Saltillo

Publicado el lunes, 31 de agosto del 2026 a las 08:00
Saltillo.– Cuando cae la noche, entre matorrales, árboles y rincones donde el concreto todavía no termina de imponerse sobre la tierra, diminutos destellos rompen la oscuridad.
Se encienden. Se apagan. Vuelven a aparecer unos metros más allá. Son luciérnagas.
Para quien tiene la fortuna de encontrarlas, el espectáculo puede durar apenas unos minutos. Para algunos representan un recuerdo de infancia; para otros, una rareza en una ciudad enclavada en una región semidesértica. Pero para los especialistas, esas pequeñas luces cuentan una historia mucho más profunda.
Las luciérnagas que todavía aparecen en Saltillo son una señal de que, pese al crecimiento de la mancha urbana, la transformación del suelo y la contaminación lumínica, aún sobreviven espacios con las condiciones necesarias para sostenerlas.
Su presencia depende de humedad, vegetación, suelos adecuados y oscuridad. Por eso, más que un espectáculo de la naturaleza, pueden convertirse en una especie de termómetro de la salud ambiental de la ciudad… Y su ausencia también puede ser un mensaje.
“ El hecho de que estén y que las sigamos viendo quiere decir que todavía hay condiciones ambientales favorables para que se sigan desarrollando, resumió Luis Alberto Aguirre Uribe, doctor en Entomología, maestro investigador de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN).

Pero inmediatamente lanzó una advertencia:
“
A lo mejor no las vamos a ver en las cantidades que solíamos verlas
No son moscas: son escarabajos que hablan con luz.
Detrás del destello que fascina a niños y adultos existe un complejo proceso biológico.
Las luciérnagas pertenecen a la familia Lampyridae y, aunque su nombre pudiera sugerir lo contrario, se trata de escarabajos.
Aguirre Uribe explicó que los segmentos finales de su abdomen son los responsables de generar la característica luz que las distingue. Pero esa luminosidad no está hecha para maravillar a los humanos: es fundamental para su reproducción.
Los adultos tienen hábitos crepusculares y nocturnos. Durante ese periodo ocurre el apareamiento y las señales luminosas participan en la comunicación entre individuos.
“ También se dice que la velocidad del prendido y apagado de estos segmentos sirve para llamar al sexo opuesto; por eso es que la imagen, cuando las vemos, no es una luz sincronizada, sino que cada una tiene su ritmo, incluso su intensidad, explicó el investigador.
La vida luminosa que observamos es apenas una parte de su existencia. Su historia comienza bajo nuestros pies.

