embargo, existe también el ocasionado por conveniencia: sabemos que dañamos directa o indirectamente, pero no estamos dispuestos a renunciar a lo que queremos, de manera que justificamos nuestra conducta para quedar eximidos de culpa.

No obstante, en ningún caso quedamos al margen de la responsabilidad. La metacognición nos permite asumirla antes de hacer el mal, lo cual evidentemente nos llevará a evitar la acción, si esta realmente depende de nuestra voluntad. Sin este ejercicio de autoexploración, en algún momento y de alguna manera en la vida tendremos que sufrir las consecuencias de nuestras decisiones y acciones, e incluso de nuestra manera de pensar. Eso lo hemos experimentado todos con un ¿por qué a mí?

El teólogo Dietrich Bonhoeffer escribió, bajo el régimen nazi, que la estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad, y para él los estúpidos son quienes renuncian al proceso cognitivo que implica construir una posición propia. Hacen suyas las consignas políticas y los prejuicios colectivos, rechazan los hechos contrarios y se convierten así en instrumento de mal sin reconocerse como tal.

Podemos, pues, concluir que el primer acto metacognitivo consiste en aceptar la propia ignorancia y el primer acto de responsabilidad, en impedir que esa ignorancia decida como si fuera conocimiento.

Sabiendo que además de permitirle dominio sobre su propia vida, lo hace responsable de sus acciones en sociedad, ¿estaría dispuesto a desarrollar la metacognición?

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