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Coahuila

Antepasados de nuestra identidad biológica

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 meses

Españoles y portugueses, como es lógico suponer, encontraron en los habitantes del ahora Saltillo sujetos a la conquista, a individuos calificados como belicosos, pero lo cierto es que ellos sólo defendían su pertenencia contra un grupo de intrusos que repentina e improvisadamente pretenden apropiarse de algo que no era de ellos, de por si los huachichiles que era la etnia propietaria de lo que ahora conocemos como Saltillo, estaban continuamente en guerra con sus vecinos u otros grupos más lejanos, a veces por cosas sin importancia, pero ahora sí tenía un motivo, pues “su casa” de pronto fue invadida por gente extraña, sujetos que jamás habían visto en el área, y menos a bordo de los caballos, toda una novedad, pues ellos vestían rudimentariamente, casi desnudos. Las partes nobles las cubría con un pedazo de piel de cualquier animal, prenda a la que los conquistadores denominaron “taparrabos”, que no sólo cubrían los rabos, sin el frente de los aborígenes.

Los huachichiles, los rayados o borrados, propietarios del valle, eran tipos que no rebasaban el 1.65 de estatura, magros, erguidos, de una gran capacidad torácica, brazos largos y musculosos, cráneo “dolicocéfalo”. Un cráneo dolicocéfalo (de forma alargada y estrecha, donde la longitud (de adelante hacia atrás) es mayor que el ancho (de un lado a otro), con la frente ligeramente deprimida, su piel era bronceada un poco oscura, facciones no mongoloides, cabello grueso y negro (Rubín de la Borbolla).

Eran seminómadas con campamentos como base de sus expediciones. Vivían de la recolección de raíces y frutos propios de la región, así como de la caza y esporádicamente de la pesca. Sus viviendas eran pequeñas chozas cónicas, hechas con ramas, zacate y barro, generalmente en semi círculo y en medio el fuego y un lugar especial para sus ceremonias y festividades; sus armas esencialmente eran el clásico arco y la flecha —de cuyo armamento eran muy diestros— pero también utilizaban cuchillo; lanza para la caza mayor.

Su indumentaria era de trozos de piel o tejidos de fibras, usaban sandalias para protegerse de las espinas y guijarros. El pelo largo y recortado en la frente y para evitar que el viento les cubriera la cara o para mantener fijo el pelo, utilizaban una franja o tira de piel. Se pintaba la cara y el cuerpo y a veces también el cabello.

La mujer con el torso descubierto, solía ceñirse el famoso taparrabos, un poco más largo que el de los varones, aunque en algunas festividades usaban otro tipo de prendas bordadas, con caracoles colgando, piedrezuelas o carrizos para hacerlos sonar mientras caminaban o bailaban en los eventos de la propia tribu.

Los huachichiles eran los dueños de una extensa área que comprendía desde la parte sur de la meseta del Ojo de Agua hasta la Mesa de Arizpe, Las Nogaleras y la colonia Buena Vista, colindandante con los ahora terrenos de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro; las márgenes del Arroyo del Pueblo, cerros, valles y cañadas circunvecinas hasta llegar a General Cepeda. Los Borrados o Rayados ocupaban la parte baja del valle al oriente y norte, sus arroyos, las márgenes de las ciénegas, en una zona comprendida por lo que ahora es el municipio de Arteaga, la sierra que adopta el nombre, en honor al gran jefe indio Zapalinamé, así como Ramos Arizpe y toda la región montañosa al norte noroeste de la ciudad de Saltillo.

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