Los estados inmaduros se desarrollan en el suelo y posteriormente pasan por una etapa de pupa, durante la cual ocurre la metamorfosis que dará origen al adulto. Entonces emergen y comienza la etapa en la que finalmente podemos observarlas volando entre la vegetación. Tras el apareamiento, la hembra deposita nuevamente los huevecillos en el suelo y el ciclo vuelve a comenzar.
Por eso, para que una luciérnaga ilumine una noche de verano primero tuvo que existir un suelo capaz de albergarla. Y ahí comienza la verdadera historia ambiental.
Saltillo y su entorno recibieron durante 2026 lluvias que favorecieron el crecimiento de vegetación y la disponibilidad de alimento, condiciones que benefician a numerosas especies de insectos.
“ La lluvia hace que haya más vegetación; entonces las especies tienen qué comer. Si hay alimento suficiente, las poblaciones van a crecer”, explicó Aguirre Uribe.
La relación entre lluvias y recuperación de fauna no se limita a las luciérnagas. Durante julio, Protección de la Fauna Mexicana reportó también un incremento de avistamientos de fauna en la sierra de Zapalinamé asociado con las precipitaciones, mayor disponibilidad de agua y recuperación de vegetación.
Para las luciérnagas, la humedad del suelo es especialmente importante porque buena parte de su desarrollo ocurre ahí.
Esto explica también por qué existen años en los que parecen multiplicarse y otros en los que apenas se observan.
Si el próximo año las lluvias fueran menores, Aguirre Uribe considera que no necesariamente desaparecerían.
“ Las vamos a seguir viendo, pero no en poblaciones como la estamos viendo este año”, señaló.
Aquí es donde el destello deja de ser solamente bonito. Ernesto Ortega, biólogo con 22 años de experiencia en consultoría ambiental en proyectos de desarrollo y conservación, explicó que las luciérnagas pueden funcionar como bioindicadores, organismos cuya presencia permite conocer determinadas condiciones del ecosistema.
“ Requieren humedad, humedad en el ambiente, humedad en el suelo […] requieren suelos sanos, son muy sensibles a los químicos”, detalló.
“ Pero necesitan algo más. Oscuridad
“ Se presentan en sitios con características de ambientes muy limpios, muy sanos”, afirmó.
La ecuación parece sencilla: para observarlas deben coincidir diferentes factores ambientales.
Debe existir suelo donde puedan completar parte de su ciclo, debe haber vegetación, tiene que conservarse humedad y deben reducirse ciertas perturbaciones químicas.
Y, cuando llega el momento de reproducirse, necesitan oscuridad suficiente para que sus señales luminosas puedan cumplir su función.
Por ello, encontrar luciérnagas dentro de una ciudad adquiere otra dimensión.
Ortega señaló que en el sitio de Saltillo donde se realizó parte de la observación todavía existe un cauce intermitente y condiciones que permiten mantener diversidad vegetal y animal.
“ Nos indica que este es un ecosistema sano”, afirmó.
Así, cada pequeña luz funciona como una pista.
No significa que toda la ciudad se encuentre ambientalmente intacta, sino que en determinados puntos todavía sobreviven las condiciones que estos insectos necesitan.
La ausencia puede resultar incluso más reveladora que la presencia.
Para Ortega, perder especies bioindicadoras puede convertirse en una alerta temprana de que algo comenzó a romperse.
“
Perderlas significaría perder una especie ícono que tenemos, hasta una especie que permite el balance y que nos indica la cuestión de los ecosistemas.
“
Estas especies bioindicadoras, cuando desaparecen, también cumplen la función de indicarnos que ese ecosistema donde se encontraban ha perdido el estado prístino o puro que tenía y ya hay presencia de factores externos
Por lo que la desaparición de las luciérnagas, entonces, no comenzaría el día en que dejáramos de verlas. Para ese momento, posiblemente otros cambios ya habrían ocurrido.
Nuevos fraccionamientos, vialidades, comercios e industrias ocupan terrenos que antes eran espacios abiertos.
La expansión es inherente al desarrollo de una ciudad, pero ambientalmente tiene consecuencias.
Aguirre Uribe explicó que al retirar vegetación también se eliminan las condiciones que algunas especies necesitan para permanecer en determinado lugar.
“ En el caso de acá, pues obviamente hay menos luciérnagas porque le estamos quitando su vegetación”, señaló.
No significa necesariamente que cada población desaparezca.
“
Pueden migrar a otras regiones donde las condiciones ambientales, las condiciones ecológicas sean favorables para su desarrollo
Incluso planteó que podrían desplazarse fuera de la mancha urbana hacia zonas sin urbanizar o hacia la región de Arteaga.
El fenómeno forma parte de una presión ambiental más amplia ya documentada en Saltillo: especialistas han advertido que la expansión urbana desplaza fauna al eliminar o modificar su hábitat.
Para Ortega, el problema se vuelve todavía más complejo cuando la urbanización fragmenta un ecosistema.
Donde antes existía tierra capaz de absorber agua aparece asfalto. La lluvia que anteriormente infiltraba al subsuelo ahora escurre. A eso se agregan carreteras, ruido, vehículos, iluminación y cambios en la calidad ambiental.

