Monclova
Por
Grupo Zócalo
Publicado el martes, 25 de agosto del 2026 a las 04:00
Monclova, Coah.- Yajaira Jiménez tocó su fondo de dolor a los 20 años. A los 18 empezó probando el ‘cristal’ para sentirse aceptada por el grupo con que se juntaba. Con el tiempo su dependencia a esta droga se impuso y entonces se la pasaba consumiendo de día y de noche.
“Yo me sentía miserable, me decía, ya me quiero morir porque así no quiero vivir”, expresa la hoy joven de 24 años, quien decidió quedarse a servir en el ministerio de Cristo Vive, a donde llegó harta de sí misma y convencida de que su vida cambiaría, y así fue.
Aunque nunca intentó quitarse la vida, era una idea que no salía de su cabeza -expresa- sentía mucha culpa al ver sufrir a su mamá, quien como madre soltera se esforzó mucho para darle a ella y a sus dos hermanos una buena vida, y además siempre fue un buen ejemplo para sus hijos.
“Yo me sentía mal porque yo estaba siendo una mala hija para esa madre que se había esforzado tanto.
Yo me veía al espejo y me veía cada vez más flaca y me decía, no puede ser que no pueda dejar de consumir y me sentía cada vez peor, intentaba dejar la droga, y lo más que duraba eran tres días, pero las recaídas eran peor, era mayor el consumo”, recuerda.
Droga solitaria
“Yo empecé a consumir ‘cristal’, pero poco, no era mucho, ya luego me fui haciendo adicta, lo fui aumentando, porque tenía 18 cuando lo probé, luego lo fui consumiendo en fiestas y cuando me hice adicta ya era todos los días el consumo, incluso en las noches no podía dormir porque yo estaba consumiendo todo el día y toda la noche”, explica.
Después sólo consumía, ya era una adicción, ya no era lo que la droga la hacía sentir, el sentimiento de aceptación también pasó y entonces ella sola compraba la sustancia y la consumía a solas, totalmente aislada de amigos y de familia.
“Me afectaba en la convivencia con mi familia, somos una familia muy unida pero yo me apartaba, me aislaba para consumir ‘cristal’, y caía en depresión y me sentía cada día más miserable”, expresa.
En ese entonces ella no estudiaba, sino que trabajaba en una boutique, pero incluso allí salía a la hora de su comida sólo para drogarse, en lugar de comer.
“Y entonces busqué a mi papá y le confesé que era adicta, le dije que quería anexarme, que ya no quería seguir con esta vida”, comparte.
Su papá buscó anexos en Frontera, pero luego él mismo le dijo que mejor no, porque la podían golpear, porque los ingresos no eran voluntarios sino por la fuerza.
‘Cristo Vive’, su salvación
Entonces se enteró de Cristo Vive.
“Supo que era voluntario y gratuito, y le pareció mejor porque me dijo que aquí no me iban a golpear porque es un lugar de puertas abiertas”, expresa.
“Fue así como llegué aquí, no sabía que era cristiano, sólo estaba buscando una salida a mi problema que era mi adicción al ‘cristal’”, agrega.
Convenció a su hermano menor para que también se ingresara. Él empezó desde los 12 años a probar toda serie de drogas, desde marihuana, resistol, thiner y al último el ‘cristal’.
“Cuando empezó a consumir ‘cristal’, pues ya consumíamos juntos”, confiesa.
“Cuando yo vine por primera vez, me dije, quiero cambiar, y le pedí perdón a Dios, y yo veía a las muchachas que estaban aquí y pensaba, yo quiero esa paz que ellas tienen”.
“Pero ese domingo que vine al servicio regresé a mi casa y le pedí a mi hermano que también viniera, le decía que era un buen lugar, él me contestaba que antes muerto que anexado, yo le dije que aquí te hablan bien, inicialmente me dijo que no, pero como quiera yo le alisté su ropa y al final sí se quiso venir, y llegamos juntos el 11 de julio del 2022, él también está recuperado”.
Ella iba por tres meses de rehabilitación, luego por otros tres meses, y al final decidió quedarse “toda su vida” para ayudar a otras mujeres que se encuentran perdidas, así como llegó ella.
“Aquí nosotros les presentamos a Jesús, él es la salvación para todo ser humano, él es el único que te puede hacer completamente libre de las drogas, desde que yo llegué aquí venía por tres meses de rehabilitación, luego dije que seis meses, luego que un año y después decidí quedarme aquí toda mi vida”, abundó.
“Ya estando aquí tú puedes dar esa gracia que recibiste, a las mujeres que llegan les decimos que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, y es el único que las puede salvar, lo único que tú debes hacer es querer cambiar y Jesucristo hace el resto”, enfatizó.
El proceso aquí es de tres meses de recuperación, en este lugar se reeduca a quienes ingresan, con la palabra de Jesucristo, luego se van a casa a hacer su vida, pero ya sin drogas, explica.
Sin embargo, señala que la mayoría de las mujeres que llegan no se quedan, y las que permanecen es porque tienen todo el deseo de cambiar.
“Quien realmente quiere rehabilitarse se queda aquí y quien no, es libre de retirarse, sólo firma su egreso”, precisa.
Y se despide con una invitación:
“Yo sólo les quiero decir que Jesucristo es la salvación para toda mujer que está perdida, que cuando sientes que no hay esperanza, Jesucristo está allí esperándote con los brazos abiertos para ayudarte, él es la respuesta, para que sientas paz en tu corazón”, concluye.
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