Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el lunes, 10 de agosto del 2026 a las 04:00
Sabinas, Coahuila.- “La esencia de la vida es servir a otros y hacer el bien”.
En exclusiva para Periódico Zócalo, Andreina Velásquez de Guzmán, venezolana que lleva seis años radicando en Sabinas, comparte cómo vivió la angustia del pasado terremoto en junio del 2026, ocurrido en Caracas, y su asombro con la enorme solidaridad del pueblo mexicano.
“ Tengo 14 años radicando en México de manera intermitente, los últimos seis años viviendo en la ciudad de Sabinas, Coahuila.
El pasado 24 de junio, por medio de redes sociales escuché sobre un temblor en la ciudad de Caracas, no imaginé ni remotamente la magnitud de lo que acababa de ocurrir en mi país.
Inmediatamente me contacté con mi familia, y al no recibir respuesta, me empecé a preocupar.
Al tener noticias supe que la familia más cercana estaba bien, pero que el país había sido golpeado con un doble sismo de 7.2 y 7.5 Mw.
Bastaron 29 segundos para cobrar la vida de más de 5 mil 200 personas y daños incalculables, sobre todo en el estado de La Guaira y algunas zonas de Caracas.
Entre esas vidas, una fue la de mi prima, su esposo y sus dos hijos, ella junto a su familia quedaron bajo los escombros.
Una situación que jamás te imaginas atravesar, un país con tantas heridas, pero este dolor sin duda nos supera por mucho.
Como venezolana viviendo en el extranjero te sientes tan impotente, duele no poder estar ahí y ser de mayor utilidad.
Porque sabes que es un país tan lastimado, que no tiene las herramientas para salir de una catástrofe de tal naturaleza, solo las manos, las propias y las ajenas, hubo personas que ellos mismos sacaron a sus familiares de entre las ruinas.
Quise hacer aquí en Sabinas un centro de acopio, pero el tiempo apremiaba, me contacté con una paisana radicada en Monterrey, me invitó a su centro de acopio en el que faltaban muchas manos, me uní trabajando en el área de medicamentos, y me quedé sumamente sorprendida de la cantidad de donaciones, pero más sorprendida aún de la cantidad de horas que en su mayoría jóvenes mexicanos dedicaron a la organización de todos los donativos que se entregaron a organismos como Topos y Cáritas.
Ver el entusiasmo con el que trabajaron en tiempo récord para que la ayuda a mi país llegara lo antes posible es indescriptible.
Ahí, es donde vuelves a creer en la humanidad.
Para México sólo tengo un gracias con mayúsculas, porque no sólo me ha tratado como a una más de los suyos, y me ha dado una familia hermosa, es uno de los países que más presencia ha hecho en las zonas de mayor desastre en Venezuela.
Ver la felicidad que encuentran en ayudar a los demás es algo que siempre se quedará en mi corazón”.
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