“ Había áreas verdes donde había ciertas especies y puede ser que desaparezcan”, explicó.
Y algunas transformaciones pueden ser irreversibles.
“ Muchas de las veces ya no es posible recuperarlos porque, a pesar de haber un área natural, hay otros factores como vías de comunicación cercanas, iluminación […] ruido, iluminación, la calidad del aire ya no es óptima al pasar vehículos”, advirtió.
De ahí, señaló, la importancia de que Saltillo defina claramente qué zonas pueden destinarse al crecimiento residencial e industrial y cuáles deben mantener una vocación de conservación.
Frente al crecimiento urbano, la modificación del suelo, las sequías y una ciudad que cada noche ilumina más territorio, podría parecer que el destino está escrito, sin embargo, Ortega rechaza esa conclusión:
“
Siempre estamos a tiempo, siempre hay que empezar porque si no, en lo poco que tenemos, pues nada nos va a quedar
Proteger áreas naturales y verdes, conservar vegetación nativa, permitir la infiltración del agua, reducir el uso innecesario de químicos y diseñar de manera responsable la iluminación son acciones que pueden ayudar a mantener las condiciones que necesitan estos y muchos otros organismos.
Porque conservar una luciérnaga no significa proteger únicamente un insecto, significa conservar el suelo donde pasó buena parte de su vida: la vegetación que le permitió alimentarse, la humedad que hizo posible su desarrollo. Y la oscuridad que necesitó para encontrar a otra de su especie.
Hay otra transformación que ocurre cada noche y es mucho menos evidente…
Calles, avenidas, anuncios, viviendas, estacionamientos, industrias y comercios convierten la noche en una prolongación artificial del día.
Juan Armando Fernández Ávila, presidente de la comunidad astronómica Ad Astra y divulgador de astronomía desde hace dos décadas, define la contaminación lumínica como la perturbación humana de la oscuridad natural mediante luz artificial excesiva o incorrectamente instalada. Basta observar Saltillo desde cierta distancia para encontrar una de sus manifestaciones.
“
Cuando vean el cielo van a ver así como un domo blanco […] es precisamente una perturbación que no debería existir
explicó. Para los astrónomos significa perder estrellas para diferentes especies animales, puede significar mucho más. Fernández Ávila explicó que la iluminación nocturna artificial puede modificar patrones de orientación y comportamiento de la fauna.
“
Puede afectar la forma en que interactúan entre ellos, la forma en que encuentran a sus parejas o la forma en que se van a reproducir
señaló. Para un insecto que precisamente utiliza la luz para comunicarse con su pareja, conservar la oscuridad adquiere especial relevancia.
Ernesto Ortega, biólogo, lo resume desde la biología:
“
Requieren una oscuridad profunda, sobre todo para poder aparearse […] cuando tenemos luces urbanas, luces externas en un lugar, interrumpe estos procesos
La paradoja es inevitable. Mientras la ciudad enciende más luces, las pequeñas luces naturales tienen que competir para poder encontrarse. No se trata de apagar Saltillo, la solución, aclara Juan Armando Fernández Ávila, tampoco consiste en dejar las calles a oscuras, más bien, utilizar tonalidades más cálidas, orientar correctamente las luminarias hacia el suelo, evitar que la luz se disperse innecesariamente hacia el cielo y colocar iluminación sólo donde verdaderamente se necesita.

La oscuridad y la urbanización son sólo una parte de la ecuación, el agua completa el escenario:
Ernesto Ortega recordó que los ciclos de lluvia y sequía han cambiado y que los periodos secos pueden prolongarse, una condición especialmente importante para organismos dependientes de humedad.
“ Esto puede afectar el crecimiento, el desarrollo de estas especies”, señaló.
De acuerdo con el especialista, existen registros de larvas de luciérnagas capaces de permanecer largos periodos a la espera de condiciones adecuadas.
“
Pueden ser resilientes, pero hasta qué punto no se sabe
La abundancia observada después de un periodo favorable de lluvias, por tanto, tampoco garantiza que las poblaciones permanecerán iguales en los años siguientes.
Notas Relacionadas
Hace 3 horas
Hace 3 horas
Hace 5 horas
Más sobre esta sección Más en ZocaloApp-home2
Hace 7 horas
Hace 10 horas
Hace 10 horas
Hace 11 horas
Hace 11 horas
Hace 12 horas
Hace 12 horas
Hace 17 horas
Hace 17 horas
Hace 22 horas
Hace 23 horas
Hace 1 dia