Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Cae ‘El Semáforo’, señalado como sucesor de ‘El Tanque’ en el CJNG Mazatlán recibe seis cruceros y más de 18 mil turistas en tres días La Unidad Laguna de la Narro sí hizo historia, tendrán a directora mujer Flávio Bolsonaro se declara líder de Brasil desde EU, pero Trump prefiere no meterse Día de Muertos: 6 películas para recordar a tus seres queridos en casa

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

El ascensor

Por Mons. Alfonso G. Miranda Guardiola

Hace 2 meses

Piqué el botón del ascensor en el aeropuerto de la CDMX para subir al restaurante y echarme una comidita, antes de tomar el vuelo a Monterrey. 

Pero antes de cerrarse las puertas, entraron corriendo dos desconocidos, con cara de pocos amigos, llenos de tatuajes por todas partes y con gorras negras. 

Yo no supe qué hacer, si salir o quedarme, por lo que todo nervioso le vuelvo a picar al botón, y éste no enciende, y le pico una, dos, tres veces más y nada, y de repente, siento pasar sobre mi hombro una mano que toca el mismo botón, y éste, para mi sorpresa, enciende, y el

elevador empieza a moverse inmediatamente. 

-Por lo visto, yo tengo más amigos que usted allá arriba, dijo sarcásticamente el individuo, al verme vestido con traje clerical. 

-Sin duda amigo, sólo hace falta verlo a la cara, para darse cuenta uno de lo buena gente que es usted, sólo atiné a decir. 

-Cuantas veces necesite ayuda para subir, nomás dígame, agregó con sorna. 

-Aunque lo realmente importante es subir al cielo, amigo, y para eso yo también lo puedo ayudar, le contesté. 

-No se fíe de la buena cara de mi amigo, agregó misteriosamente su compañero, las apariencias engañan. 

La verdad no supe lo que quiso decir, ni tampoco quería averiguarlo. Se me hizo eterno ese momento. 

Y como no queriendo volteé disimuladamente a ver al compañero que acababa de hablar, y me percaté de que era el joven que me había abordado en los pasillos del aeropuerto de Guadalajara, lo reconocí por las palabras en inglés tatuadas en su rostro: Fear God (temor a Dios), por lo que le dije: Hola amigo, nos volvemos a encontrar. 

Y me di cuenta que ahora el que se asustó fue él, lo vi en su mirada. En eso se abre el ascensor, y ahí estaba la gente queriendo entrar, entre ellos dos guardias de seguridad del aeropuerto, por lo que en el acto, sólo alcancé a escuchar: Pélale! 

Los vi salir despavoridos, y en un instante desaparecieron entre la multitud, hacia rumbo desconocido para, sin duda, deambular eternamente por los laberínticos pasillos de los aeropuertos… 

Notas Relacionadas

La Unidad Laguna de la Narro sí hizo historia, tendrán a directora mujer

Hace 52 minutos

Defiende senador Gabriel Elizondo reglas claras para proteger empleos e inversiones en Coahuila

Hace 13 horas

Con aroma a pueblo mágico

Hace 13 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 13 horas

Con aroma a pueblo mágico

Hace 13 horas

Herencia sin testamento

Hace 13 horas

El bot contesta, pero, ¿quién da la cara?